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	<title>El Destilador Cultural &#187; David Simon</title>
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		<title>Domingo de serie: Treme (Temporada 1)</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Jul 2011 09:17:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Omar Little</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Diques musicales En la monumental The Wire David Simon, con cuchilla de cirujano, diseccionó la ciudad de Baltimore para destripar el crimen, la corrupción y la tela de intereses que se cernía sobre la ciudad. Luego le siguió la menos...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h5>Diques musicales</h5>
<p><img class="aligncenter" title="Treme" src="http://img713.imageshack.us/img713/5122/treme1.jpg" alt="" width="349" height="500" /></p>
<p>En la monumental <em><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/the-wire/">The Wire</a></em> <strong>David Simon</strong>, con cuchilla de cirujano, diseccionó la ciudad de Baltimore para destripar el crimen, la corrupción y la tela de intereses que se cernía sobre la ciudad. Luego le siguió la menos reivindicada <em><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/series-tv/domingo-de-serie-generation-kill/">Generation Kill</a></em>, donde esbozaba un crudo relato de un escuadrón de marines norteamericanos en la guerra de Irak.</p>
<p>La última mirada del genial autor se centra en la Nueva Orlenas post-Katrina. <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/treme/">Treme</a></strong> irrumpió en el panorama televisivo en 2010 de la mano de la inseparable <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/hbo/">HBO</a></strong>, y ya cuenta con una segunda temporada terminada.</p>
<p>Por razones que aún no logró comprender, este aficionado a las series e ídolo confesional de Simon, no terminó de ver su primera temporada hasta la pasada semana. Tiempo suficiente para verter mis satisfactorias impresiones tras el salto.</p>
<p><span id="more-7365"></span>De entrada Treme no parece un producto asignable a la impecable trayectoria de este autor televisivo. Sin embargo, tras los primeros capítulos, tras acomodarnos a su lento discurrir, si que podemos señalar con el índice algunas señas definibles de la narrativa de Simon.</p>
<p>En Treme la exploración descriptiva se come la acción. El relato se sustenta prácticamente en una galería de personajes que intentan recomponer sus vidas tras el devastador paso del Katrina por la ciudad que adoran. Pronto se nos aclara que los habitantes de la ciudad de Louisana son una especie aparte, con una idiosincrasia que los identifica y los diferencia del resto de norteamericanos. Nueva Orleans es una isla culturalmente rica, económicamente pobre y adminsitrativamente olvidada en este mar de islas compuesto por los Estados Unidos de América. Pero las gentes que la habitan están orgullosas de formar parte de ella, y pese a las desgracias e inconveniencias prefieren seguir haciéndolo a desplazarse a otro sitio.</p>
<p>En esa línea circula la mayor parte del relato de esta primera temporada. Seguimos a una serie de personajes que atraviesan dificultades de distinto calado (casi todas ligadas a los efectos del letal huracán) y cómo escogen diferentes caminos para afrontarlas, o en la mayoría de casos, sobrellevarlas.</p>
<p>En todas ellas se encuentran un componente indisoluble, inextirpable, básico, que actúa como elemento revitalizante de sus vidas, y que conforma el paisaje característico de esta ciudad cajun: la música. Una música que se respira, se palpa en todos los rincones y locales de la ciudad, y que actúa como una especie de catarsis para los castigados supervivientes. El jazz de Nueva Orleans intercede en todas las facetas de los habitantes, incluso en las más tristes y amargas, como en los entierros (de hecho la serie abre y cierra su particular círculo con una secuencia de un entierro con banda de por medio)</p>
<p>El eje musical, el <em>leit motiv</em> de la serie, es el jazz. Ese sonido característico de esta ciudad del sur que recompone las vidas de sus habitantes, que da de comer a sus músicos (en la mayoría de casos más de forma espiritual que literal), y que sirve como arma identitaria en las diferentes expresiones de carácter público que tienen lugar.</p>
<p>Con estas bases, no podía ser de otra manera, que la banda sonora de la serie a lo largo de todos sus capítulos sea un <em>must</em>, empezando por el irresistible tema de los títulos de crédito, y siguiendo por las aportaciones de artistas que han definido el sonido de la ciudad, de los cuales, algunos, hacen acto de presencia actoral a lo largo de la serie: <strong>Dr. John</strong>, <strong>Allan Toussant</strong>, <strong>Elvis Costello</strong>.</p>
<p>De la galería de personajes que componen este drama coral repiten algunos actores vistos en The Wire, e irrumpen con fuerzas otros rostros desconocidos. De las caras familiares vuelve a destacar <strong>Clarke Peters</strong> (detective Lester Freamon) en la piel de un gran jefe indio, o el carismático sabueso de homicidios que interpretaba Wendell Pierce en la serie policíaca y que aquí hace de músico callejero que se gana la vida como buenamente puede. De los nuevos rostros destacan los papeles del siempre enorme <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/john-goodman/">John Goodman</a></strong>, de <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/melissa-leo/">Melissa Leo</a></strong>, y de esa grata revelación que supone <strong>Steve Zhan</strong> en el pellejo del divertido y entrañable Davis McAlary.</p>
<p>La primera temporada de Treme fija su atención en esta reconstrucción de la ciudad a través del empeño y actitud de sus habitantes olvidados por su propio gobierno, y cómo la música, integrada en la ciudad, actúa como catalizador de ese modo de vida, tejiendo una particularidad cultural más resistente y efectiva que un dique de hormigón.</p>
