Review

Twin Peaks: Episodio 3×13

posted by Omar Little 9 agosto, 2017 3 Comments

Twin Peaks 3x13

El retorno de Twin Peaks permanece alojado en las azoteas de una forma angulosa y disconforme, indispuesta en una mala posición, como si no terminará de encajar con nuestras expectativas, por supuesto, pero tampoco con la aura de proeza demostrada por su creador.

En su última parte, en lugar de ordenar los muebles, sigue moviéndose en círculos con una desconexión que permanece lejos de la inspiración inicial y que pone a prueba la paciencia de muchos.  Otro paso atrás en lo que debería suponer el asalto del tercer acto y el descifre de las coordenadas narrativas del retorno.

Si hay una historia especialmente desconectada, y ahora mismo aislada, es la del Cooper del lado oscuro. Este episodio del Cooper melenudo forzando los bíceps de unos malotes de postín, propios de The Walking Dead, ha resultado tan desconcertante como bochornosa. La lección extraída es que Phillip Jeffries está detrás del intento de asesinato del Cooper malo por parte de ese ex-socio que la palma a lo Mr. Orange. Al parecer el tal Jeffries se mueve por The Dutchman, y el Cooper maligno se dirige a su encuentro, con lo que si de verdad existe aparición de David Bowie lo sabremos pronto. Lo único destacable de ese encuentro con la banda de badass ha sido el puño de hierro y la (des)contención con la sangre desparramada. Otro apunte interesante de la ridícula secuencia ha sido descubrir que el cabra loca nieto Horne es uno de los miembros de ese club de malotes. En esa trama noir con coqueteos ridículos, ha aparecido también la pareja criminal compuesta precisamente por el actor que dio vida a Mr. Pink en Reservoir Dogs y Jennifer Jason Leigh, conduciendo por las carreteras de Utah, y hablando sobre los hábitos de los mormones. Un apunte sin demasiada importancia a simple vista.

Más interés genera el embrollo alrededor de Doug, o sea, la pata cómica de esta amorfa criatura de lejano deje Twinpeakero. Además de la entrada triunfal con las azafatas drogadas y los hermanos Mitchum para poner de relieve el agradecimiento prolongado desde el capítulo anterior, Dougie ha vuelto a escapar de la muerte, la que le quería procurar el personaje de Tom Sizemore con un veneno suministrado por un poli corrupto – escena que ha venido precedida por otra protagonizada por esa dupla de hermanos policía en lo que supone la extraña exploración lynchiana al universo de ZAZ y Abbott y Costello. Sin embargo, una vez más, la pura casualidad, impulsada por elementos icónicos de la serie (el café y la cherry pie), ha terminado evitando que Dougie bebiera ese café envenenado, y a su vez, auspiciando un terrible sentimiento de culpa en el verdugo wannabe, hasta el punto que ha confesado delante del jefe de la aseguradora y jurado testificar en contra del poli corrupto.

Por su parte, Twin Peaks ha ocupado buena parte de la segunda mitad del capítulo a través de la la galería de personajes recuperados. Audrey Horne ha vuelto tras su terrible primera aparición la semana pasada para confirmar el desencaje de su personaje a través de una discusión con su enano marido rellenada con apuntes meta sobre el personaje y la propia Sherilyn Fenn. Ed, el gasolinero, ha vuelto (juraría que por primera vez en lo que llevamos de retorno) al lado de su antiguo amor, y del propio Bobby que sin intención de importunar ha terminado sentado en la misma mesa del Double R Diner, pero en realidad ambos se han mudado a otro sitio cuando ha irrumpido el novio y socio de la jefa mesera para enarbolar un discurso comercial sobre la cadena de diner abiertos a la sombra del original y las estrategias de costes y marketing que deberían adoptar para mejorar el rendimiento. Algo a lo que la jefa se ha mostrado disconforme, en lo que ha resultado una discusión interesante sobre el valor de mantener la calidad original por encima de cadenas de mayor beneficio empresarial. Aunque como tantas otras cosas en ese capítulo, desubicadas y desconexas con las tramas y subtramas exploradas por la ficción. Entre medio ha habido encuentro entre Nadine y el Dr. de las palas, tema que, por supuesto, han tratado con admiración mutua. Leland  Sarah Palmer ha vuelto para tirar la piedra angustiante y poner a prueba la paciencia del espectador en una dilatada escena en que la hemos visto buscando gotas de alcohol mientras en su televisor un combate de boxeo vintage se reproducía en loop. El significado, más allá del desconcierto y la intranquilidad que deja su visionado, se aloja bajo llave en la mente de su creador.

