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Review: The Good Wife 6×08

posted by Paloma Méndez Pérez 23 noviembre, 2014 0 comments

The Good Wife 6x08

Ambientes inseguros, 30 pies de separación, hostilidad, desconfianza. Eso nos trae este capítulo, la sensación de oscuridad y peligro, la inseguridad de aquellos que tienen que entrar en su cuarto de baño para mantener una conversación telefónica.

El capítulo comienza saludando al hermano de Alicia. La familia de la protagonista es siempre bienvenida por lo que traen consigo; unos líos insignificantes y casi telenovelescos que derivan a casos de derechos civiles en el menos grave de los asuntos.

En este caso es la asistencia legal de una alumna en un proceso ante un comité universitario para tratar la posible expulsión de un alumno acusado de violación. Que algo tan grave se pueda presentar ante la misma institución que estudia qué pasa contigo cuando copias los deberes, es una ofensa casi comparable a la de la violación. El debido proceso es algo tan importante y necesario para impartir justicia como la integridad misma del tribunal. El que nos ocupa está formado por personas sin instruir siguiendo un manual parecido a una guía de autoayuda. Más dramática aún es la resolución del caso. La víctima decide no continuar el proceso en un tribunal “real” porque el castigo de la expulsión de su agresor le parece suficiente. Cuando una situación como esta, un caso de violación, emerge, la agresión aunque contra una persona en concreto, en realidad se produce contra toda la sociedad que está en peligro de ser víctima de ese delito. Por lo que si no se hace justicia para toda la sociedad, entonces la justicia no se ha aplicado. En TGW nos plantean el alivio inmediato de la víctima como fin del proceso. Hemos visto probablemente el primer gran caso de la temporada con verdadera trama con debate jurídico de fondo.

Kalinda y Cary ahora son un trío porque Kalinda ha retomado contactos con la agente del FBI. Cary no es ajeno a esta realidad, que ya sospechaba y enfrenta a chica para que le preste su atención incondicional, digámoslo mejor, en exclusiva. Recibe un NO por respuesta que encaja tan poco deportivamente como el mejor Cary Agos nos tenía acostumbrados. Eso sí, el mismo Cary Agos se intuye de vuelta, ese que no dejaba pasar una oportunidad y al que parecía que continuamente le goteaba sangre del colmillo. Tras unas actuaciones en su simulacro de declaración que le acercaban inexorablemente a una condena, parece haber retomado las riendas de su futuro. Mejor así, que abocarse a una muerte por pena porque alguien que todo sabíamos de qué pié cojeaba, finalmente decidió cojear de ese pié (y me estoy refiriendo a la alergia al compromiso). Eso en lo que respecta a él. En lo que respecta a ella, mucho más humana y relajada o eso nos quieren hacer creer en la serie, desde que ha empezado a verse de nuevo con la agente federal, aunque sigue escuchando detrás de las puertas y en tratos con Bishop. El mismo que le entrega una tarjeta para que la coloque en la cartera de la agente y que Kalinda acaba rompiendo al final del capítulo y que ha dado lugar a todo tipo de elucubraciones. Especialmente desde que se sabe que Archie Panjabi dejará la serie al final de la temporada.

En la carrera por la fiscalía, como ya comentamos en el capítulo 7 nos hemos puesto serios. Así que todos vimos el desastre cernirse sobre la cabeza de Alicia cuando tras escuchar la opinión de un grupo focal, decidió que su buena obra sería la de fregar una olla con un traje que no nos pondríamos ni para una entronización en Londres. Mal hecho. Ahora intervendrá Eli Gold porque a estos niveles hacen falta profesionales.

Capítulo de apariencias, turbio, en el que predomina la vulnerabilidad y el riesgo y que deja grandes interrogantes para digamos este tercio intermedio de la temporada.

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