<p>Este suculento plato criollo hará las delicias de los gourmets que se rinden ante la lucidez y la perspicacia de <a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/david-simon/">David Simon</a>. Sin embargo las mismas cualidades se le pueden atragantar al espectador que no esté dispuesto a la dispersión narrativa, al tempo lento, y a una narrativa que no se ciñe a un centro de acción claro, compuesto por un o dos protagonistas. Mientras os posicionais en un bando u otro, que siga sonando la música en Treme. ¡A por la segunda ya!</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/07/75.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-608" style="border: 0px;" title="7,5" src="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/07/75.jpg" alt="" width="145" height="160" /></a></p>
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		<title>Domingo de serie: The Wire (Temporada 5)</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Feb 2011 07:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Omar Little</dc:creator>
				<category><![CDATA[Series]]></category>
		<category><![CDATA[David Simon]]></category>
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		<category><![CDATA[the wire]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: left;">El ciclo de la calle</h5>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="The Wire 5a temporada" src="http://fx.fximg.com/imgs/23/23915b.jpg" alt="" width="250" height="353" /></p>
<p>Hay despedidas que te secan la garganta tras previamente haberte vaciado las cavidades orbitarias. Todos desearíamos que no llegasen nunca esos momentos, pero es una vez alcanzados, cuando valoramos con toda su plenitud los momentos compartidos y la grandeza de lo vivido. Esa sensación, de un corazón agonizando pero con una herida que supura bellos recuerdos por esos momentos en que bombeaba al 120%, es la que invadió mi cuerpo tras finiquitar la quinta temporada de <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/the-wire/">The Wire</a></strong>.</p>
<p>En la actualidad hay dos maneras de entender cómo funcionan las cosas. Una opción es leerse los más de 100.000 documentos descalificados por <strong>Julian Assagne</strong> y su organización, la otra es zamparse las cinco temporadas, que el sello de oro <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/hbo/">HBO</a></strong> ha editado de The Wire. El principal artífice de que me haya desecho en elogios en lo que llevamos de texto, y lo siga haciendo para el resto que sigue, es <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/david-simon/">David Simon</a></strong>; escritor, guionista, periodista y co-creador de obras tan mayúsculas como la de aquí. Su trabajo de campo desarrollado mientras trabajaba cubriendo los crímenes para el diario local de Baltimore, queda recogido en la lúcida radiografía de la ciudad de Baltimore que impregna cada uno de los poros de los fotogramas de esta serie. Habiendo trabajado doce años en la redacción del Baltimore Sun, Simon no podía contenerse de contar desde dentro los entresijos de las rotativas de un periódico, y es precisamente uno de los objetivos en los que centra su mira la quinta temporada, pero no el único.</p>
<p><span id="more-5292"></span>La quinta temporada de The Wire abarca tantas temáticas, argumentos, personajes, hilos pendientes de la trama que nos ha ido arrastrando hasta llegar a este punto, que resulta inimaginable resumirlo en un párrafo o incluso diez, como inimaginable resulta que esta serie fuera concebida para la televisión (pero para algo nació la HBO, y esa es otra historia). Pero a grandes rasgos resaltamos que Carcetti sigue empeñado en su ascenso como político, mientras el departamento de policía debe seguir con los mínimos recursos afrontando la épica guerra contra la droga y el crimen que sacude Baltimore. Por su parte, los ya entrañables policías y detectives tras las escuchas de Marlo, siguen empeñados, pase lo que pase, a terminar con su imperio. Además seguimos a los chicos protagonistas de la cuarta temporada. Y por último entra en juego un escenario inédito, y del que Simon es buen conocedor, los medios de comunicación representados a través de los reporteros que viven el día a día del Baltimore Sun.</p>
<p>Simon cierra así su personal círculo de la tragedia americana, la constatación de las grietas del sueño americano en su propio suelo, y lo hace cerrando una vieja herida personal y apuntando sus dardos hacia el cuarto poder. Una esfera del que Simon es buen conocedor tras pasar 11 años en el Baltimore Sun, cuyo microcosmo se convierte en esta quinta temporada, en un personaje más.</p>
<p>El código ético, la noticia como producto para la venta, las conexiones económicas y políticas que escapan al redactor de pie, el trabajo concienzudo contra marea y honrado de ciertos periodistas, la ambición cegadora del periodista que aspira a entrar en un diario de tirada nacional, y la alucinante trama que se crea para lograrlo son algunas de las huellas que perforan el cerebelo para perpetuarse durante lo ancho de esta quinta season.</p>
<p>Si en su día las cuchillas afiladas aterrizaron sobre los cuerpos de sindicatos, policías, políticos, responsables del sistema educativo, ahora la red se precipita sobre los periodistas, última pieza de este mapa devastador de la ciudad de Baltimore, y el personal cierre del verbo feroz de Simon sobre el narcotráfico y los tejemanejes ocultos.</p>
<p>Pero lejos de centrar su atención en una sola línea, en un solo campo, en destapar la mierda de un solo sector, la mirada sin miramientos de Simon sigue abarcando toda la complejidad de esta red de Baltimore que se disecciona en The Wire. Para ello, los guionistas se sacan un fabuloso, y al principio delirante, as de la manga argumental: la invención de un falso asesino de <em>homeless</em> que capte la atención de medios y políticos con la única intención de poder seguir trabajando en el caso de las escuchas de Marlo y su <em>gang</em>, después de que los cortes presupostarios terminaran con el equipo de escuchas. Una idea tan desfasada de entrada, pero tan bien implantada y estructurada, tan sólo podría concebirse en las oficinas de guionistas de este tótem televisivo. Y tan solo podía ser ejecutada en el mundo ficticio por los dos agentes de policía más inmortales de la serie; los detectives McNulty y Freaman.</p>
