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Impresiones piloto The Deuce

posted by Omar Little 14 junio, 2017 0 comments

The Deuce piloto

La fortuna de vivir en Nueva York pese a las rentas disparatadas y el estilo de vida miserable que servidor se gasta se manifiesta de múltiples maneras. Una de las más recientes y gratificantes fue poder asistir al estreno mundial de The Deuce, la esperadísima serie de David Simon y George Pelecanos sobre el nacimiento de la industria del porno en el Times Square de los 70. Una alegría enmarcada en la fastuosa apertura del Split Screens, un festival de nuevo cuño nacido al en torno de la ficción televisiva y ubicado en el histórico IFC Center del Greenwich Village. Y la guinda, como otra de esas gracias ligadas a la ciudad que nunca duerme, la presencia de parte del talento creativo involucrado: George Pelecanos, Maggie Gyllenhaal y la directora del piloto Michelle MacLaren hicieron acto de presencia con voluntad de desvelar detalles sobre la nueva perla de la HBO durante la charla posterior que mantuvieron con el crítico y agente creativo del festival, Matt Zoller.

The Deuce está destinada a convertirse, a partir del 11 de septiembre, en una de las series marca agendas de la temporada. Después de la imbatible Twin Peaks, amparada por el riego inspirativo de un genio que escapa cualquier cuestión limítrofe, expectativa y etiqueta, el producto parido por David Simon y George Pelecanos tiene números para acompañarlo entre lo más aplaudido de la cosecha anual. Al menos, esa es la impresión dejada por su piloto de hora de duración. Pero mentira, porque las altas sensaciones ya quedaron expuestas, definidas y cerradas con la primera señal de vida de un proyecto de David Simon sobre prostitutas, empresarios y actrices del porno, yonquis, chulos, chaperos, delincuentes, gangsters, y maleantes propios de la biografía de Dan Fante. Todo rodeado por ese escenario mágico del Nueva York de los 70, cuando la ciudad estaba golpeada por una de las tasas de crimen más salvajes registradas, en las que partes como el Bronx eran territorio apocalíptico, pero tampoco era necesario enfilarse con la línea 1,2 y 3 muy arriba porque el céntrico Times Square era otro tipo de parque temático al conocido hoy en día.

Ingredientes estimulantes que asoman en esta primer tour por el lado oscuro de la ciudad del Hudson aunque sin definir la forma final que adquirirá la serie cuando se introduzca propiamente en el retrato acerca de los albores de la industria del porno. La primera hora la utilizan para poner sobre el tapete las piezas dramáticas a través de la presentación de los distintos personajes. Por un lado tenemos el relato de uno de los gemelos Martino (ambos interpretados por un genial James Franco), los artífices del imperio pornográfico en el que se centrará la serie, al que seguimos durante su jodido día a día, perseguido por una deuda con la mafia contraída en realidad por un hermano ausente durante buena parte del capítulo, lidiando con movidas familiares, y librando más horas de trabajo que el tipo que mantiene el servidor que aloja la cuenta de Donald Trump en Twitter. Por otro lado se encuentra el relato a plena calle, el que personifica Candy (interpretada por una Maggie Gyllenhaal que también huele a nominaciones), una prostituta ejerciendo por su cuenta en las peligrosas esquinas de la ciudad, y de la que más tarde descubrimos que tiene un hijo que ha puesto al cuidado de una madre ( la abuela del chico) que vive de forma bastante decente en los suburbios. Aunque como cualquier serie con el sello de Simon, la paleta de personajes es mucho más amplia: una estudiante de NYU que parece atraída por ese submundo turbio de policías, chulos, prostitutas explotadas, clientes de toda índole, etc. Aunque inesperadamente, con su puerta de entrada The Deuce no parece tanto una obra de David Simon como de George Pelecanos (probablemente sea una intuición prematuramente errónea de un servidor). No veo en esta radiografía del Nueva York apache un detallismo hiperrealista a lo The Wire, sino más una recuperación de ese ambiente a través de la memorabilia ligada al séptimo arte y con un relato negro como método de avance narrativo.

De hecho la serie se enjabona con el excelso cine setentero que ayudó a construir la memoria histórica a los que no pisamos las horas más bajas y temibles de Gotham. Es fácil apreciar la sombra del Scorsese de Taxi Driver y Malas Calles, pero también el Cowboy de medianoche de John Schlesinger, The Panic in needle Park, Última salida Brooklyn ( aunque la peli de Uli Edel se ambienta en los 50, la peluca del personaje de Gyllenhaal parece ser un homenaje a la que lucía Jennifer Jason Leigh en el papel de otra prostituta), French Connection y Distrito apache el Bronx, algunas de ellas citadas por MacLaren y Gyllenhaal como filmes que revisaron antes de ponerse manos a la obra. De hecho, especialmente en el trabajo de Maclaren, se aprecia ese esfuerzo por emular y transportar al que visiona a ese período. El uso acusado del grano, los travellings por las sucias calles de Manhattan, y todo el acurado trabajo de ambientación, repleto de detalles de dirección artística (apoyados por CGI ahí donde este no alcanzaba) que no solo ponen de relieve la envergadura del proyecto, sino la profesionalidad y el esmero por captar ese ambiente e invitar al espectador a su peligroso viaje.

El piloto de The Deuce se establece pues como una toma de contacto a un territorio prohibido de un Nueva York desaparecido, a una peligrosidad magnética. Navega más por un terreno sensorial, de capturar el ambiente, el sentir y los sinsabores de un periodo concreto de la ciudad que como un mapa narrativo. De entrada ha introducido los personajes y el fascinante decorado, y todo ello presume visionados valorados en lingotes. Ahora hace falta conocer si no sucumbirá al hype y decrece como Vinyl, una serie con la que comparte cierta escenografía y contexto, aunque el piloto de Scorsese sigue estando para este servidor entre las cotas de ficción más memorables de la pasada temporada. Pero si Vinyl se refugiaba en cierto cliché y homenaje musical subrayado, The Deuce parece preferir una sumersión realista a lo que se esconde bajo los adoquines más castigados de la ciudad, y a la turbiedad que aguarda detrás de esos escaparates de luz hipnótica.

En septiembre nuevas dosis para la retina.

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