Piloto de Revolution (NBC)

Revolution NBC

A J.J. Abrams (Aka Mr. Bluff o el humo negro) se le termina el crédito a pasos agigantados. Aunque sigue gozando de cierta reputación entre las esferas judías del show business yanqui, de la que se sirve financiación para sus proyectos, parece que las embaucadas al público se están agotando… se ha convertido en un David Copperfield sin su Claudia Schiffer. Todo esto viene a cuento por su última serie, la sonada Revolution. Y de hecho el desmérito de esta producción no habría que atribuírsela directamente, o únicamente, al responsable de Alias, ya que el creador de la misma es Eric Kripke (Supernatural), pero como todos se han empeñado en presentarla y venderla como la nueva ficción made in Abrams mind, los primeros palos hay que dirigirlos hacía su cabezota de listillo.

Y los segundos deberían ir hacía Kripke y su plantilla de guionistas. De entrada por una premisa que va a entrar con calzador a ignorantes de mi estilo que tuvieron que aprobar las ciencias con chuletillas y el apoyo de nerds generosos. Revolution arranca con la llegada de un extraño fenómeno que ha dejado el mundo sin energía eléctrica, y con todos los aparatos electrónicos inservibles. Algo que se antoja inconcebible para la frágil mente que aquí teclea, pero que gracias a las aportaciones de lectores avispados que nos leen, descubrimos que es un fenómeno real atribuible a una radiación electromagnética.

En un marco de escenario preapocalíptico se nos introducen a los personajes que nos acompañarán a lo largo de su recorrido. Empezando por Ben, un científico y padre de familia que parece tener la respuesta de todo desde el momento que predice la eclosión del fenómeno unos pocos minutos antes de que ocurra. A su lado, su mujer ( Elizabeth Mitchel, la Juliet de Lost) y sus dos hijos, y a varios kilómetros de su hogar su hermano, un militar, acompañado de un compañero, un tal Monroe, quienes reciben la llamada de Ben alertando de lo que está a punto a pasar. Tras el apagón se nos emplaza a un “15 años después del apagón”, la tierra ha retrocedido siglos a nivel tecnológico, los supervivientes se agrupan en repúblicas gobernadas por milicias, viviendo en aldeas o en las grandes ciudades norteamericanas invadidas por la fuerza de la naturaleza, el aspecto general es algo como un medievo entre ruinas de la civilización moderna.

En una villa que recuerda a la de “The others” en Lost, o la de Night Shyamalan en El bosque, vive un envejecido Ben, con sus dos hijos ya creciditos. Todo se tuerce con la llegada de unas tropas de Monroe, capitaneada por Neville (Giancarlo Esposito, Mr. Pollo de Breaking Bad), con la misión de capturar a Ben. Tras un forcejeo entre el hijo de éste y la milicia, Ben cae muerto y la milicia arresta a su hijo. Cuando su hija Charlie ( Tracy Spiridakos), lamentablemente la verdadera protagonista de esta historia, llega al lugar del incidente, se encuentra a su padre moribundo, quien alcanza a decirle que encuentre a su hermano para que les ayude a recuperar al hijo/hermano secuestrado. Es entonces cuando empieza el viaje de esta ficción.

La primera y visible cagada de Revolution es uno de los peores castings que se recuerdan en mucho tiempo. Si digo que ni el gran Giancarlo Esposito convence en su papel de capitán mezquino creo haberlo dicho todo. Pero la mayor colleja tendría que llevársela el desalmado que se envalentó para poner a esa niña como heroína protagonista de su trama. Una vez más los jodidos teenagers y sus cursis historietas centran las preocupaciones de los de arriba y eso lo pagamos los de abajo. Porque como dejo entrever es casi imposible que alguien mayor de edad, y en su sano juicio, pueda sentir la más mínima simpatía por esta chica. Lo mismo o peor se puede decir de la mujer que la acompaña en el viaje (recé para que muriera en el primer combate), del hermano asmático, y de ese geek ex trabajador de Google que huele a vergüenza alimentada y impuesta por iluminados (“tu ponlo por ahí, que seguro que nos ganamos la complicidad de esos que no conocen el significado de vida social”).

Por si esto no fuera suficiente, el mundo postapocalíptico recreado se les ha ido un poco de las manos. Tanto arco y ballesta, todos esos looks y escenarios que apestan a los Juegos del hambre (uy, ya estamos otra vez con el rollo de la heroína), y todas esas preguntas que irrumpen por las grietas del concepto detrás de la puesta en escena… ¿de verdad dependemos tanto de los dispositivos electrónicos?, ¿no hay tijeras ni para podar un poco? (espero que la liga de la moralidad norteamericana haya intervenido en el tema de los desnudos femeninos) ¿Por qué todo está en ruinas? ¿Los impulsos electromagnéticos también tiran abajo las típicas columnas helénicas que uno se encuentra habitualmente en los hoteles de lujo de Chicago?, ¿qué pasa con las pistolas y escopetas?… ¿nos hemos vuelto tan arcaicos que las balas están demodé? Muchas incongruencias en el planteamiento y recreación de ese mundo post apagón, que eso sí… que sabe lucir bien en pamntalla debido a la generosidad de presupuesto invertido.

En ese sentido se intentan abrazar tantas coordenadas estilísticas y estéticas que la mezcla es un tanto desfasada y difícil de asimilar, al menos, en su primer contacto.

Por último destacar de este piloto su endiablado ritmo, parece como si los guionistas fueran todo el día pasados de speed, porque no hay ni un solo momento de pausa o enfriamiento, 42 minutos de ritmo imparable, de acciones que se suceden encima de la otras, y que en lugar de arrastrarte provocan en ti una saturación… una exceso de acelerada que no permite pararte en la marca deseada.

A pesar de todo estos lamentos a su contra, Revolution tiene algo de lo que sentirse orgulloso…y es que no juega con misterios, ni con las perspectivas desatadas de su público. Aquí no hay trucos de magia, bolitas, cajas vacías,  ni trileros. De hecho hay un par de incógnitas que parece que las van a resolver pronto. Es una serie que va de frente con su historia de acción y supervivencia, y en ese sentido, se transforma en un producto mucho más honesto de lo que nos tienen acostumbradas las majors televisivas.

¿Será suficiente estas dosis de entretenimiento alegre y jovial para mentes no demasiado críticas o caerá por su propio peso hasta la cancelación? esa es una decisión que los espectadores tienen en su poder. Yo de momento, pese a las graves deficiencias comentadas, aquí uno se mantendrá un ratito más subido a este bote.

 

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