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Las 10 mejores series de 2017

posted by Omar Little 31 diciembre, 2017 0 comments

Charles Manson

Los últimos doces meses nos los hemos pasado en el sofá consumiendo ingestas insalubres de televisión mientras se esperaba la llegada de esa profecía que pronostica el fin de la tercera edad de oro. Llegados al último día del año parece que la cosecha de 2017 ha terminado por volver a achantar a Nostradamus  de turno a través de un cargamento que ha endulzado pupilas y todas las conexiones posteriores hasta su almacenamiento en el cerebro.

Lejos de estancarse, o de disminuir, la oferta televisiva ha seguido erguida suministrando horas y horas de ficción de calidad y autoral. Y esta ha sido quizá la única tara: la competencia feroz entre las plataformas que copan el mercado de la droga televisiva ha potenciado sus engranajes de producción haciendo completamente inabarcable la cata de toda la mercancía descargada. Una peligrosa saturación que amenaza no solo ya agendas y compromisos de mujeres y hombres de bien, sino la salud mental de aquellos que intentamos facilitar la elección atinada. Sin ir más lejos, a este servidor (y que sirva esto ya como excusa para los haters que se amontonen en la sección de comentarios) se le han escapado productos significativos como Big Little Lies, She’s Gotta Have it, Broken, Narcos, Strangers Things,  mientras que ha dejado pasar al no convencerle las primeras dosis: Dark, Manhunt: Unabomber; y aún le falta por terminar  Feud, Babylon Berlin y Top of the Lake: China Girl.

Aunque por encima de inconveniencias de consumo y desajustes horarios, 2017 quedará grabado en los libros de historia por la zona de devastación causada por el retorno más sonado y esperado para los que descubrimos que la televisión también podía influir en nuestra vida. David Lynch elevó y enriqueció, por enésima vez, el significado de creador total. Los que miraban con recelo la vuelta de Twin Peaks no pudieron más que hacerse un ovillo con su escepticismo desde los primeros compases de una obra revolucionaria, un nuevo golpe regenerador en el tapete de la ficción televisiva, en definitiva, otra implosión de las barreras narrativas tanto en la caja lista como en el séptimo arte. Siendo tan alargado su efecto, su posición en el TOP que sigue no admitía discusión alguna (y me imagino que para nadie esto será un spoiler).

El ejercicio que hoy cerramos también ha sido el de la emancipación de la ficción española. La entrada de Movistar y su ambiciosa factoría nos ha dejado dos productos que ya no se contentan con aumentar el nivel de la ficción nacional, sino que se atreven a competir con las mejores producciones internacionales como constata su inclusión – que compartan posición no es más que una solución para incluir las dos y evitar así el quebradero de cabeza que supone elegir una – en esta lista. Movistar + ha desembarcado para codearse con los grandes centros logísticos de la ficción europea. Y eso no puede sino recibirse como una grata noticia.

Dicho esto, saltemos a las ficciones que más nos han secuestrado el intelecto y la piel en 2017.

10. Legion (FX)

Legion

Un producto que se atrevía a acercarse al manido mundillo de los superhéroes para salirse con un relato descontrolado, saturado, excesivo, sí, pero altamente refrescante y fascinante,  donde el protagonista lidia con su propia psique esquizoide en un flipante universo psicotrópico que parece ideado por el propio Syd Barret (no faltan referencias al universo sixtie) merecía su inclusión aquí. Una dicotomía entre realidad y fantasía, entre cordura y locura que establecería el tejido argumental de toda su primera temporada. Además de un envoltorio alucinante (y alucinado), sin nada que envidiar a producciones hollywoodienses, Legión se desmarcó  por una trama laberíntica, en algunas ocasiones de difícil digestión, y con algún altibajo, pero insertada en ese absorto universo mutante donde se cruza Marvel con el swinging london, el recorrido argumental desquiciado con píldoras de arrebato visual. Una explosión desatada de inputs que llevan hasta el sofoco, todo aliñado con easter eggs a mansalva, y guiños a Utopia,  Community, American Horror Story, Kubrick, Pink Floyd, y a todo lo que quepa en esta batidora pop de efectos inmediatos y nada pasajeros. Un producto novedoso, irradiado por aguas refrescantes y que ponía a su principal valedor, Noah Hawley, entre los showrunners más fiables e interesantes del presente.