<p>Lo más venerable, es ver cómo a raíz de una idea disparatada logran articular todo el entramado narrativo, contraponiendo por un lado la persecución policial de los detectives hacía el entorno de Marlo y sus sanguinarios secuaces, y las artimañas por hace creíble la farsa del <em>serial killer</em>, que además es cubierta por el Sun sin respetar ningún código deontológico, hasta convertirlo entre todos en un  caso de notoriedad desbordante que se planta hasta la mesa del propio Carcetti. Esta situación disparatada da paso a momentos geniales, imborrables e incluso angustiosos. Y también humorísticos en cuanto observamos a McNulty dirigiendo los recursos del departamento debido a la cantidad de recursos acaparados, y que estará dispuesto a compartir de manera encubierta con sus compañeros para que trabajen con lo necesario en otros casos ( estos reales). Resulta todo un empache de genialidad ver cómo la bola se va haciendo grande y descontrolada, y ver que sus dos máximos responsables (McNulty y Freaman) están cogidos por las pelotas más que nunca en el propio barrizal que ellos mismos han creado por un propósito justo.</p>
<p>En esta temporada una vez más los dardos más envenenados se dirigen a los políticos, y a los máximos responsables del departamento de policía, que mueven los hilos del poder en consonancia a sus intereses  por perpetuarse en él.</p>
<p>Como ocurre con cada temporada de esta serie, el regazo de momentos que nos llevaremos hasta que lo senil invada nuestras vidas es de largo recorrido. Por la parte que me toca, nunca podré sacarme de la cabeza la caída del icono televisivo que me llevo a honrarle con mi apodo. La muerte de <a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/omar-little/">Omar Little</a> podría entrar en los hitos televisivos, porque se puso fin al menos arquetipo de un conjunto de personajes alienados con la realidad de la manera más inesperada. Un personaje que se alejaba de cualquier cliché para construir el villano amigo. Ese temible asesino que se regia bajo un código ético, que dentro de la gravedad de su condición, era decente. Un villano, que para más inri, era homosexual, pero que a pese todo, era la sombra negra más temida de las calles hundidas de Baltimore.</p>
<p>No muy lejos le andaría la muerte de &#8220;Snoop&#8221;, otro personaje que nos aterrorizaba por su edad, por ser una fémina, por su voz rota, y por la falta de humanidad que se respiraba en cada uno de sus actos.</p>
<p>Pero si hay escenas que grabaremos a fuego, son las últimas que suceden en el último capítulo, esas que ya se alejan de la propia trama de toda la quinta temporada,  las que nos explican los nuevos destinos, el que será de ellos. Y lo hacen a través de un montaje musical (con <a href="http://www.youtube.com/watch?v=q3UNGHoA2aY">la canción indisoluble a la serie</a>) que lejos de concluir con una mirada limpia y esperanzadora lo hace con un mensaje críptico, cínico y desesperanzador.  En ese montaje dinámico y breve, somos testigos de que nada parece que vaya a cambiar: que el testigo del justiciero con corazón que ocupaba Omar será cubierto por Michael, que el papel del personaje de “Bubbles” de marginado, atizado, víctima social y que busca en las drogas su única vía de escape recae ahora en “Duke” (quizás en una de las imágenes más tristes y dolorosas de las cinco temporadas), que el cargo de comisionario lo ocupará otra persona, que Carcetti será elegido gobernador, que la calle tendrá un nuevo rey, que en la prisión habrá otro asesino, pero que al fin y al cabo nada va a cambiar.  La corrupción que agrieta las calles seguirá haciéndolo. El ciclo de la calle se reproduce en otros nombres, pero la situación se seguirá cerniéndose sobre ellos con la misma fuerza devastadora con que lo hacía.</p>
<p>Quizás sea uno de los epitafios más tristes y emotivos que ha dado el arte  de la televisión. Esa despedida de McNulty mirando fijamente la ciudad a los lejos desde el bullicio constante e imparable de una autopista. Él, al igual que el espectador, es consciente que pese al trabajo de algunos la mierda seguirá allí. Se podrá limpiar alguna parte, pero siempre habrá alguien que vierta más mierda en la cloaca para beneficio propio y perjuicio de otros. Su mirada de Baltimore se cierra sin una nota de optimismo. Sin embargo, ese cierre al espectador sí que le supone un atisbo de alegría, el de haber sido testigo excepcional de una de las obras maestras de nuestros tiempos, y porque no, de la mejor serie que nunca se haya visto en televisión.</p>
<p>Como ya dije en la introducción, a veces  un epitafio puede ser amargo y bello a la vez. Y este, es uno de los más bellos y amargos.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/11/95.jpg"><img class="size-full wp-image-1649  aligncenter" style="border: 0px;" title="9,5" src="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/11/95.jpg" alt="" width="145" height="160" /></a></p>
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		<title>Treme: Open season</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Apr 2010 07:00:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Omar Little</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<h5>Tremazo</h5>
<p style="text-align: center"><img class="aligncenter" src="http://tvmedia.ign.com/tv/image/article/106/1061298/treme-20100114055932704-000.jpg" alt="" width="480" height="320" /></p>
<p>Ok, de los cuatro lectores de media que tiene mis entradas, dos habrán salido por patas al leer el absurdo subtítulo, pero sé que al menos uno de ellos, se habrá ido a ver inmediatamente <strong>Treme</strong> (yo ya me sentiría satisfecho), el otro seguirá creyendo que <em>Caso abierto</em> es lo más grande que ha parido nunca este medio.</p>
<p>Pero centrémonos en lo que de verdad importa aquí, en lo que es motivo de celebración: la vuelta del señor que cuenta todos sus trabajos por triunfos, el <strong>Bill Russell</strong> de la TV. Y evidentemente, hablo de <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/david-simon/">David Simon</a></strong>, co-creador de la magistral <em><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/the-wire/">The Wire</a></em>, y de la no menos, <em><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/generation-kill/">Generation Kill</a></em>, entre otros anillos que coronan su mano.</p>
