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Mad Men: Review 7×12 “Lost Horizon”

posted by Omar Little 5 mayo, 2015 6 Comments

mad men lost horizon

Que se pronuncie más abajo el que al empezar con “Lost Horizon” no le haya entrado ese profundo cosquilleo propio del primer día de trabajo o de instituto. Coño, que no todos los días se pone un pie en una multinacional, algunos, de hecho, no lo pondremos nunca. El inesperado cambio de escenario planteado por Weiner daba pie a nervios y emociones a flor de piel, pero difícil imaginar que se nos venía encima uno de los mejores episodios de la temporada, de la serie, de la historia de la televisión. Lo que sigue es una narración torpe y repleta de flaquezas emocionales de lo que es desde que se emitió hace unas horas historia viva de la televisión.

Si nos has subido hasta las imponentes oficinas de McCann Erikson de la quinta avenida, descuélgate hasta el lobby, y retrocede por esa puerta giratoria hasta sentir el calor y el ruido del asfalto de nuevo.

El cielo que muchos utilizasteis en vuestros comentarios para describir lo que suponía la absorción de SC&P por parte de McCann Erikson ha demostrado pronto, mucho más de lo previsible, no ser tal. No por acercarse a éste, uno está más cerca de tocar el cielo. Y eso se ha encargado de recordar por activa y pasiva este soberbio capítulo que debe entrar ya en el archivo nacional de cualquier biblioteca del mundo.

Se las prometen felices Don Draper y los suyos cuando encaminan su primera jornada hacia su nuevo hábitat. Risas complacientes, atención desmesurada, equipaciones lujosas, pasillos sin fin que harían trotar de alegría a las gemelas de El Resplandor, despachos más grandes, varias plantas de un rascacielos situado justo delante de la catedral de St. Patrick, o sea, la milla de oro de la capital del mundo. Incluso Joan, que temía por su puesto, se la ha acomodado en un despacho, y ha sido recibida por varias copy.

Aunque sin duda el rey de la función es Don Draper, a quien se le ve resuelto, sonriente, con la moral por las nubes, y quien recibe el amor confeso de sus nuevos progenitores que babean con el fichaje. Don es su Zidane de la primera era Florentino, el Ronaldinho de la era Laporta, y le han prometido el oro y el moro, empezando por la cerveza Miller, y la salida de una cerveza light para escándalo de todos.

Poco a poco los empleados de SC&P van siendo acomodados por las distintas plantas, mientras las antiguas oficinas van quedando vacías de personal, de mobiliario, de la vida que ha colapsado nuestras retinas durante tantos años. De hecho, gran parte de la fuerza del capítulo ha venido por ese tono elegíaco, que ni ha podido, ni ha querido desprenderse.

Pero centrados de nuevo en el nuevo curro, el prometido cielo ha empezado a ennegrecerse antes de lo esperable. La primera que ha tenido que lidiar con ello, ha sido Joan, a quien le toca compartir cuentas con un incompetente y machista individuo con el que saltan chispas desde el primer encuentro. Lejos de rendirse decide buscar ayuda en Jim, pero ahí entabla un negocio más perjudicial, porque si el otro era tonto y machista, éste es sumamente machista y aprovechado, ya que a las primeras de cambio le plantea a Joan un viaje de negocios (y placer) con tal de intentar solucionar la cagada del otro con el cliente. Evidentemente Joan, que las ha visto de esos colores anteriormente – y que no se siente nada orgullosa de ello, por cierto -, con el estatus que había adquirido, y con el cambio de la década, no puede sino sentirse ofendidísima por las insinuaciones del pájaro mayor. Hasta el punto, que tras hablarlo con su nuevo novio, y recibir su sabio consejo, decide plantarse en el despacho del “Big Boss” y sacarle los colores, y hacerle perder el juicio y la paciencia contándole lo ocurrido. Es ahí donde quedan más bien expuestas las grietas de la empresa soñada, como paradigma empresarial del sueño americano, y el precio que se paga por alcanzar y habitar en la cumbre. El jefazo no solo suda de Joan, sino que le deja claro que ser socia en la anterior compañía no le da ningún estatus preferencial, y que o bien, se adapta al nuevo entorno o la puta calle, dejando de nuevo al descubierto el nefasto trato que McCann Erikson dispensa a sus trabajadores, especialmente los de género femenino. Lejos de rendirse, Joan, y ahí se gana el aplauso de este servidor que durante la madrugada se ha dirigido a Madison Avenue para erigirle una estatua, contraataca con su disponibilidad de aceptar dejar la agencia no sin antes recibir el dinero que le corresponde, encendiendo con ello una calurosa discusión que irá a más hasta el punto que empiezan a correr las amenazas entre ambos, abogados, pleitos, prensa y la liga de la defensa por la igualdad entran en disputa. Ha jugado tan bien sus cartas, que ahí ha irrumpido mi primer estallido de placer después de que una corriente eléctrica lanzada desde el encéfalo recorriera toda mi  espina dorsal. Y lo más acojonante… no ha sido la única del episodio.

