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Twin Peaks: Episodio 3×08

posted by Omar Little 27 Junio, 2017 2 Comments

Twin Peaks 3x08

Voy a intentar ser lo más escueto con el siguiente adagio…David Lynch ha ampliado las aceptaciones de “genio” en la entrada de la RAE mediante el último capítulo de Twin Peaks. El 3×08 es un acto revolucionario en la televisión, un artefacto a medio camino entre el videoarte, la instalación de arte, el cine experimental y las series. Una locura impredecible en el camino de vuelta al lugar que engendró la mejor serie de todos los tiempos. Un impulso creativo  que deja desarmado hasta al más erudito de la fantasía dadaísta del creador de Montana. Una nueva ración con la que volar la tapa de los sesos y explotar los cimientos de la narrativa televisiva.

Con su última genialidad, el de El hombre elefante ha ofrecido material sobrante para tesis y disquisiciones que seguirán sin líneas de conclusión claras y firmes de aquí a 10 años. Más perdidos que nunca, Lynch ha vuelto a dar un golpe de estado autoral para dar cuenta de quien maneja las riendas del retorno, y de paso, dejar un intermedio desvinculado de la línea argumental de la serie, su particular “The Fly”, que dejará a algunos con los lagrimales secos (presente) y a otros más cabreados que nunca. 

A diferencia de otros episodios de esta tercera temporada, no tiene ningún sentido acercarse a este nuevo episodio con un repaso cronológico de lo sucedido, porque el de Mulholland Drive se ha vuelto a mear en la narrativa al uso, en la trama y en el avance previsible con un capítulo cuya único empujón narrativo ha sido la muerte (temporal) del Cooper malote por parte del compañero de fechorías. Un asesinato con el que ha arrancado el viaje alucinante hacia la desatadura de cualquier atisbo de lógica en el universo en pantalla. Un arranque dispuesto por esos homeless, que como duendes de un bosque salido de Inland Empire,  han irrumpido para realizar un ritual macabro alrededor del cadáver de Cooper. Un nuevo quiebro en el esquema de la serie que se ha manifestado incluso con la actuación de NIN en Roadhouse: más larga, con presentación incluida y dispuesta en el primer cuarto del capítulo en lugar de los títulos de crédito finales.

Aunque la verdadera voladura de cabeza ha llegado después, cuando Lynch ha inducido a su criatura a un flashback hacia la cita histórica en Nuevo México del 16 de julio de 1945, a las 5:29:45 am, hora exacta en el que se llevó a cabo la prueba Trinity, el primer test nuclear de la historia. Un largo y terrorífico (donde el Threnody for the Victims of Hiroshima de Penderecki ha influido, y mucho) travelling hacia el epicentro de esa explosión que ha dado paso a una exploración alucinante hacia el origen del mal. De algún modo conectado con los dos polos de la serie, el bien y el mal, representados en el retorno por los dos Coopers, excusa principal para dar vida a este fascinante, perturbador  y electrizante viaje por la atomización del mal y el dolor. Primero mediante un viaje sensorial (¿acaso no es eso buena parte de Twin Peaks?) que puede ser visto como el reverso oscuro a la creación de la vida explorada por Malick en Voyage of Time y El árbol de la vida o el 2001 de la televisión. Texturas multiformes, colores, diseños imposibles en pasmosos travellings nos han hecho vibrar con emociones inescrutables. Un viaje que ha terminado con la llegada a una gasolinera – ya con el blanco y negro fijado -, donde hemos visto en time lapse a esos homeless duende que rodeaban al Cooper malo. Poco a poco, Lynch ha ido introduciendo nuevas pistas a través de relatos paralelos y de corto minutaje en ese pueblo de la América rural salpicado por la radiación nuclear tal y como ha quedado expuesto con esa asquerosa rana cucaracha.

Unas imágenes del horror escondido en la supuesta América de la felicidad, la que abarca desde la posguerra hasta los años 60, recuperadas poco después por el gigantón de la habitación roja, quien las ha reproducido hasta crear un artefacto lumínico, una bola de dragón que una mezzosoprano ha acariciado hasta aparecer la cara de Laura Palmer – anteriormente había salido la de Bob en el cuerpo de Cooper y en la nebulosa del test nuclear -, simbolizando así las fuerzas del bien. Escenas surrealistas, sembrando y acrecentando el sentir WTF!, que se emparientan con Eraserhead. Finalmente, tras asistir a la entrañable relación amorosa de dos chiquillos de ese pueblo (él, un Cristiano Ronaldo en potencia, ella, ¿la imagen de la América inocente contaminada/poseída por el mal?) hemos visto como uno de los homeless, con pitillo en la comisura de los labios, ha empezado a sembrar el terror en ese apacible pueblo, como años después, haría Bob en la localidad de Twin Peaks.

De nuevo desubicados, desconcertados, perdidos pero encantados de estar ante esa situación y de estar compartiendo tiempo en la tierra con un genio cuyos significados son reseguidos sin vale de confirmación posible. Lynch no es un cineasta político, pero a mi modo de ver, el capítulo 8 se ha construido como una alegoría de la América post 1945, sobre la podredumbre y turbiedad escondida bajo una superficie resplandeciente y supuestamente impoluta, como ya apuntaba con maestría en la apertura de Blue Velvet. Sea como sea, Lynch sigue escribiendo la historia del medio a ritmo semanal. Alabada sea su masa gris.

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2 Comments

Chris 27 Junio, 2017 at 23:51

Creo que en este ultimo capitulo, asistimos a unos de los quiebres paradigmaticos mas intenso de los últimos años, no porque lo haya hecho Lynch y Frost, si no que por lo rupturista del relato en medio del panorama dominante en la televisión actual, si hablábamos que algunas series estaban explorando cosas distintas, este episodio viene a dinamitar todo, encuentro sumamente sano este ejercicio de atrevimiento visual, porque empujara a jóvenes creativos a proponer cosas distintas para la televisión del futuro. Este tipo de episodios, solamente se podían ver en el cine o en trabajos audiovisuales independientes. Mike ya había afirmado a Cooper (en la segunda temporada) que Bob llevaba cerca de 40 años entre nosotros, los mas minuciosos se darán cuenta que las fechas y lugares calzan entre estas tres temporadas. Disculpen si el comentario es muy fan, pero lo del domingo fue un blow mind de aquellos

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Omar Little 28 Junio, 2017 at 03:52

Nada de disculpas, creo que somos los fans de Lynch los más capacitados para ver la dimensionalidad del espectáculo orquestado el domingo, el resto, me temo, que solo van a apreciar una tomadura de pelo, una paja mental iconexa…suerte con ello. El 3×08 no fue solo un acto rupturista plenamente consciente con el esquema propio del retorno de Twin Peaks, que a su vez, supone un acto rupturista con la series original, sino, como comentas, con la televisión y los formatos televisivos actuales y pretéritos. Lynch se pasa por el forro cualquier ley, convención y al espectador medio como diría Simon para emerger una criatura experimental, que como 2001 en 1968, dejará estupefacto al personal, y solo con el paso del tiempo se le añadirán las capas de significado que confirmarán la genialidad del “cabeza borradora”. Una comparación con el clásico de la sci-fi que le va como anillo al dedo porque la larga secuencia por el interior del hongo atómico recuerda estéticamente a una de las más populares de la obra de Kubrick.

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