EMI (1971)

Meddle Pink Floyd

Cuando el que esto firma era un chaval, Meddle era el disco de terror de Pink Floyd, y a día de hoy me sigue erizando el vello. Sólo hace falta escucharlo de noche en algún prado solitario de alta montaña, cerca de una líneas eléctricas para entenderlo. Más fácil, escuchen “Echoes” (su último tema) a oscuras en sus casas, y déjense llevar al paisaje descrito anteriormente. Porque esa es, precisamente, una de las grandezas de la música de Pink Floyd, su capacidad evocativa para transportarnos a diferentes parajes o estados de ánimo, golpeándonos emocionalmente durante el trayecto.  Tras rescuchar recientemente Meddle, me di cuenta que su paleta musical es mucho más amplia de lo que en un principio recordaba; sus temas van desde un par de canciones pop  (que no desentonarían en un disco de los Beatles), hasta el rock progresivo de “Echoes” , y permitiéndose incluso por el camino un tema blues, “Seamus”

El álbum te aspira desde el primer segundo con “One of these days”, uno de esos cortes galopantes y cíclicos que van construyendo a su alrededor un espiral de sonido sobre una base compuesta por el riff de un bajo, la cual parece regirse por la misma cadencia que adopta el vinilo cuando pasa una y otra vez por la aguja del tocadiscos. Poco a poco la canción te sumerge en lo más profundo con una psicodélica a modo de hipnosis que tan bien queda remarcada por el sintetizador que manejaba el fallecido Richard Wright.  Finalmente te sacude hacía el exterior con su parte más instrumental.

A éste le sigue “A pillow of winds”, un bello tema potenciado por su efectiva melodía y por la voz apacible y susurrante de David Gilmour, hasta el punto de ajustarse en los postulados de la canción pop setentera.

“Fearless” es el tercer tema del LP, y se reconoce rápidamente por iniciarse de forma abrupta con un riff in crescendo mientras de fondo se oyen los cánticos de los red, en concreto, el mítico “You’ll never walk alone”. A esto le sigue una estrofa calmada envuelta de efectos y apoyada en el confort que ofrece la voz del cantante. La canción divide su estructura entre la estrofa con el riff potente, y la parte más melódica apoyada en la voz. Pasmoso resulta ver la facilidad con que se cruza una y otra parte, y la habilidad del grupo para resaltar los momentos de aparente tranquilidad, para luego resquebrajarlos en mil pedazos con ese riff que pasa como una ráfaga cortante.  

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