El desmoronamiento de la adquisición no se ha hecho esperar, y ha afectado a todos los personajes, puede que el único que se haya salvado, haya sido un Pete Campbell a quien hemos visto momentáneamente.

Las notas cómicas y surrealistas nos han llegado de dos campaneros resistentes. Una Peggy Olson que sin su despacho listo en McCann, hay muchas formas de hacer mobbing laboral, esa es una de ella, se ve obligada a pasarse por las desvalijadas y vacías oficinas de SC&P. Con la única compañía de los empleados que han decidido desvincularse de la fusión, y que poco a poco van desapareciendo para acentuar el vacío de esas oficinas que tanto han reportado. Encontramos un bonito e inesperado (incluso surrealista) pasaje entre Peggy, y el otro fantasma de la opera, con órgano incluido, que se empecinan a abandonar esas paredes que tanto han significado. Con botella de vermut de por medio, sueltan diálogos marca de la casa: chisposos, cómicos, ingeniosos, emotivos y cargan la escena de una profunda capa sentimental y narrativa. Los último tripulantes de ese gran navío que tantas aguas ha surcado, sirviéndome del símil que utiliza Roger. Cogidos al mástil ante la dificultad de dejar el gran buque atrás. Una lectura, pese a que Mad Men siempre ha jugado en otra onda de la televisión, que a la vez puede leerse con un guiño metatextual del rol de la serie en la televisión moderna, y especialmente dentro de la programación de la AMC: ¿Están los aficionados preparados par desprenderse del Titanic de la AMC? ¿Lo están sus creadores? ¿Acaso seríamos capaces de privarnos para siempre de esas oficinas, y no nos agarríamos al último aliento de Weiner con su criatura? Quizá algo de esto haya reflejado en ese preciosa secuencia.

Pero nada dura eternamente, menos la felicidad. Tras apurar al máximo su llegada al nuevo navío, Peggy ha hecho caso a Roger, y se ha plantado allí en plan directiva rockstar, cigarrillo en boca, cuadro de pulpo dando placer a una mujer, y cabeza bien recta y firme dejando a los machos con los que se cruzaba flipando, en lo que para mí ha sido la única escena sobrante por estilo, si bien necesaria, porque insinúa que Peggy será de los pocos personajes en adaptarse a su nueva posición, ella, con todo el futuro por delante. Al contrario que Roger, un personaje habituado a ser el jefazo, el temido o el respetado, pero el jefazo. Y que ahora debe inclinar la cabeza hacia arriba y compartir el piso geriátrico (jaja, qué puto genio que es verbalizando sus pensamientos). Por ejemplo ya no puede interceder en un caso como el de Joan, quien tras convencerla para que acepte sus acciones a mitad de precio, la ve alejarse del despacho, de las oficinas, de su entorno de trabajo, en lo que supone para él la segunda despedida agria, y con el mismo plano de trasero, a lo largo del capítulo.