<p><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/treme/">Treme</a>  nos sitúa en Nueva Orleans, tres meses después que el Katrina barriera (literalmente) la ciudad sureña. La nueva serie de Simon gira en torno a la recuperación espiritual y física de la ciudad, mediante el poder curativo de la cultura, en concreto, de la música. <span id="more-2881"></span></p>
<p>Aquí el telespectador no debe esperar ver la crudeza y la violencia que el mundo de la droga dejó en las retinas de los seguidores de The Wire, aquí el motor que mueve la trama, es otro tipo de droga: la música. Y ya se deja claro en la primera secuencia de su <em>open season</em> (la serie se estrenó en los EEUU el pasado domingo, a España llegará en mayo) con un <em>parade</em> con algunos de los personajes que pueblan la serie.</p>
<p>Su primer capítulo ha servido para presentarnos a los personajes que configuran este drama coral. Todos comparten el vivir en una ciudad devastada, que intenta rehacerse, y que a la vez están enojados con el trato recibido por las organizaciones gubernamentales (o más correcto sería hablar del no trato). En este entorno somos testigos de la vida de músicos como Antoine Batiste (<strong>Wendell Pierce</strong>), cocineros como Janette Desautel (<strong>Kim Dickens</strong>), profesores como Creighton Bernette (el siempre genial <strong>John Goodman</strong>), o el personaje que ya se ha ganado todo mi respeto Davis McAlary (<strong>Steve Zhan</strong>).</p>
<p>Como en The Wire, intuimos un dibujo preciso y auténtico de los personajes (de hecho Simon vuelve a contar con gente corriente para algunos de los papeles). De momento se perfilan algunas líneas narrativas de algunos de sus protagonistas, y dejamos las  tapiadas casas de Baltimore por el moho de las edificaciones destruidas.  Otra vez se respira autenticidad por cada poro, y el paisaje sigue siendo igual de desolador.</p>
<p>Además este capítulo de obertura,”Do you know what it means”, ha dejado ya patente, el esmero con el que se ha escogido la música, hasta el punto de que la <strong>HBO</strong> tiene en mente vender las canciones por Itunes. También para el recuerdo de este primer apetitoso aperitivo, el cameo de <strong>Elvis Costello</strong> en un bar de jazz, que por lo oído no será el único.</p>
<p>Han sido los primeros acordes del nuevo trabajo del gran Simon, pero estoy deseoso de seguir degustando esta comilona criolla. Seguramente muchos les decepcionará que de entrada la serie no destripe el pequeño cerebelo del espectador, pero estoy seguro que la imprenta de Simon, y su predilección por no dejar títere con cabeza, harán haciendo entrada. Esperemos que la tristemente reciente muerte de uno de los guionistas, <strong>David Mills</strong>, no interfiera en el desarrollo de esta serie, que de momento cuenta con 10 capítulos de una hora, y si la cosa gusta, se plantean cuatro temporadas más. De momento la cosa gusta, y el primero completado.</p>
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		<title>Domingo de serie: K-Ville</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Aug 2009 10:16:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Omar Little</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ficción Post-Katrina K-Ville es una serie de la Fox que prometía mucho más que lo que finalmente ofreció. Su premisa  nos situa en un Nueva Orleans destrozado (a todos sus niveles)  por el trágico paso del Katrina. En esa ciudad post-Katrina, ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: left;">Ficción Post-Katrina</h5>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-761 aligncenter" title="k-ville" src="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/08/kville.jpg" alt="k-ville" width="360" height="360" /></p>
<p><strong>K-Ville</strong> es una serie de la <strong>Fox</strong> que prometía mucho más que lo que finalmente ofreció. Su premisa  nos situa en un Nueva Orleans destrozado (a todos sus niveles)  por el trágico paso del Katrina. En esa ciudad post-Katrina,  adueñada por el caos, la violencia y la pobreza, patrullan una pareja de policías del NOPD. Precisamente la serie nos traslada a diversos casos y historias a partir de la perspectiva de esta pareja de policías interpretados por <strong>Anthony Anderson</strong>, y <strong>Cole Hauser</strong>. Hasta ahí todo correcto, y ingredientes suficientes para tirar adelante un buen producto audiovisual. Sin embargo, desde el primer capitulo las expectativas se ven dilucidas a un plano mucho menor.</p>
<p><span id="more-760"></span>El síntoma más evidente y preocupante del asunto es cuando percibes que su creador, <strong>Jonathan Lisco,</strong> y los diversos realizadores están más pendientes del aspecto formal que de su contenido. Eso se nota por una cámara hipernerviosa (que no para de moverse), por un color retocado, por ciertos truquillos efectistas, todo con el objetivo de disimular para los más incautos las deficiencias argumentales. A pesar de ello, un servidor quiso darle una oportunidad y no salí tan mal parado. La pareja de policías tiene cierta química, y poco a poco empiezan a caer bien, por lo demás las actuaciones flaquean bastante. Algunos capítulos tienen argumentos de peso, con los que mantienen la tensión y el interés, y por otro lado, el personaje de Cole Hauser tiene secretos pasados que coinciden con el día del fatídico huracán, un hecho con el que pensaba que se le sacaría más jugo narrativo la verdad.  Poco a poco se desvelan cuestiones sobre su personalidad, y sobre su pasado, y ese misterio en su personaje hace que mantenga un poco el interés de capítulo a capitulo. Y cuando la cosa iba mejorando&#8230;, va y esclata la interminable vaga de guionistas (con la que pasé una de las peores temporadas de mi vida), y con esas que la <strong>Fox</strong> decide cancelar la serie y dejarla incompleta. En fin, no fue una gran perdida, pero si que era una serie válida para amenizar las tardes de domingo.</p>
<p> </p>
<p style="text-align: left;">PD: Esperemos que<strong> Treme</strong>, el nuevo proyecto de <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/david-simon/">David Simon</a></strong>, le saque más provecho a una ciudad tan cinematográfica como es Nueva Orleans.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-341 aligncenter" style="border: 0px;" title="6,5" src="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/06/65.jpg" alt="6,5" width="145" height="160" /></p>