Finalmente, el flojo episodio ha concluido con otro largo plano, en este caso un travelling in hacia Ed, sentado en la mesa de su gasolinera y quemando una nota que tiene en su mano. Una gasolinera, que por cierto, presenta muchas similitudes con la que vimos en el fabuloso episodio 8.

Inquietante desorientación argumental y de tono que presenta la serie, con dos últimos capítulos debajo de la media, y que empiezan a crear en este servidor la duda de si los tres vértices se unirán nunca y de si Lynch/Frost serán capaces de volver a levantar su producto como en la entrada y el susodicho capítulo intermedio. Twin Peaks reclama un punto de inflexión que vuelva a agarrar a los Freak Peaks, y este capítulo ni lo ha insinuado.

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3 Comments

Juanje 9 agosto, 2017 at 16:06

Hola de nuevo, Omar Little y todo el equipo de El destilador cultural:

Desde que acabó la inigualable y magnífica Mad Men no recuerdo si he escrito un par de veces en esta página en la que tan buenos y prolíficos momentos pasé durante la última temporada de la serie estrella de Matthew Weiner (¡qué ganas de ver su nueva serie el año que viene!), pero a partir de ahora, ya que tristemente va llegando al final este ansiado retorno con solo cinco episodios para poner la guinda a este pastel de cerezas que hay que digerirlo con más de una buena taza de café y algún que otro dolor de cabeza, me gustaría dejar mis sentimientos y opiniones respecto al producto de Lynch y Frost.

La temporada no ha sido fácil de ver en ningún momento. Cuando vi el primer episodio me quedé de piedra. Habiendo visto toda la filmografía del señor Lynch (al que apreció y detesto a partes iguales, según la película), no me esperaba que pasara todo lo hecho en sus últimas tres películas (de las que solo me gusta considerablemente Mulholland Drive) en la serie que lo creó todo. Pero lo hizo. Y a medida que se han emitido los episodios y todo es cada vez más raro, confuso y desordenado, más ganas tengo de que llegue el lunes para ver por dónde van los tiros en la ración lynchiana, porque a diferencia de otras series no creo que nadie se atreve a aventurar nada de lo que pueda pasar, y ese halo de sorpresa y misterio no lo recordaba desde que vi la serie original. El caso es que estoy atrapado de verdad en este universo sin comparación que es Twin Peaks.

Bien, llegados a esta semana, me ha parecido el episodio más completo desde el portentoso Episodio 8. Lynch y Frost nos han mostrado buenas escenas de casi todos los personajes protagonistas (quitando a los Blue Rose, que hoy no les ha tocado), así como han traído personajes que no habían salido aun o apenas de la serie origen (Ed y James Hurley), y permitidme decirlo, pero la escena de la banda de malotes me ha puesto en tensión incluso sabiendo prácticamente lo que iba a pasar, no le veo ningún problema de ejecución, de verdad que lo digo. Además, otra cosa que me lleva flipando desde que empezó este retorno son todos los detalles y recaditos de Lynch a las cadenas de televisión y a otras industrias de la sociedad mercantilizada que estrujan a más no poder sus «gallinas de huevos de oro» a través del guión de sus personajes, encajándolos perfectamente en la historia ya de por sí retorcida. Esto, a través de una serie de ficción tan personal y con un estilo inimitable, me parece digno de apreciar hacia el genio de Montana, que sigue a un nivel de creación artística desbordante. Quizás ha habido un par de escenas más largas de lo normal o innecesarias (la de Sarah Palmer o el final), eso sí. Y lo de Audrey (según ciertas teorías que circulan por la red) no me extrañaría nada que estuviese en coma y todo lo que vemos sea dentro de su cabeza, ya se verá. La cuestión es que entiendo que no es una serie para todo el mundo y que incluso a los que éramos fan de la original nos haya costado un poco engancharnos, pero de corazón lo digo, y habiendo escuchado una reciente entrevista del señor Lynch, esto es una película de 18 horas, y no hay que juzgarla quizás como a otras series de TV. al estilo Game of Thrones (cuya temporada actual está a un nivel que se supera episodio a episodio, siendo sin duda alguna mi favorita de toda la serie), pero es simplemente mi humilde opinión.