9. La zona/Vergüenza (Movistar +)

la zona/verguenza

Movistar ha abierto la compuerta de la ficción propia con dos series que se encuentran entre los más selecto y granado del curso. Dos dosis antagónicas que sin embargo fijan la brújula de calidad que la plataforma española quiere imprimir para competir con las despensas de las plataformas yanquis. En la parcela dramática, como un policíaco colindante con el melodrama familiar, el drama ecológico y el thriller apocalíptico y rural, los hermanos Cabezudo volvieron a poner su nombre en los libros de historia de la ficción española con la edificación de La zona, un ejercicio ambicioso, cubierto por una factura cinematográfica impecable y reforzado con actuaciones que erradicaban cualquier sentimiento de inferioridad respecto a productos similares de fuera de nuestras fronteras.

Al otro lado del espectro, encarrilada en la comedia, Juan Cavestany y Álvaro Fernández-Armero pueden alardear de haber parido los instantes más hilarantes de la comedia española circa 2017. Con Vergüenza no solo han superado el trauma de la sitcom española, sino que han puesto las cajas torácicas a prueba de un humor incómodo generado por esta pareja de seres patéticos envueltos en las situaciones más disparatadas y calamitosas que uno pueda imaginarse. La ristra es tan amplia que cuesta quedarse con sucesiones de risotadas, pero la cata de vino y las clases de inglés estarían en ese podium de trabada elección. Una comedia de humor punzante, incorrecto, corrosivo, en la mejor línea de Ricky Gervais y correspondido con las magistrales interpretaciones de Malena Alterio y un superlativo Javier Gutiérrez. Una vergüenza ajena de puro descojone.

8. Godless (Netflix)

Godless

Llegó prácticamente a hurtadillas, por la puerta pequeña en el último tramo del año, pero pronto este western de Netflix se destapó como una de las gran tapadas de la temporada. Además de su manifiesta voluntad por epatar con las conciencias y reivindicaciones del presente, y ponerse en la solapa la medalla como primer western  de vocación feminista, Godless se reivindica en el mapa seriéfilo del 2017 por mucho más que su favorable impronta contextual en los tiempos presentes. Una compleja trama nutrida por distintos relatos en paralelo, o insertadas mediante flashbacks, una factura impecable que recupera el savoir clásico rebuscando en el espectro más amplio del género (de Ford a Leone, y guiños a Sin PerdónBailando con lobos y Valor de ley), actores sobresalientes y un ritmo prodigioso, pese a los capítulos dilatados hasta la hora de duración o la hora y poco, hicieron de esta miniserie una renovadora del género y, probablemente, puerta de entrada gratificante para aquellos que temen el polvo, los salones y los revólveres. Sin llegar al nivel del canon impuesto por la excepcional Deadwood, Godless perdurará como una de las mejores muestras recientes del género por el que galopa, y quedará ligada a ese fondo moderno que la distingue como pieza única en su parcela.

7. Girls (HBO/Movistar +)

Girls temporada 6

La criatura de seis años no tuvo la despedida más soñada – más perenne en la memoria resulta el recorrido de otras temporadas – pero es innegable la huella (también emocional) que Lena Dunham y sus amigas han dejado en la cultura popular reciente. La temporada del cierre centró el foco en la temida madurez, en ese salto sin arneses y de difícil, o imposible retorno, con la que las cuatro protagonistas han ido chocando y salido despedidas como si se tratara de una pared de hormigón. Ante el difícil muro, solo cabía esperar un salto radical, un paso rotundo y decisivo como el que toma Hannah. De ahí la coherencia sin fisuras con la trayectoria vital de cuatro personajes que han formado parte de nuestro propio aprendizaje emocional en los derroteros por la edad adulta (aunque  las edades no coincidieran).  En su última temporada Girls aflojó su vertiente cómica para dar cancha a un retrato fidedigno y atinado de los malestares emocionales de una generación abonada al hedonismo y la desorientación. Y en ese sentido, la serie de Dunham se fue igual de impecable que como llegó, como un acertado y divertido retrato de una parte de la generación millennial.