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		<title>Domingo de serie: Generation Kill</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Jul 2009 17:01:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Omar Little</dc:creator>
				<category><![CDATA[Series]]></category>
		<category><![CDATA[David Simon]]></category>
		<category><![CDATA[Ed Burns]]></category>
		<category><![CDATA[Generation Kill]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: left;">Perros en llamas</h5>
<p style="text-align: center;"> <img class="size-full wp-image-676 aligncenter" title="Generation Kill" src="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/07/generation-kill.jpg" alt="Generation Kill" width="652" height="447" /></p>
<p>Nos la han vuelto a dar. Nos han vuelto a dar una patada en las costillas, un codazo en la boca, un puntapié en nuestras conciencias. No, no es que el señor <strong>David Simon</strong> y el señor <strong>Ed Burns</strong>, creadores de <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/the-wire/">The Wire</a></strong>, se infiltraran en el batallón Bravo de los marines que lucharon en la última guerra de Irak. La realidad está en que estos dos señores han utilizado el material de la novela &#8220;<em>Generation Kill</em>&#8221; de <strong>Ewan Wright</strong>  para elaborar una mini-serie de 7 capítulos con título homónimo. Ewan Wrigt, periodista de la <strong>Rolling Stone</strong>, estuvo aproximadamente dos meses con el 1er. Batallón de Reconocimiento del cuerpo de marines de los Estados Unidos. De toda esa amarga experiencia publicó un artículo en la Rolling Stone bajo el nombre de <em>Elite Killer</em> (lo podéis leer desde <a href="http://www.rollingstone.com/news/story/5938873/the_killer_elite/">aquí</a>), con el cual cosechó el National Magazine Award del 2004. Más tarde, Wright sacaría de sus notas de la contienda el libro <em>Generation Kill</em>, de cuyo material,  los creadores de The Wire han construido el guión de la mini-serie. Con estos antecedentes en la mano, se puede entender un poco más que esta serie de la <strong>HBO</strong> sea un producto tan duro, realista, violento, de tintes documentales, y en definitiva, descarnado como los mismos hechos que retrata.</p>
<p>Por mucho que los guiones vengan de las mentes brillantes de The Wire, hay que distanciarse de este referente a la hora de enfrentarse a <strong>Generation Kill</strong>. Con la serie que retrata el mundo de la calle y las drogas en Baltimore sólo mantiene dos nexos en común. Uno es el crudo realismo, se sustituye la dureza del asfalto norteamericano por el polvo abrasador de Iraq. El segundo punto en común es que algunos de los personajes que aparecen en <a href="http://www.eldestiladorcultural.es/series-tv/domingo-de-serie-the-wire-4-temporada/">The Wire</a> nos los podemos imaginar alistándose al ejército para combatir en la guerra. Pero Generation Kill juega en otra coordenadas, la mini serie te sumerge en el día a día de un batallón de reconocimiento de los marines, focalizando su atención en la compañía Bravo, de la que nos iremos familiarizando a lo largo de los 60 minutos que dura cada uno de los 7 capítulos. En ellos observamos un abanico de personajes de lo más amplio y variopinto, de diferentes procedencias, con distintas ambiciones y motivaciones, pero con un mismo denominador en común: haber sido entrenados para matar. Algo que resulta fácil de decir en palabras, pero que espeluzna a medida que el relato te va desplegando las distintas personalidades que hay detrás de esos animales de guerra.</p>
<p>Es precisamente, en el retrato psicológico de los marines, cuándo el guión muestra sus mejores puntos. En uno de los principales caracteres está el sargento <strong>Brad &#8220;Iceman&#8221; Colbert</strong>, inseparable de su M-4 y que como su apodo bien indica es un hombre frío, que se debe a sus hombres en cuerpo y alma, que entiende que las misiones y sus resultados son un sin sentido pero es consciente de que su lugar en la vida está ahí y comportándose como un guerrero. &#8220;Let&#8217;s go to work&#8221; es la frase predilecta de Iceman antes de entrar en misión, un ejemplo perfecto de su personalidad y su filosofía ante todo. Le acompañan en su Humvee (vehículo de exploración que utiliza la armada, datos como estos los aprende uno siguiendo la serie), <strong>Josh Ray Person </strong>(el Ziggy de The Wire), un excitado cabo con una verborrea impagable, no hay nada de lo que Ray no sepa meter el dedo en la llaga siempre con la habilidad de dar en la diana. Es un poco, el personaje cómico que va adquiriendo conciencia de las atrocidades acometidas. También encontramos a <strong>Trombley</strong> (interpretado por el mismo actor que hacia de Kevin en los <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/series-tv/domingo-de-serie-los-hermanos-donnelly/">Hermanos Donnelly</a></strong>), el niño psicópata como se le conoce, un recién llegado deseoso de disparar su Saw M249 contra lo que sea. Mantiene un comportamiento perturbador, y disfruta con lo que ve y con lo que hace en la batalla. Luego, por supuesto está <strong>Wright</strong>, el reportero de la Rolling Stone que va amistandose con sus compañeros de viaje. Y luego hay un sinfín más de personajes destacable, como <strong>El Padrino</strong>, el teniente coronel que ordena a sus tropas las misiones, los movimientos a realizar, y que entiende la estrategia bélica como un partido de baloncesto donde él es <strong>Pat Riley</strong>. Se hace mucho hincapié en ello, a través el vocabulario que utiliza este personaje interpretado por <strong>Chance Kelly</strong> (visto también en <strong><a href="http://www.eldestiladorcultural.es/series-tv/domingo-de-serie-fringe/">Fringe</a></strong>). Luego hay una serie de oficiales incompetentes que son odiados y menospreciados por sus inferiores, como el capitán <strong>Craig &#8220;Encino man&#8221; Schwetje</strong> o el apodado <strong>Capitán América</strong>, una especie de lunático consentido y gafe.</p>