Os llevo leyendo cada semana, pero por falta de tiempo hasta ahora no he podido comentar antes. Ahora que si puedo no dudéis que comentaré cada semana esta serie que marcará un hito en la historia de las artes cinematográficas y televisivas, antes o después.

Un cordial saludo,

Juan Jesús López L.

P.D.: os apunto un pequeño error del review: no es de Leland Palmer la escena, es de Sarah Palmer. Esa equivocación seguro que ha sido por las ganas de ver ya a este personaje 😛

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Alberto Varet Pascual 9 agosto, 2017 at 17:00

Para mí el capítulo ha sido increíble. Y estoy de acuerdo en lo que ha escrito Juan Jesús: es una película de 18 horas. Es un producto para la televisión que está cuestionando la naturaleza de la serie televisiva. Por ejemplo, en el capítulo anterior aparecía Audrey. Su aparición duraba como unos diez minutos de conversación que no iba a ningún lado. No entendías nada de la movida. Pero en el siguiente capítulo, con un detalle, ya sabes por qué aquella escena era como era. Es decir, las respuestas vienen dadas de forma dispersa. Es como ocurriría en una película de Lynch, pero como aquí no hay puesta en escena dentro de un capítulo, hay que esperar a los siguientes para ver qué significan las cosas.
Creo que es un lujo la aparición de una serie así. Habrá que verla una vez acabada de nuevo, pero es una delicia dejarse llevar sin pensar a dónde. Y el último episodio ha sido fantástico. Todas esas repeticiones (la televisión en la casa de los Palmer, la escena del pulso, el café que se bebe Ed y que vuelve a llenarse por arte de magia en el final…) indican que el mal está cerca (el Cooper malo ya está en Montana). De modo que Lynch las mata callando. La trama avanza, pero nunca como nos han enseñado que lo haga. Yo creo que es un gran triunfo. ¡Ah! Y no penséis que todas las respuestas van a aparecer al final. Esta nueva Twin Peaks es muy consciente de su naturaleza: hay una brecha de 25 años imposible de llenar de historias y microhistorias. Nunca sabremos qué ocurrió entre Bobby y Shelly, o los porqués últimos de la situación de Audrey. Lo dicho, fascinante.

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Omar Little 15 agosto, 2017 at 21:35

Gracias Juanje por reincorporarte con tus comentarios, apreciados son. Soy consciente de la naturaleza particular de la serie, y especialmente de este retorno, diseñado con plena libertad por su creador, al contrario de la original. Tampoco espero resolver todas las preguntas, ¿hay alguna película de Lynch, más allá de Dune, El hombre elefante y Una historia verdadera que queden todos los acertijos resueltos de una forma consensuada?. Pero desde el instante que me planteo escribir reviews de todos los episodios, mi labor es destacar las fortalezas y debilidades de lo visto en la perspectiva del presente, ya habrá tiempo para la valoración completa. Y si en estos dos últimos episodios el interés decaía, como ha decaído en otros episodios, se debe también apuntar, más sabiendo la perturbación y fascinación a la que nos es capaz de transportar su artífice, y cuanto estos elementos escasean, y se suman a soluciones estéticas y creativas discutibles, uno no puede más que sentirse algo decepcionado. Pero lo dicho, las conclusiones llegarán el 4 de septiembre, y serán precipitadas porque la dimensionalidad de la serie crecerá con el paso del tiempo, como ocurrió con la receta original.

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