6. This is England 90 (Channel 4/Filmin)

This is England 90

Otra serie a la que nos hemos acoplado sentimentalmente durante su recorrido por distintos períodos es un This is England, que como la mencionada arriba, ponía el ojo en el difícil, y a veces amargo, tránsito a la madurez. La propuesta de Shane Meadows, siempre moviéndose por las experiencias vitales de ese grupo de amigos de la clase obrera a través de la era Thatcher y el post-Thatcherismo, ahondaba de nuevo en un tono más dramático, con su característico enfoque social que le permitía visualizar la drogadicción, la paternidad, los dramas familiares, las rencillas  y expiaciones varias de personajes de una vitalidad marcada por la crudeza de su entorno. De nuevo un imperioso retrato de una generación juvenil abocada a alejarse de la esfera hedonista cuando los sinsabores de la edad adulta llaman con insistencia a la puerta. Un segundo verano del amor desfigurado por el drama, la amargura y los compromisos de una pandilla sin igual, a la que el espectador, y el telespectador, lleva años adherido a su kilometraje por las estaciones de la vida

5. Transparent (Amazon/Movistar +)

Transparent 4x02

La próxima temporada de Transparent se llena de incógnitas poco alentadoras tras las praxis sexuales denunciables protagonizadas por Jeffrey Tambor y la marcha de su alma mater,Jill Soloway, quien pasará a ocuparse  de su otra cirtuara en Amazon (I love Dick) a tiempo completo. Pase lo que pase – todo parece indicar que nada bueno – Transparent se marcó otra temporada para el álbum familiar. La ficción de Solloway volvió a apropiarse del género dramedy para llevarlo a los estadios más intensos. Un carrusel de risas acompañdo por rafágas dramáticas y melancólicas tratadas desde ese enfoque peculiar que la distingue de sitcoms similares. La familia disfuncional más entrañable de América se embarcó en un viaje delirante por Israel, acercando la serie a sus postulados políticos más críticos y acentuados hasta la fecha. Pero lejos de quedar atrapada en estos, el producto norteamericano volvió a sobresalir con esa sensibilidad característica, ese subtexto que brota a través de unos diálogos chispeantes e ingeniosos, mediante la articulación de unos personajes tratados con preciado mimo. Una serie que, mediante su exploración de valores universales a través de las intríngulis familiares, conecta con el linaje familiar de cada espectador por mucho que la distancia con sus personajes sea abismal. Porque consumir Transparent, desde el mismo arranque de sus magnéticos y hermosos títulos de crédito, es ser abnegado por un tsunami de emociones con una sonrisa vitalicia a cuestas.

4. The Deuce (HBO)

The Deuce HBO

El Emile Zola de la televisión le dió por lanzar su última muestra de análisis sobre la Nueva York canalla y peligrosa de los años 70, en concreto sobre las inmediaciones de Times Square durante el despegue y explosión de la industria del porno, cuando aquello era un mercado de la carne sin control. Con tamaña presentación, bajo el amparo de HBO y el habitual elenco de lujo al que atrae la mera pronunciación de su apellido, era inconcebible un producto fallido. Tal y como ha resultado siendo.  La primera temporada The Deuce se erige como una radiografía social de un microuniverso abonado a una fascinación prodigiosa. Un estudio pormenorizado sobre las conductas humanas en este laboratorio simonesco recreado con la habitual perfección y aprecio por los detalles. Dos (que son tres) grandes personajes – enormes Maggie Gyllenhaal y James Franco en sus respectivos roles – como guías de lujo para recorrer las malas calles de un cosmos que es la pura representación del capitalismo desmedido, salvaje y sin ataduras que tanto ha quitado el sueño a su autor. La ficción televisiva social tiene espacio en HBO y no entiende de moralinas ni bostezos…al contrario.

3. Better Call Saul (AMC/Movistar +)

Better Call Saul Temporada 3

¿Puede el hermano menor plantar cara al mayor? Y no, no me refiero al enfrentamiento entre Abel y Caín que ha marcado la producción de Vince Gilligan y Peter Gould, y que esta temporada tuvo su cénit en un final desgarrador, sino en la posibilidad de que el spin off mejore el producto original. Realmente complicado cuando la fuente primeriza es una de las mejores series del siglo actual, pero Better Call Saul crece a pasos agigantados, y en esta tercera temporada, en su habitual cruce de comicidad y puro cine negro al estilo de la original, ha demostrado que no está tan lejos de alcanzar la altura de Breaking Bad. Capítulos electrizantes, diálogos dignos de ser mecanografiados con la sangre de las palmas de la mano tras ovación cerrada, situaciones disparatadas, y ese ingenio omnipresente, y esa forma de filmar, que nos abdució con tanto ímpetu en tiempos no tan lejanos. Saul Goodman lleva tiempo llamando con insistencia al panteón de los personajes televisivos. Esta temporada, con su historia de fraudes y picaresca diseñada para abuelitas indefensas, y el enfrentamiento sin cuartel entre hermanos, ha sumado muchos votos para su inclusión en el Hall of Fame.