Y a todo esto habíamos dejado a Don gozando con las mieles del éxito, pero Don es perro viejo en el mundillo, y como los otros, no encaja en la multinacional. El cambio en el arco ha sido probablemente demasiado repentino, Weiner va apuradísimo de tiempo, y ha tenido que provocar ese cambio en la reunión con Miller infectada de creativos clones con su bolígrafos afilados compitiendo entre sí, y actuando alineados copiando las directrices que suelta el consultor de investigación (data, data, data). Los tiempos han cambiado, y mucho en el campo publicitario, y Don no está para ajustarse a las nuevas formas, a los procederes, a las nuevas metodologías, se reinventó ya una vez en otra persona, pero su mirada el Empire State parece señalar que ese preciso momento va a ser lo mas cerca que se va a encontrar nunca de la cúspide del mundo, de acariciar el cielo profesional con las yemas, porque a los pocos segundos abandona la sala y se embarca en una alocada aventura por carretera.

Un viaje inesperado hacia Wisconsin en busca de Diana, pero pronto comprobamos que lo que en realidad se trata es de un viaje de descubrimiento, Don buscando de nuevo la identidad a través de la vasta geografía norteamericana. Y así se lee de la surrealista aparición de Bert, el único fantasma de la serie, que le recrimina a Don que siempre ha sido un forastero, un extraño, y allí sale a colación On the Road, el libro de Jack Kerouac que sintetiza todo ese giro repentino que toma Don al irse en busca de Diana. Cuando llega allí, no la encuentra pero sí que da con su familia desestructurada tras internarse en la casa haciéndose pasar por un representante de no se qué carajos, y más tarde, cuando el ex-marido de Diana le ve el plumero se cambia a agente de seguros, algo que tampoco le cuela al ex-marido furioso, quien le dice a Don, ¿o acaso a un Dick Withman de nuevo construyendo identidades para escapar de esa realidad que le incomoda, de la que se siente desplazado?, que no es el único que ha acudido a su casa preguntando por su ex-mujer, de quien dice que se la llevo el infierno, mientras el cielo se llevo a su hija, la otra hija había acudido precisamente a Don anteriormente, para decirle que si a su madre le ha tocado algo, debe quedárselo ella, dejando así constancia del dolor y la marca que le dejó ser abandonado por su propia madre (ahí hay un drama para explorar a fondo en un spinoff). Otra secuencia absolutamente soberbia construida a base del subtetxo, que no se alcanza la última capa de significado hasta que uno no le da una o varias vueltas.

Un don avergonzado, por las pullas recibidas, se vuelve a la carretera. Y en una de secundaria detiene a un autoestopista hippie que se dirige a St. Louis, a muchos kilómetros de Nueva York, y no precisamente de camino. Con ese encuentro, no solo se solidifica la referencia a On the road, y se aporta un apunte sobre la aún destacada presencia hippie en los EE.UU de esa época, sino que se vuelve a poner en choque esas dos Américas, la que representa la consolidación del falso sueño americano, y la que renuncia a ese sueño para destaparlo y denunciarlo. Ese encuentro es importante a muchos niveles, porque nos da a entender que Don es consciente de ello, y que no solo lo respeta, dándole cabida y llevándolo a su destino, sino que puede que actué como el incidente incitador que lo lleve a un cambio. Por si fuera poco con toda esa ración de significados abiertos a diferentes interpretaciones, la secuencia se cierra con la irrupción del “Space Oddity“ de David Bowie, y entonces es cuando un servidor perdía el control sobre sus músculos y nervios ante lo que podría haber sido perfectamente el colofón final de la serie, el punto final soñado. Un hermoso plano repleto de significado, con Dick alejándose de Don Draper para abrazar otra identidad desconocida, hubiera coronado la serie perfectamente. Por Don volverá, no sabemos cuándo, ni cómo, ni dónde, ni siquiera si como Don, pero hay dos capítulos en la recamara que a día de hoy ocupan la máxima de mis preocupaciones. Weiner, ha vuelto a subir su serie al cielo, y nos ha dejado levitando de emoción y placer.

Reflexiones que no han tenido cabida

– Con un título como Lost Horizon, que podría haber sido la película perdida de George Cukor, George Stevens, William Wyler, Douglas Sirk o cualquier otro referente del cine clásico – de hecho existe una bellísima película de Frank Capra con ese título-, no se podía esperar menos que una obra maestra.

