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Feud: Primeras impresiones

posted by Omar Little 26 febrero, 2017 0 comments

Feud

Ryan Murphy es el showrunner de cal y  arena por excelencia. Un tipo imprevisible, del que desconfiar… para lo bueno y para lo malo. Capaz tanto de ahogarte con tu propio bostezo vespertino ante una dosis de Glee, u otro truño homologable con el cine de Baz Luhrmann, como provocar erecciones cerebrales cuando se pone seriote con American Crime Story, o desde el próximo 6 de marzo… con Feud, su última creación y una de las series más esperadas de 2017.

El nuevo intento de afiliación por parte del de American Horror Story lo pretende lograr mediante la rivalidad encarnizada entre Bette Davis y Joan Crawford que alcanzó su clímax durante el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? SI bien la trama principal gira alrededor de esa disputa feroz entre dos grandes del Hollywood clásico, el trasfondo apunta directamente a unos malos hábitos arrastrados hasta nuestros días, el que sufren en su carne ciertas actrices que al primer brote de arruga y patas de gallo desfilan ante el paredón del sistema de estudios. Ese es el verdadero eje rotor de la antología, y donde pone la pluma y el ojo el cacareado Murphy.

Nada nuevo bajo el sol pensarán los cinéfilos: ahí en la videoteca mental brilla El crepúsculo de los Dioses, una de las películas cuyo visionado incita los dos primeros capítulos de la serie, además obviamente, del de ¿Qué fue de Baby Jane?. SI Billy Wilder eligió con total fortuna y sentido a Gloria Swanson -estrella del cine mudo entrada en decadencia con el sonoro -, aquí Murphy opta por dos veteranas actrices alejadas de los focos principales: Susan Sarandon y Jessica Lange, pero al menos, en el caso de la última (fetiche de Murphy), muy bien readaptada al medio televisivo.

Por el momento sus dos primeros capítulos se ciñen más al drama interior de la vejez en un Hollywood despiadado y tiránico, ávido de carne fresca. Y lo construye con vestimentas de costuras clásicas, propias del tipo de cine que hacía en el marco temporal de la historia. En ese sentido, Murphy aplaca con buen criterio su vena postmoderna. Aunque se espera que la serie de un vuelco hacia el horror psicológico, a medida que se encrudezca el choque de trenes de dos egos envueltos en las llamas de la tensión del éxito exigido por Hollywood y las patrañas sensacionalistas auspiciadas desde dentro. En medio de la lucha de egos de dos actrices aferradas a su última oportunidad para evitar el ocaso, se encuentran el pobre Robert Aldrich, director de la función, y utilizado por unos y otros (Jack Warner, el productor, también entra en la operación).

De momento tenemos el terreno propicio para un drama de cine dentro del cine, donde dos grandes actrices son las víctimas cabronas de un sistema que está por encima de cualquier figura y estrella controlando su suerte. Veremos cómo evoluciona, pero Murphy con su estilo respetuoso con el período que retrata, y las solventísimas actuaciones de Saradon, Lange, Alfred Molina, Zeta-Jones y Kathy Bates -las dos últimas interpretando a Olivia de Havilland y Joan Blondell en unas entrevistas posteriores en los 80, en lo que supone un salto temporal que de momento no tiene su razón de ser- presumen ofrecer uno de esos productos de la temporada seriéfila que no te dejan en la cuneta.

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