2. Mindhunter (Netflix)

Mindhunter Edmund Kemper

La exquisitez de la temporada la sirvió Joe Penhall con la inestimable ayuda de un David Fincher que configuró la identidad visual y autoral desde la primera sacudida retinal, esa inmejorable abertura. Ataviada con unos ropajes que incidían en la sequedad ocular, y poseídos por el espíritu Zodiac, Mindhunter aportó el caviar televisivo que se le exigía a la factoría desmedida de Netflix. Y lo hacía mediante un thriller de tensión descomprimida, sin tramos, ni siquiera atisbos, de acción, volcado simplemente en explorar las psiques enfermizas de serial killers de renombre a través de la cruzada de dos agentes del FBI sin nada que envidiar a la pareja del primer True Detective. Aquí lo importante no era el qué sino el cómo, esa cocción lenta que se adhiere a los nervios oculares y cuando uno se da cuenta ya se encuentra completamente sumergido, archivando casos, asistiendo a interrogatorios que dejan mal cuerpo (la galería de asesinos que se cruza con la pareja) y revoloteando por parajes algo alejados de las rutas turísticas del país del dólar. Un dotadisima exploración sobre las trabas morales y  burocráticas durante los primeros pasos del FBI por dar una respuesta científica y racional a la locura, a la psicopatía. Una búsqueda incesante, y enfermiza, para aislar el patrón del mal que terminará marcando a sus dos protagonistas, especialmente, el ambiguo Holden Ford, insinuando un arco para el personaje de desembocadura espeluznante. Algo que comprobaremos en los nuevos casos e interrogatorios de una serie que ha llegado para entrar al olimpo de la televisión por la puerta rápida. Una delicatessen que entra por la vista y por el intelecto, puro cine suministrado en diez cápsulas de abstracción placentera.

1. Twin Peaks (Showtime/Movistar +)

New Twin Peaks

El mindfuck como unidad narrativa, la explosión narrativa aparentemente descontrolada hilada con precisión de cirujano, la obra cofre que no cesa en reescribirse y en redescubrir signifcado para indirectamente provocar oleadas interminables de tinta en un universo paralelo de semióticos dejándose la mollera para dar respuesta a la criptología de un genio, el ciclo inescrutable de una obra abierta y desafiante con ella misma y con quien se aboca a un universo transformador . La experiencia semanal alucinante a la que nos ha sometido el retorno de Twin Peaks se escapa del raciocinio y de la paleta de emociones más básica. Sensaciones como las experimentadas con cada voladura de sesos planteado en cada episodio no tienen parangón en la televisión comercial moderna. Quizá el precedente más cercano sea uno con fecha de 1990, cuando un Lynch cincuentón decidió hacer estallar en mil pedazos los cimientos de la televisión.  Algo más de 25 años después no solo decidió no retomar la serie en su marco espacio-temporal más coherente y sacarse de una patada esa carga nostálgica tan imperante en todo tipo de manifestaciones culturales presentes, sino que prefirió optar por dinamitar de nuevo las convenciones televisivas y cinematogrñaficas, así como cualquier paraje decimonónico (en ese sentido la serie estuvo más cerca de sus últimas obras cinematográficas que de la fuente original). El Lynch más desatado, apoyado por su control creativo total sobre el producto, regaló las dosis de televisión más perecederas, estimulantes, desconcertantes y arrebatadoras de las últimas veinte y cinco temporadas – ahí a fuego, prevalecerá ya para siempre el episodio 8, el “Gernika” de la ficción televisiva. Asistir a la sesión semanal del nuevo Twin Peaks ha sido una liturgia tan reconfortante como temida, pero plenamente excitante. Ha supuesto lanzarse sin paracaídas hacia un mundo de contornos familiares pero cuya lógica interna se nos escapaba con una sonrisa eterna, la misma que alentaba a volver al último cruce donde fue avistada para seguir resiguiendo los espacios y las gentes de un pueblo icónico de la cultura popular que en lugar de cerrar su universo, lo siguió expandiendo hacia direcciones inabarcables y de placer infinito. ‘What year is this?’ Sin duda, el de Twin Peaks, el retorno.

 

 

Y podrían haber ocupado perfectamente los puestos  Nº9 y Nº1o

Master of None (Netflix)
The Girlfriend Experience (Starz)

 

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