– La gente de McCann Erikson debe estar super contenta de cómo los retratan. Seguro que al final de la serie aparece el propio Weiner contando que una vez fue rechazado y humillado en una entrevista de trabajo con ellos.

– No sé cuál es el futuro que le depara a Don, pero me inclino a que habrá un salto temporal, o un flash-forward o algo parecido.

– Sea cual sea, yo no quiero seguir habitando este espacio tras el cese de Mad Men, me iré a okupar sus oficinas. Y mientras no ocurra he descubierto el modo de ponerme este episodio en bucle, y no es coña.

– Final dorado con “Space Oddity”, y ya sé que Matthew Weiner lo tiene todo bien atado y controlado hasta el más minucioso de los detalles, especialmente los temas con los que cierra. Pero si lo quiere es llevarme a la tumba con la serie – sí por favor – que pille este tema de Patrick Watson.

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6 Comments

Christian 5 mayo, 2015 at 21:14

Que puedo decir, esplendido capitulo con una escena final que perfectamente podría haber cerrado la serie (hablare más adelante de esto)

Se confirmó una los miedos que se barajaban en esta fusión, efectivamente los ex miembros de SC&P llegaron al cielo, pero este cielo parece más bien una gran maquinaria empresarial que no distingue individualidades, uno ya podía percibir que Jim era un lobo con piel de oveja, engatusador, pero una vez visto sus cartas aparece como el diablo mismo ajja en ese sentido acá se remarca esa ambivalencia argumentativa de la absorción: ¿estamos ante el fin o un nuevo comienzo? creo que todo depende de cómo se quiera ver, lo que si es concreto, es que McCann es una gran maquinaria sin alma y aquí es donde se puede observar las virtudes de la vieja SC&P, porque dentro de todo era “familia”, tenía sustancia, un relato que la mantenía. En cambio McCann expresa (de forma bastante genial por lo demás -gracias Weiner-) la naturaleza descarnada y arrollante de las multinacionales modernas. Esto se ejemplifico bastante bien en la reunión de los directores creativos (una de las mejores escenas) ya que expresa como cada uno es una pieza más dentro un engranaje más complejo.

Ante este complejo panorama algunos se escudan en el pasado (roger), otros se van sacando su tajada (Joan), otros se contentan (Pete), otros se conforman (Ted) y otros optan por seguir sus instintos, aventurándose en lo desconocido (Don)

Y aquí me quiero detener, porque mucho se ha hablado de Diana, parte de la audiencia (la más exitista por cierto) piensa que Don de verdad se lanza a buscarla a ella. Pero aquí todo se trata de metáforas, realmente Don no viaja con el fin de encontrarla, Diana es un recurso argumentativo para expresar la búsqueda que Don hace de sí mismo.

La escena de la reunión de los directores creativos es tan sugestiva y bien hecha que a los realizadores de Mad Men hay que construirles un monumento. El lenguaje visual que sea utilizado en este capítulo supera cualquier producto televisivo de la actualidad. En esta reunión se produce en Don un quiebre revelador sobre donde está parado, lo alienante del trabajo y la sensación de vacío que se adhiere a esta situación. Don siguiendo su naturaleza aventurera se lanza en un “road trip” buscando las respuestas que no encuentra en su trabajo. Cabe destacar esa sonrisa de Ted cuando Don se va, es una risa reveladora, siempre he pensado que Ted siente cierta admiración por Don.

Me encanta este cierre que se le está dando a Don principalmente, porque obedece a una elección consciente y libre de presiones por parte del personaje. Si Don ha tocado el techo de la publicidad, si está en la elite mundial del negocio ¿Porque opta por irse y dejarlo todo atrás? y ahí es donde la escena final adquiere todo su poder, es tan potente en términos interpretativos que perfectamente podría haber sido el final de la serie. Ese plano de Don perdiéndose en el horizonte sin rumbo fijo, lanzado a la aventura de encontrar algo mas allá, algo que lo haga realmente feliz, ese eterna búsqueda que representa su vida, Es de una carga emocional tan fuerte, que no pude evitar emocionarme, o sea no por nada termina con esta estrofa de Space Oddity