<p>Todos ellos son personaje de ficción, pero es el hecho de que estén basados en personaje reales, lo que hace que adquieran un alto grado de realismo y de entidad. Algo a lo que ayuda, y en dosis altísimas, los diálogos, que rebosan en todo momento veracidad, crudeza, sinrazón y lucidez por partes iguales, y a veces, utilizando la mínima expresión para ello. No es sólo el hecho que reproduzcan en exactitud el <em>slang</em> que utilizan estos muchachos en estas condiciones, y en buena parte de su vida normal, o que se haga mucho hincapié en el lenguaje encriptado de la guerra con las radios y el &#8220;Roger that!&#8221;. Es también por su contenido, por el contenido altamente radioactivo que sale de las bocas de unos hijos de Norteamérica que han venido a matar por un país en el cual, la mayoría, han sido despreciados y marginados. Son una generación sin futuro, que no luchan por ideales ni ideologías. Son personas que han crecido con la comida basura, la FOX, los videojuegos, Wal Mart, que han crecido en caravanas de familias desestructuradas, con trabajos basura, y que han sido desplazados o marginados en los diferentes espacios de socialización: escuela, trabajo, familia. Todo esto queda recogido por la rabia, la agresividad, la impotencia de estos personajes que lo expresan a su manera, pero, que al espectador le llega en forma de drive directo a la mandíbula. Si hay algo que emparienta a todos los personajes de la serie es su nivel de indiferencia ante los macabros sucesos en los que son participes. Ya sea como barrera psicológica, o por haber sido entrenados para no sentir emociones, el hecho es que todos ellos coinciden al sentir total indiferencia ante la muerte de enemigos. Hay algunos momentos de diálogo tan antológicos, que he decidido dejar una pequeña muestra hacía el final de la reseña.</p>
<p><span id="more-674"></span>Sin han llegado aquí se habrán dado ya cuenta que los derroteros de esta serie de la HBO no se cruza con los de una serie de acción al estilo, de la también excelente, <strong>Hermanos de sangre</strong>. De hecho las incursiones y misiones de los protagonistas tienen muy poco de acción y glamour hollywoodiense, más bien son toscas y sucias. Con esto no quiero decir que no hayan batallas, tiroteos y muertes, los hay, y cuándo éstos aparecen se muestran en toda su crudeza, sin esconderse de nada, muy alejados de cómo la prensa del país cubrió la guerra. Generation Kill es una serie que tiende al tinte documental abandonando con ello el ritmo de acción que se le supone, de ahí, que para algunos espectadores se le pueda hacer algo reiterativa. Para que se hagan una idea de hasta dónde llega este anhelo de conseguir una representación hiperealista de los sucesos que se muestran en pantalla, sólo hay que señalar un pequeño detalle. En toda la serie no suena ni una sólo pieza musical. No hay banda sonora, lo único que llegamos a oír son versiones de canciones famosas cantadas <em>a cappella</em> por los miembros de las tropas embutidos en sus Humvees.</p>
<p>A nivel de forma es una serie de la HBO, con esto quiero decir que no se ha escatimado en esfuerzos ni dinero para reproducir la guerra de Irak. Impresionantes los trabajos en dirección artística, fotografía y efectos especiales (inconmensurables las batallas que observa el escuadrón al horizonte), y laborioso también la labor de recrear Irak en los escenarios naturales de Sudáfrica</p>
<p>El recorrido narrativo al que se nos lleva a los lomos de los Humvee a lo largo de sus 7 capítulos coincide con el período oficial en que los EEUU derrotaron al régimen de <strong>Sadam Hussein</strong>, o sea los 21 días que duró la guerra oficial. La serie no incide en la guerra de guerrillas ni el terrorismo que aún perturba a los habitantes del país.</p>
<p>Por lo tanto, la historia se inicia en el campamento norteamericano en Kuwait, y avanza con la incursión por el terriotorio de Irak, hasta que llegan a su capital, Bagdad. Finalmente el último capítulo concluye cuando son enviados de vuelta al campamento base, con la intención de volver a sus hogares, algo que debería ser un feliz trámite, pero que cómo se ha podido ver, lo ha sido por muy pocos. De hecho la serie apunta en esa dirección cuando en la última secuencia se reúnen todo el batallón Bravo delante de un portátil, en la que un marine (el que anda grabando toda su trayectoria por el conflicto), muestra el vídeo montado con la canción de <strong>Johnny Cash</strong>, &#8220;The Man Comes Around&#8221; (pocas veces esta canción me había hecho un nudo doble en la garganta). A medida que las imágenes se suceden, todos en la tropa gritan y celebran cada bomba, cada disparo que se ha grabado, o simplemente cuando se identifican a ellos mismos posando a cámara. Poco a poco, el vídeo deja ver otras imágenes, la de iraquíes con un tiro en la cabeza, niños muertos por bombas, población civil moribunda (fragmentos en los que la canción de Cash impregna de forma cortante una dimensionalidad de significado pocas veces vista en la pequeña televisión), y es en ese momento, cuando los solados ven las consecuencias de su trabajo, cuando uno a uno van abandonando la sala, y por consecuente el visionado. Esa genial secuencia, concluye cuando el propio autor del vídeo abandona la sala, y es entonces cuando vemos que la única persona que se mantiene ante el portátil es Colbert, con su mirada de lunático perdida, y su sonrisa perturbadora. Finalmente él también abandona con su Saw M249 a bordo. (podéis ver el vídeo al final de la entrada)</p>
<p>Así concluye uno de los productos más arriesgados que pueda ofrecer la televisión de hoy en día. No hablo sólo por el grado de realismo sucio, la crueldad de sus escenas más violentas, o por mostrar sin tapujos los pensamientos y personalidades de soldados de elite entrenados para no cuestionarse lo que hacen, sino hacer lo que dictan. Sino, sobretodo, por haberse atrevido a mostrar la guerra de Irak tal cómo fue, sin un ápice de heroicidad, de clichés, de arquetipos, de glamour, de buenos y malos, y en definitiva, de artificios. Si de verdad quieren saber cómo fue la guerra desde el punto de vista norteamericano vean esta mini-serie, pero quedan advertidos que de la guerra no se vuelve como uno llegó.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-467 aligncenter" style="border: 0px;" title="8,5" src="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/07/85.jpg" alt="8,5" width="145" height="160" /></p>
