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Juego de tronos: Review 6×9 “Battle of the Bastards”

posted by Omar Little 20 Junio, 2016 0 comments

Juego de tronos 6x9

El número 9. El número de la magia. El que nos reconforta con todo lo que hace grande e imprescindible a esta serie. El marcado a fuego. El que hace trabajar a tatuadores del mundo a destajo. Era previsible volver a surcar los cielos, pero nadie podía intuir que “Battle of the Bastards” podría mirar de tú a tú a “Danza de dragones” o “La boda roja”, porque sí, el noveno de la sexta pasa a engrosar la lista de episodios históricos de la serie, y por ende, de la televisión.

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Los vientos de batalla no han tardado ni un frame en traer lo que todo aficionado a la serie de la HBO celebra sobre esta. Ha sido en Meereen, donde el asedio naval de los antiguos amos ha llevado a il consigliere enano y a la recién llegada reina de los dragones a trazar un plan de guerra. Tras reunirse con el tridente de los amos en lo que parecía una rendición del bando Daenerys, y tras escuchar los términos impuestos por estos, la reina de los dragones ha cambiado las tornas con la liturgia épica que le gusta marcarse. Primero señalando que están a ir reunidos para imponer ellos las condiciones de la rendición a los otros tres, y cuando la risa tonta empezaba a apoderarse de estos, llamar a escena el dragón al que se ha subido para cambiar el signo de la batalla librándose en Meereen.

Contienda capturada con todo lujo de detalle CGI, las tomas aéreas de los dragones y la diminuta Daenerys a sus lomos reconquistando la ciudad y terminando con la flota naval ha sido un goce para la vista a la altura de ver llegar la caballería de Khales para cortar cabezas.

Con ese frente asegurado, la serie se ha desplazado al segundo campo de batalla, la lucha por Invernalia entre los dos bastardos. En un juego dialéctico de lo más brillante, Jon y Ramsay se han visto las caras por primera vez con la intención de intentar negociar una salida sin muerte, aunque en el fondo prevalece la idea de la contienda dialéctica previa al enfrentamiento. Un combate, el verbal, que Jon ha ganado cuando ha invitado a su contrincante a solucionar la contienda con un duelo entre ellos dos, y al negarse el Bolton le ha puesto una duda aplastante sobre su cuerpo: “Si no eres capaz de luchar por tus hombres, que te hace creer que ellos lo harán por ti”. Ramsay Bolton con su risa de hiena se ha plegado ante la evidencia de su superioridad en el resucitado. Quien no estaba para hostias era Sansa quien ha dejado a caballo la comitiva pre-guerra para señalar a su antiguo captor que durmiese bien, que por la mañana ya estaría muerto.

Luego la acción se ha trasladado al campamento de los Stark y salvajes, quienes se han reunido trazar un mínimo plan para la decisiva batalla de la mañana. Reunión en la que además Lady Sansa se ha visto ofendida al no contar con su opinión para derrotar al Bolton, al final, su papel se reduce en expresar en palabras lo obvio, que Ramsay es un hijo de perra enfermizo y recomendarle a su hermano que no se deje arrastrar por sus trampas.

Mientras en Meereen, con la situación ya decidida, la reina y el il consigliere han recibido la vista de Theon y su hermana para sellar una nueva e importante alianza de cara a la conquista del trono de los siete reinos.  A cambio de disponer de su abundante flota naval, ella les ayudará a ajusticiar a su tío y recuperar para ellos el trono de la Isla de hierro.

De vuelta al norte los minutos más gustosos de la temporada y de la serie. Una batalla que ha empezado con la carta sádica que se guardaba Bolton para enseñar la clase de despojo que es y a la vez, poner en apuros a Snow ya con el primer flechaz. Y lo ha hecho con un juego macabro con el prisionero de sangre Stark, quien tras liberarlo en el campo de batalla, lo ha hecho correr (¡¿en línea recta?!) hacia las filas del ejército de su hermano, mientras él con un arco intentaba impedirlo el reencuentro. Alerta con la situación, Jon se ha lanzado a caballo para inteceptarlo, y cuando más cerca han estado de fundirse en un abrazo a vida o muerte, una flecha en plena aorta ha terminado con la vida de Rickon Stark. Con Snow enrabiado, dolido y separado de sus tropas,  ha empezado la batalla más cruenta y épica que se recuerda desde Braveheart.

Primero ha sido el turno de la caballería, siempre bajo la lluvia de flechas de los Bolton que inflijen daño a las tropas de Snow…pero también a las suyas propias. Ser Davos al mando de los arqueros de Snow se ha mostrado más prudente, hasta que cansado de perder el tiempo, ha decidido unirse también a la batalla del cuerpo a cuerpo. Una batalla salvaje, épica y realista, donde el hombre del partido era un Snow desatado perforando mallas y amputando miembros. Sin embargo bajo el fragor de la batalla uno no era del todo consciente del resultado, hasta que las tropas de Bolton han cercado a las de Snow bajo una modalidad de batalla que mi escasa jerga militar me impide darle su nombre, pero que básicamente ha consistido en ir reduciendo el espacio entre las piquetas de los Bolton y las supervivientes de los de Snow. En esa situación tensa y desesperada, en la que el gigante era el único capaz de hacer algo de daño a esa formación militar tan dañina e insorteable, se han vivido los peores momentos de angustia, cuando en el retroceso obligado hacia la montaña de cadáveres, Snow se ha visto atrapado en el heysel producido, pisado por los suyos, y casi ahogado, haciendo creer que su segunda muerte sería de lo más deshonrosa e inútil, aplastado por sus propios hombres. Por suerte, los guionistas, en un acto de piedad, lo han sacado de ahí a fuerza de héroe, y a su vez, han decidido cambiar esas tornas asfixiantes con la llegada de las tropas de de Littlefinger, la alianza que Sansa había mantenido en secreto para dar ese golpe de gracia definitivo a una batalla que tenían perdida. Viendo que el viento ya no era favorable, Bolton se ha escondido como una rata en su castillo, pero no han transcurrido ni 5 segundos, cuando Snow, el salvaje más afín y el gigante se han colado en su fortaleza para terminar con los últimos traidores y dar la paliza de su vida al segundo Bolton más odiado del planeta, justo después de que este se hubiera cargado a un gigante convertido en un enorme queso gruyere, apaleado por todos al ser el guerrero más visible para todos, pero también, en el hombre del partido…y con diferencia.

Ya  a modo de epílogo, Sansa se ha curado algunas heridas, cuando los perros famélicos de Bolton han empezado a comerse a su amo sin piedad alguna, y bajo los gritos del sádico siendo devorado por las presas que el mismo había puesto en huelga de hambre para que disfrutaran con el banquete Stark, Sansa se ha ido con una sonrisa que marcaba la madurez y la nueva faceta de la Stark. La chica se nos ha hecho grande, de todas todas.

Punto final para una batalla espectacular, que en lugar de un CGI aparatoso ha optado por regocijarse en el cuerpo a cuerpo, en el caos frenético de la batalla, en esa lucha encarnizada de alto realismo, en la violencia sin control. Y sin la necesidad de muertes sonadas, más allá de la de Rick y el gigante máquina de matar, el capítulo ha entregado dosis sobradas de tensión, angustia, pena y gloria final. Minutos apoteósicos con dos batallas que pueden vacilar al 99% de los filmes de acción medieval o no medieval. Pura acción y puro espectáculo para otro capítulo histórico de la serie.

 

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