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Heavies tendres: primeras impresiones

posted by Omar Little 6 febrero, 2018 0 comments

Heavies tendres

Desde su estreno en 2009 Arròs covat se convirtió  en serie de cabecera para los telespectadores que se dejaron impregnar por las crisis sentimentales y existenciales de Xavi Masdéu, ese diseñador gráfico de rostro incompleto que entra en parada crítica existencial cuando cumple los treinta y se separa de su novia de toda su vida. Aunque a su autor le ruboricé cada vez que se le menciona, Arròs Covat fue una cónica atinada del latir de la Barcelona moderna antes de la crisis económica, aunque, igualmente, precarizada y desorientada. Pese al simplificado trazo que caracteriza el estilo del ilustrador, a lo largo de tres temporadas consiguieron pegare en la epidermis del espectador despertando en este un amplio abanico de emociones a través de cables empáticos, de mayor enganche a mayor proximidad con las vicisitudes de su protagonista.

Nueve años después aterriza (el pasado domingo por la noche en el Canal 33) el primer capítulo de la nueva serie de Juanjo Sáez. Un Heavies tendres que puede presentarse como secuela espiritual del  encariñado producto. Aunque en realidad  estariamos ante su precuela, ya que aquí se abandona ese periodo no universal del peterpanismo para afrontar otro goloso trance vital, el paso por la pubertad, o el cómo deshacerse de las ataduras inocentes para dar paso a los estadios emocionales más intensos y definitorios de nuestra existencia. Ahí es donde fija su mapa dramático la nueva creación del barcelonés y lo hace estructurada bajo la amistad de dos heviatas de la Sagrera en la Barcelona pre-olímpica, dos amigos que comparten su pasión por la música de Iron Maiden, Manowar, Metallica, Judas Priest y compañía: la música como refugio a los sinsabores propios del primer dibujo identitario del ser humano sin la influencia de los padres, sino la de los colegas, el instituto, e incluso, los profesores o la calle.

Bajo esas coordenadas, con un carácter autobiográfico evidente (uno de los personajes es el propio Juanjo Sáez), la serie traza, ya desde el primer capítulo, una sentida y medida andadura sentimental por esos estadios intensos asociados a la edad del acné. Y lo hace con los mínimos elementos con los que ya dieron en la diana con la serie precedente. El trazo sencillo, que no simplista, en el que poco importan que los personajes no tengan apenas rostro, una banda sonora que potencia la emoción que brota de las imágenes, una voz en off brillante y bien encajada, las tramas y situaciones ingeniadas por guionistas e ilustradores que rezuman veracidad y ese tono autobiográfico y agridulce que caracteriza el grueso de la obra de Sáez.

Puede que suene apresurado, pero lo visto  con la primera dosis, anticipa un cargamento de ficción de alto vuelo emocional. Quien sabe incluso si Juanjo y Miquel podrán hacernos olvidar a Xavi Masdéu, de momento, su presentación ha puesto unos cimientos de hormigón.

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