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Review: The Good Wife 6×12

posted by Paloma Méndez Pérez 19 enero, 2015 0 comments

The Good Wife 6x12

Esta semana para poder hacer justicia con The Good Wife en El Destilador Cultural tendríamos que comentar el capítulo por fascículos o realizar una crítica en varios volúmenes. Normalmente es una serie que no baja el nivel de tensión, con distintos casos que se entrecruzan y líneas argumentales varias. Pero en este capítulo hemos tenido más, lo que vimos fue como se colgaron otra medalla, al demostrar que ellos también pueden crear tensión, tener diálogos rápidos, mezclar amor y política y enseñarnos cómo se rueda un debate. Un casi tiempo real que no tiene nada que envidiar a la mejor The West Wing.

Empezamos con un caso de violencia racial con policía de por medio. Es decir, todas las papeletas para terminar en gente quemando contenedores. Como bien dice el pragmático Eli Gold, en este capítulo acelerado como nunca, “si sales con la equipación antidisturbios, creas un disturbio”. Vivimos el caso desde la perspectiva política que no judicial, que seamos claros, es hacia donde va esta serie. El gobernador posicionándose como figura prominente por encima del alcalde que está Desaparecido en Combate, unos ciudadanos mencionando el ébola, Eli consolado por un pastor y la amante del gobernador saliendo a lágrima viva del coche. Como veis, eso solo podía terminar de dos maneras o en película de Berlanga o en Aaron Sorkin. En The Good Wife lo resuelven sin perder la sonrisa, pero con el aplomo del presidente Bartlet. Después de tanto sinsentido, al final, las palabras de la viuda del ciudadano asesinado y la actitud del gobernador, salvan la situación encumbrándole y tapando su nueva aventura.

El debate de Alicia tiene la misma carga de seriedad y buen rollo que la temática de Peter Florrick y los disturbios. Tardamos en ver a Jon, después del beso que cerró el capítulo anterior y cuando lo hacemos, aparece con la noticia de la nueva amante del gobernador. Eli sale corriendo, el formato del debate tiene más normas que las damas chinas y Alicia se pierde. Renace cuando se enfrenta al periodista que va a preguntarle por la amante de su marido. Ese discurso del “¿Cómo te atreves?” debería estudiarse en las facultades de política. Para no perder el tono, acabamos en un debate en la cocina del hotel del que Alicia sale definitivamente ganadora. De hecho, Frank aprovecha el veredicto del juicio y con la excusa de los posibles disturbios termina el debate. El gobernador no es el único que se salva por la campana.

De vuelta a Florrick/Agos tenemos el retorno de la cabra en la que se reencarnaba el diablo en El Día de la Bestia. Es decir, David Lee como fichaje estrella. A Alicia le hace la misma gracia que me haría a mí y mira que no trabajo allí y los veo una vez por semana. Y aquí viene unas de las grandes broncas de la noche. Diane le afea a Alicia que ella siga en la carrera por la fiscalía, cuando precisamente es el día que Alicia se ve más cerca de ser fiscal. Yo firmaría para ser Diane Lockhart ahora mismo, pero cuando le pide explicaciones a Alicia sobre por qué sigue en la carrera por ser fiscal tras la retirada de Castro, está considerando que tenía que haber otro motivo, además de ser la mejor fiscal posible, para presentarse. Que el hecho de que Alicia decidiera seguir o no en la carrera debería basarse en algún sacrificio o entrega por su parte, algún motivo oculto que sirva para otorgarle sentido. Entonces, es Alicia quien tiene toda la razón cuando le responde a Diane que eso nadie se lo exigiría a un hombre. El plano de Alicia mirando a Diane y Cary al final del capítulo, me dejó con la duda de si nos muestra la añoranza por el trabajo de abogada o la mirada que echarías a tus rivales.

Además de todo esto, el capítulo también enfrentó las consecuencias del beso de la semana pasada y nos mostró un sentimiento de decepción en Jon, cuando Alicia le dice que no significó nada para ella. No sabemos más, pero tenemos claro que a ella no le gusta que le digan cómo debe sentirse y que al menos Jon y Finn destilan un halo de integridad y honestidad que era más difícil de percibir (dejémoslo ahí) en Peter y Will.

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