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Mad Men y el fin de una era

posted by Omar Little 3 junio, 2015 0 comments

Mad Men Plano Final

Cada cierto tiempo, coincidiendo con la despedida de un tótem televisivo y su ingreso en el Olimpo, entra en escena el recurrente debate alrededor de la “Edad de oro de la televisión” y el fin de su ciclo.  Con la marcha de Mad Men el pasado 17 de mayo el tema volvió a colación, y no es sorprendente encontrarse estos días por webs y publicaciones ríos de tinta sobre el asunto.

Algo por su parte previsible entendiendo la dimensión que alcanzó el producto de Matthew Weiner durante su vida catódica, y el que alcanzará con el paso del tiempo, cuando crezca su trascendencia por lo ancho y lo alto. Un factor que los propios responsables de la campaña publicitaria de su séptima, y última temporada, se encargaron de alimentar desde el propio copy sobre el que giró la promoción de sus últimas raciones. “El fin de una era” que no solo englobaba el significado implícito a la conclusión de la serie, y el salto en el propio universo de la serie de los movidos 60’s hasta la década de los 70’s, sino que también se leía como el propio encaje de la serie en la televisión moderna y su rol como importante contribuyente a la llamada “Edad de oro de la televisión”.

¿Pero es lícito hablar del fin de la edad de oro de la televisión con la salida de Mad Men?

Si me preguntan a nivel personal probablemente me escudaría en una respuesta ambigua que terminaría resolviéndose en un NO. La televisión moderna está inmersa en un estado de agitación desbordante, constatada es una sobresaturación de las parrillas, que propone otro tipo de reflexiones con las que no me quiero alejar de aquí: ¿se prima cantidad a calidad?…creo que sí…¿es factible consumir con garantías todas esta oferta?…un NO rotundo.

Las cadenas generalistas y las de cable, así como los actores recientes que proviene del terreno del VoD, con Amazon y Netflix como abanderados más firmes, invierten millonadas para atraer a actores de renombre, guionistas de prestigio y directores consagrados de la industria del cine, con los que armar productos de ficción que atraigan a las audiencias millonarias y con ello repartirse una buena parte del pastel publicitario, o sumar suscriptores, o cualquiera que sea su estrategia recaudatoria principal.

Por eso la factoría televisiva que produce series de enorme calidad a uno y otro lado del Atlántico no ha disminuido su ritmo de producción, es más lo ha acelerado. True Detective, Fargo, Bloodline, The Knick, Transparent, Hannibal, Review.

Solo con las citadas parece que la edad de oro de la televisión está en buen recaudo y gozará de una extensa prórroga. Sin embargo si que con la marcha de Mad Men, y el año pasado la de Breaking Bad, se produce un vacío de lo que considero la serie fenómeno. Este tipo de producto que dota de prestigio de marca al canal, mediante una propuesta rompedora, unos personajes icónicos, o algún otro elemento que le permita trascender la pantalla para abrazar la comunidad fan. A día de hoy, y aquí estáis para corregidme, creo que solo queda un caso que se pueda enmarcar en estas características. y es el Juego de Tronos de la HBO. Un producto que aúna calidad y popularidad a partes iguales, y cuyo visionado se prepara casi como un acontecimiento.

Algunos pondrías en el mismo saco a House of Card, serie que no me quita el sueño, más habiendo visto de entrada la versión inglesa, y que al parecer – solo he visto la primera temporada-, con la tercera ha quedado algo estancada. Otros, liderados por Paloma Méndez, mencionarán a The Good Wife. En comedia Louie podría ser el elegido. Algunos pensaréis que True Detective puede tomar el relevo, y tras una magnífica primera temporada así lo creía yo, pero los primeros avances, y el cambio de modelo y escenario adoptado en su segunda, no me permiten desabrochar el mismo optimismo.  Como se aprecia no hay un referente inapelable, de ahí la dificultad de encontrar en la parrilla la serie faro, el producto que ofrece afiliación ciega a un canal o a una franja horaria de su programación, y que de paso cree una comunidad fan, o menos, fan…pero que la haya.

Aunque el reto resulta mucho más complicado para la AMC, canal que en el período prácticamente de dos años, por mucho que alargara con su fórmula de dividir las temporadas finales en dos, ha presenciado como se le iban las dos series que lo catapultaron al nivel de prestigio, con el que incluso, le permitió tratarse de tú a tú  a la poseedora del trono occdiental, la HBO. Sin embargo, con el ascenso fulgurante de Netflix, y la situación de desamparo actual, a AMC le aguarda una dura etapa, que de momento ha errado por completo. Cosa que no les preocupará demasiado mientras The Walking Dead siga rompiendo récords de audiencia, pero con ella, nunca obtendrán de nuevo esa cuota de alt cuisine. Lo han intentado con Turn, con Haltch and fire (con ésta pueden haber encontrado algo), con Low Winter Sun, pero la comparación con los dos tótems clausurados resulta ridícula, y tampoco creo que estén obteniendo demasiados buenos resultados en  cuanto share. Significativo de ese estancamiento por el que pasa es que su mejor llegada de los últimos meses, y años, sea un spin-off de Breaking Bad, la aplaudida Better Call Saul.

Más labrado parece el terreno para HBO y Netflix. La última se propone producir 20 shows al año, y de ellos, debería salir un talismán que siga iluminado el recorrido de la edad de oro. Éste podría llegar con incluso algunas de sus series internacionales, Narcos o Marseille, por ejemplo. Aunque ahora mismo el horizonte más esperanzador vuelve a pertenecer a la HBO. Tiene un éxito efímero casi asegurado con Show Me a Hero de David Simon, que lanzarán a mediados de agosto. Su problema es que es una miniserie, y que no tendrá continuidad, con lo que no, no podrá cubrir el vacío de Mad Men. Aunque esté podría quedar medio cubierto con la adaptación de Westworld que deberían estrenar en el último trimestre. Los nombres involucrados, la historia y el elenco actoral presagian grandes augurios. Aunque la gran esperanza blanca hay que arrancarla de los morros de Mick Jagger, Scorsese y Terence Winter. Esa historia sobre la caída de un productor discográfico en plena efervescencia de la música disco y la escena CBGB del NY de los 70’s parece la única capaz de iluminar el camino de la televisión dorada durante los próximos años. Aunque para salir de dudas, no nos queda otra que esperar.

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