<p style="text-align: center;"> <br />
<object width="425" height="344" data="http://www.youtube.com/v/EgYrEiMG1BE&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/EgYrEiMG1BE&amp;hl=es&amp;fs=1" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Spoiler (Escena final)</strong></p>
<p style="text-align: center;"><object width="425" height="344" data="http://www.youtube.com/v/zYh8LKsO1Is&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/zYh8LKsO1Is&amp;hl=es&amp;fs=1" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object></p>
<p>P.D: Otra de las escenas más memorables que no podía quedarse en el tintero es una de las últimas secuencias, cuando los soldados han regresado de la guerra y se encuentran en el campamento. Por primera vez tienen tiempo para jugar un partido de fútbol americano. Es entonces cuando se enfrenta la división Alfa contra la Bravo, unos exhibiendo pectorales, y los otros con su uniforme. A los pocos minutos varios de ellos se enzarzan en luchas de perros a muerte, dignas de las de <strong>Amores Perros</strong>. Es como ver a bestias luchando entre sí. Pero detrás de todo ello esta una mirada a la agresividad, a la necesidad innata de esas personas de descargar su agresividad ante lo que sea y en la superficie que sea, una particularidad que no sólo afecta a esos soldados entrenados para ello, sino que afecta a toda una sociedad y a un país. Y que no se esconde de ello, con juegos tan brutales como el que los marines practican, o con guerras como la que libran en ese país tan alejado y diferente del de sus hogares.</p>
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		<title>Domingo de serie: The Wire (4 temporada)</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Jun 2009 16:37:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Omar Little</dc:creator>
				<category><![CDATA[Series]]></category>
		<category><![CDATA[David Simon]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<h5>&#8220;Corner Kids&#8221;- Los chicos de las esquina  <script type="text/javascript"></script></h5>
<p><img class="aligncenter" style="max-width: 800px;" src="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/06/the-wire.jpg" alt="" /> Sólo me queda una temporada para poder afirmar, con total rotundidad, que <strong>The Wire</strong> es la mejor serie de esta década (con el permiso de ver cómo se desenvuelve el desenlace de<a href="http://www.eldestiladorcultural.es/tag/perdidos/"> <strong>Lost</strong></a>). Tras haber concluido la cuarta temporada de The Wire, uno se queda con una sensación similar a la de una persona de 70 años que sabe que afronta su última etapa en la vida. Esta serie norteamericana se merece un puesto de honor entre las mejores series de la historia, y no hablo ya en su conjunto, si no de forma particular, ya que cada una de sus temporadas por separado es una valiosa obra de arte ( de ahí que se empiece a estudiar en las univesidades y escuelas de imágen). Poco a poco intentaremos publicar un análisis en detalle de cada un de ellas, pero de entrada empezaré por la más reciente vista por un servidor, su cuarta temporada &#8220;No corner left behind&#8221;.</p>
<p>Para los que anden un poco despistados sobre su temática, The Wire es una serie centrada en el submundo de Baltimore, una ciudad marcada por la droga, la corrupción y la violencia. A partir de ahí la serie nos sumerge en una serie de personajes carismáticos a ambos lados de la línea. Por un lado tenemos a la policía y todo su funcionamiento interno. Y por otro lado están las bandas callejeras y su idiosincrasia. Temporada tras temporada la serie ha ido profundizando en su tratamiento temático, llegando a sus cotas más altas con la temporada que aquí nos ocupa. Es importante aclarar antes que nada, que The Wire no es una serie que pegue un pelotazo inicial como <strong>Perdidos</strong>; es todo lo contrario, una serie que va ganando al espectador a medida que avanzan sus capítulos, a través de unos personajes con capas de dimensionalidad, de unas historias hiper realistas, y del buen hacer distintivo de la<strong> HBO</strong> (cadena de pago que emite la serie en los EEUU y digna de un estudio, a publicar en breve). Muchas de las series buscan el impacto inicial como una punzada de jaco, mientras<strong> The Wire</strong> va penetrando poco a poco y sumiendo al espectador en un torbellino de gozo, desolación y desesperación, igual de peligroso que la copa de whisky matutina para el alcohólico. Si a pesar de los efectos secundarios quieren seguir indagando sobre esta serie norteamericana sigan leyendo.  <span id="more-223"></span></p>
<p>&#8220;No corner left behind&#8221; conforma un paso adelante en el global de la serie, y un giro de 180 grados respecto a anteriores temporadas. Si en la primera nos sumergíamos en el trafico de drogas visto desde la perspectiva de la banda de Barksdale y de la policía de Baltimore. En la segunda temporada cambiábamos de escenario dentro de la misma ciudad, y se no desmenuzaban los sindicatos del puerto y sus negocios turbios con la mafia griega. La tercera volvía a la zona oscura de Batimore, con la banda de<strong> Barksdale</strong> y el control de la policía sobre <strong>Stringer Bell</strong> (mandamás de la banda tras entrar  Barksdale en prisión). En la tercera temporada ya se nos empezaban a mostrar las conexiones de poder, los deferentes entresijos entre el mundo de la droga, las esferas públicas y las elites empresariales de Baltimore. Con su tercera temporada, se empezó a tratar el tema político y el control de la ciudad, viendo de manera muy realista cómo el ayuntamiento tenía que hacer frente a los problemas de la ciudad a la vez que lidiaba con sus propios intereses.</p>