“This is ground control to Major Tom,
You’ve really made the grade
And the papers want to know whose shirts you wear
Now it’s time to leave the capsule if you dare”

Don se trasforma en mayor tom, se aventura en un lugar distante y desconocido, donde las estrellas brillan con más fuerza y donde todo es tan distinto a la vida alienante de las ciudades modernas. Te demostraste a ti mismo que eras capaz de ganarle a la vida Don, y ahora te has ganado el privilegio de vivir la vida como se te plazca. Insisto este era EL final de la serie, pero confió plenamente en Weiner, pero tampoco me aventuro en pronosticar un final, ya está demostrado que con un par de minutos se puede dar vuelta el tablero, independiente del final siento que ya estoy tremendamente satisfecho. Ahora lo que mencionábamos como el vía crucis de Draper toma mayor significado, si él desea cambiar de vida lo hace porque quiere, no porque lo expulsan del trabajo o algo parecido, todo el ascenso de Don a su antiguo puesto de la primera tanda de esta temporada, es para demostrar que el tipo profesionalmente es descollante y si decide irse de la publicidad, lo hará bajo sus propias motivaciones y sueños. Pero no es algo que pueda confirmar, quizás vuelva al trabajo, quien sabe lo que sucede en la cabeza de Weiner.
La entrada de Peggy en la agencia es fan service puro, al punto que la mayoría de la audiencia habla solamente de esto. Me alegro por Peggy pero también siento reparos en cuanto su ingenuidad en creer que ese salto profesional le dará algo significativo en la vida, en ese sentido creo que falta una última conversación con Don, para que este último le haga saber las consecuencias del éxito desmedido y no encauzado en un relato personal.
Durante gran parte de la serie, parte de la crítica siempre ha simbolizado a Draper como un cobarde que siempre trata de huir. Yo personalmente creo que lo que ha hecho en este capítulo es la expresión más genuina de la valentía. Es mucho más fácil vivir en la complacencia del trabajo de elite, el sueldo millonario y la estabilidad de un trabajo repetitivo. Pero a Don lo motivan otras cosas, la reinvención de su identidad obedece a su naturaleza atormentada y aventurera que le indica que tiene que ir siempre un paso más allá, se acuerdan de esta conversación de Don y Roger en la primera temporada (capitulo 9)?
Don: Si dejo este lugar algún día, no será para más publicidad.
Roger: ¿Qué más existe?
Don: No lo sé, una vida qué vivir.
Insisto, Mad Men es oro puro. Nos estamos leyendo.
Un par de datos para lo que viene (sin spoilers)
– El próximo capítulo tendrá 5 minutos adicionales de duración, mientras que el ultimo durara 10 min mas
– Por lo que parece y se ha rumoreado, el final será intenso, emocionante y gratificante

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Paloma Méndez Pérez 5 mayo, 2015 at 21:59

El mejor hasta ahora. Ansia por saber como cierran y poder verlo todo otra vez desde el comienzo, con Betty disparando, El Carrusel, el capítulo de la maleta…..

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carlitos103 6 mayo, 2015 at 00:51

Gran episodio para dejar en claro como se fue todo al demonio. Las escenas de Peggy patinando con el fenomeno de Rogger y entrando borracha, gafas de sol y con cigarrillo una obra de arte!

Dejo caps de esas escenas que saque con el Rip 1080p. Slds.

http://i.imgur.com/ihrNUuS.jpg
http://i.imgur.com/PdFIsXz.jpg
http://i.imgur.com/o042yyu.jpg

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Omar Little 6 mayo, 2015 at 08:13

Sí Carlitos103, esa secuencia surrealista y etérea tiene un efecto hipnótico.