<p>Ahora, con la cuarta temporada, se ha destapado una nueva esfera: la educación y su papel en el mundo de la calle y de la droga. Para retratar este ámbito, (cuyo funcionamiento queda completamente en entredicho) los creadores se han valido de cuatro nuevos personajes. <strong>Michael, Namond, Randy y Duke</strong> son 4 amigos acabados de entrar en adolescencia con los que los espectadores van a recorrer el trayecto de esta temporada. A lo largo de él, uno se va dando cuenta, a la misma velocidad que simpatiza con ellos, los motivos y las causas de sus situaciones y sus comportamientos. La sensación final de estos cuatro personajes es terriblemente amarga, y extrapolable a cualquier grupo de características similares de cualquier ciudad norteamericana. Todos ellos sufren su situación, y quedan relegados muchas veces a tomar un único camino, normalmente, un camino sin salida. Para muchos de ellos la única salida, o la más fácil, es iniciarse en el trapicheo de la droga, y entrar en una espiral despiadado que los convierte en  soldados al servicio de las bandas callejeras. Mientras observamos con temor y desesperanza (la misma que invade la vida de los chicos) sus andaduras, se nos relata el trabajo diario de la policía, su burocracia, sus luchas de poder internas, y la obsesión por la eficacia en lugar de la eficiencia. La imagen que a uno le queda, es de que el PDB funciona por intereses internos, influencias, y que su principal preocupación es tapar o disimular las estadísticas de asesinatos, por encima de la solución de casos. En otro vértice del prisma, interconectado de manera magistral por  los guiones de los episodios, encontramos el poder político, representado en No corner Left Behind a partir de la batalla política entre <strong>Carcetti</strong> (el nuevo candidato) y <strong>Royce</strong> (el antiguo alcalde). Las lucha de poder, los apoyos, la estrategia de las primarias, las decisiones que toman y el porque de ellas quedan tan bien plasmadas que un documental de política  presentado por<strong> Pedro Arquicia</strong> sobre las primarias de <strong>Obama</strong> y <strong>Hillary</strong> quedaría en un smple apunte. Y por supuesto entramos de choque con la parte más dura, esa cara de la ciudad no franqueable para los turistas. Las esquinas de la droga, la lucha de territorios y la gestión de ellas por parte de las bandas, que en ocasiones, encuentra ciertos paralelismos con las otras esferas que recoge la serie.  <img class="aligncenter" style="max-width: 800px;" src="http://www.eldestiladorcultural.es/wp-content/uploads/2009/06/kids-the-wire.jpg" alt="" /> Para mi la clave del éxito en<strong> The Wire</strong> radica en que el señor <strong>David Simon</strong> (creador del asunto) se pasará 12 años de su vida escribiendo crónicas de homicidios en el <strong>Baltimore Sun</strong>. Y que encima contase con la ayuda y las filtraciones de su amigo <strong>Ed Burns</strong>, un veterano del Vietnam que pasó 20 años de su vida como detective en el Departamento de Homicidios de Baltimore. Esa experiencia en primera línea y la estrecha colaboración, es lo que a mi juicio ha posibilitado levantar este mastodóntico documento de ficción sobre la ciudad de Baltimore, aquella que la definen sus aceras peladas y sus casas tapiadas. Esa experiencia previa queda patente en todas las temporadas de la serie. La obra de David Simon es la pieza audiovisual más realista jamás vista en la televisión de los últimos tiempos, y quizás fuera de ella. Es tal el grado de trabajo de documentación elaborado, y tantos los detalles con los que se trabaja, que uno aprende multitud de información sobre el tipo de vida que se refleja. Como por ejemplo, el episodio en que uno se da cuenta que la vestimenta de los chicos de la banda tiene una razón de ser, y que el uso de camisetas y pantalones no es más que una forma ingeniosa para disimular la pistola bajo el pantalón.  Este es uno de los muchos detalles que reflejan, de forma natural,  las costumbres, los ritos, y los modus operandis de un bando y del otro.</p>
<p>Otro de los puntos más acertados es la creación de personajes, que vuelve a beber de la experiencia en el campo de Burns y Simon. A un lado y otro de la ley encontramos personajes carismáticos, como <strong>Mcnulty</strong> o <strong>Omar</strong>, para elegir los dos más claros. Pero dentro de todo el elenco actoral (en su cuarta temporada el protagonismo de McNulty desaparece a favor de lo que se conoce como drama coral) encontramos cantidad de personajes secundarios de una riqueza y presencia abrumadores. La escala de matices de los personajes que pueblan la serie es acojonante. Su caracterización es perfecta, y su personalidad queda ligada con los que vemos en pantalla. Si a la gran construcción de personajes le añadimos unas interpretaciones geniales, que bajo ningún momento desentonan, entonces pueden imaginarse a que nivel están los personajes. De esta cuarta temporada, me quedo con un nuevo personaje, situado en el lado turbio de la línea. Su nombre es <strong>Snoop</strong>, es una chica adolescente, con aspecto de varón y voz atronadora,  que deja aterrado al espectador con su sola presencia, y que quita el aliento con la misma frialdad y facilidad con la que acaba con la vida se sus víctimas.</p>
<p>The Wire es una obra que huye de lo artificioso, del envoltorio efecticista. Su contenido es tan potente, es tan apabullante, y cautivador para el espectador que no hace falta tirar de montajes picados con músicas resultonas. Sin embargo, el trabajo que hay detrás pasa desapercibido pero es mayúsculo, me refiero a la dirección artística, al trabajo de localizaciones, a los vestuarios, a la caracterización de personajes, entre muchos otros.</p>
<p>Esta serie norteamericana empezó oliendo a calle mojada de sangre, a ionquis en busca de su dosis, a policías corruptos, a miembros de la ley entregados a su trabajo, al asfalto más desolador y angustioso. Pero a lo largo de sus temporadas ha ido ampliando su diana de ataque, ahora hay sitio para otros ámbitos y esferas, y el resultado es un guión que gana en profundidad, y que posibilita que The Wire se establezca como la radiografía rigurosa de Baltimore, y por extensión, de la ciudad norteamericana.</p>
<p>Una serie exquisita, que marca al espectador como la calle marca de por vida a sus protagonistas.</p>
<p><strong>Valoración: 9 </strong></p>
<p>Hasta ahora la única forma de poder disfrutar de esta inmensa serie era a partir de los vastos campos verdes de la red, o a partir de la exportación de DVD&#8217;s desde los EEUU o Inglaterra. Pero esto termina, porque por fin, se han editado sus dos primeras temporadas en nuestro país. Con un poco de suerte, llegarán sus tres últimas.   <strong><script type="text/javascript"></script><br />
</strong></p>
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