Nada que añadir a lo dicho por Christian, este capítulo nos ha volado a todos la cabeza, y a diferentes niveles, para quedar grabado en los anales de la historia de la televisión. Me gusta mucho la aportación de “Major Tom” que explicas, yo en ese momento ya ni podía reflexionar, me dejé llevar por las sensaciones sin atender a la letra. Weiner siempre da en el centro de la diana con las canciones que cierran sus episodios, pero con éste se ha llevado la palma. No solo por lo magnífica y mítica que es la canción de Bowie, sino por el valor añadido que aporta, por el cómo lo liga con Don, con el capítulo en sí, con la serie, y con ese inmenso plano, que reitero, bebe del cine clásico, y que ilustra con un fotograma el título del capítulo, mientras su significado nos señala hacia el horizonte, donde el via crucis de Don podría encontrar una salida en limpio. Chapeau, de verdad

Dad por seguro que Don volverá a NYC, coño que tiene a toda su familia allí, pero a ver cuándo y cómo. Lo de la conversación entre maestro pupila, Don-Peggy, lo doy por hecho, es más, creo que será de las últimas secuencias de esta irrepetible serie.

Y ahora sí, a limpiarse los largimotes, porque los dos que vienen, se intuyen más elegíacos si cabe que el de esta semana. Dios Weiner ten piedad de nosotros…

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Christian 7 mayo, 2015 at 00:38

Y si en una de esas, Don vuelve al trabajo con energias renovadas despues de su road trip? igual es una posibilidad, y si Weiner la sabe desarrollar en dos capitulos, puede ser bastante interesante para encarar el final.

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Juan Jesús 9 mayo, 2015 at 09:45

La calidad de este episodio no tiene parangón. Hablábamos del anterior como un capitulazo (que lo fue), pero este es todavía más madmeniano. Ha sido el culmen de la temporada y uno de los grandes de todo la serie (¿puede superarse aun más Weiner en dos episodios? La verdad es que siendo quien és, SÍ lo creo, xD) y como bien habéis explicado tanto en la review como en los comentarios, hubiese funcionado muy bien como final. Aun así estoy completamente seguro que la final nos dejara a todos más que sorprendidos. Hablar de ella ahora mismo no tiene sentido. ¿Será el penúltimo episodio uno de transición a lo Breaking Bad con “Granite State” o cambiará de nuevo las reglas del tablero?

Este “Lost Horizon” ha dado para mucho. Las risas que me he pegado con las conversaciones entre Peggy y Roger no tiene precio. Ya lo de los patines y el piano era tan irrisorio que no he podido si no rendirme a los pies de Weiner. Como una serie tan dramática es capaz de hacer unos momentos tan divertidos y cargados de carisma. Alucinante.

Yo también me uno a construir una estatua, un palacio o cualquier cosa valiosa porque menuda lección de moral que le ha plantado en la cara al jefazo Jim. Puede que ella haya perdido la batalla si hablamos de dinero, pero ha ganado lo más valioso que se puede tener aunque no se hable tanto de ello: la libertad.

No sé que más decir de Don Draper que no se haya dicho aquí. Su historia es tan poderosa, esa deconstrucción del personaje que él mismo creó que está sufriendo en carnes está llegando a niveles de supremacía artística impresionantes. No se me paso apenas por la cabeza que lo dejaría todo atrás tan pronto, pero quizás la “desaparición” de SC&P haya sido lo que necesitaba Dick Whitman para salir de la caverna que Don Draper había tapado desde que nació allá en la guerra. Me encantaría poder ver más de ese “road trip”, pero si no fuese así no importa. Esa escena final vale oro no, sino platino, rubí, zafiro y todo el tesoro de La Ciudad del Valle del universo de Tolkien.

Recuerdo, por si no se ha dicho aun, que la guionista (junto a Weiner) de este episodio es Semi Chellas, creadora también de otras joyas de la serie como han sido “Far Away Places”, “The Other Woman” y, nuestro buenamente alabado, “The Strategy”.

Estoy deseando que llegue este lunes para ver como sigue sorprendiéndonos este loco “puto amo”. La creación y desarrollo del personaje que es Don Draper/Dick Whitman me parece de estudio no de grado, sino de máster en todas las escuelas de guionista. Y también lo digo, que a veces se me olvida, que adoro la actuación de Jon Hamm y creo que nació para este papel.

Un saludo a todos y nos seguimos leyendo, aunque sea un par de semanas solo ya en lo que a Mad Men se refiere 🙁

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