La guerra total

Tan sólo ha pasado una semana desde que Modern Warfare 2 llegara a mi casa y causara un revuelo de dimensiones épicas: sin trabajo (franco favor) novia (ya no pasaré verguenza por la calle), y fuera del hogar familiar (se veía venir desde hacía años), sin embargo, mucho más feliz que hace siete días.
El juego de Infinity Ward, y a pesar de haber venido presagiado por la temible humareda del hype, es un clásico instantáneo, un título que consigue poner de acuerdo al público y a la crítica, y por el cual, uno debe rectificar y actualizar su lista de los mejores videojuegos de la década. Porque MW2 tenía una gran presión de fans encima, pero no sólo han conseguido igualar su magnífica primera parte, sino que la han superado con creces.
Esta sexta entrega de la saga bélica Call of Duty sigue, cinco años después, los acontecimientos argumentales que marcaron Modern Warfare (la primera entrega que se desvinculaba de la segunda guerra mundial), para ambientarse con éxito en conflictos contemporáneos. En esta ocasión nuestro objetivo será terminar con el despiadado villano Vladimir Makarov, la mano derecha de Imran Zakhaev, el archí villano de la primera parte. Ahora Makaraov ha instaurado el comunismo en Rusia, haciendo propaganda de Zakhaez como mártir. Entre sus planes está crear el caos general, para ello, se ayudará de los contactos terroristas que tiene en Brasil y en Afganistán, y el destinatario de la ofensiva global de Makarov, no son otros, que los EEUU. Como respuesta el general Sheperd, crea la TaskForce 141, una unidad de fuerzas de élite diseñadas para combatir al enemigo.
A lo largo del juego nos pondremos en la piel de varios miembros de estas fuerzas especiales, gracias a ello, Infinity Ward ha desplegado un recorrido de misiones a escala mundial, que posibilitan que el jugador tenga que lidiar cruentas batallas y misiones en diferentes escenarios. Esa variedad de ambientes y situaciones que deberemos afrontar en el modo campaña se desenvuelve de entrada como uno de sus puntos más acertados. El juego nos traslada desde los áridos paisajes de Afganistán, al frío extremo siberiano, o las callejuelas y techos de las favelas de Río de Janeiro, hasta los mismos suelos de la primera potencia mundial.
El diseño de las misiones para la campaña, resulta de lo más grande que se haya podido ver en el género FPS. A través de ella se llevará al jugador hasta situaciones límites, tensas, llenas de adrenalina y de emoción. Esta entrega sigue con un esquema lineal, con muy poca libertad de acción para el jugador, pero eso es algo a lo que debemos estar dispuestos a aceptar si queremos vernos inmersos en la barbaridad de la guerra. Ir de la mano de Infinity no debe verse como una desventaja, sino como una oportunidad de vivir la experiencia de una manera inmejorable. Si además le añadimos ciertos instantes gloriosos en los que deberemos pilotar vehículos (motos de nieve, zodiac), o el arsenal de armas inagotable, (la mayor variedad hasta la fecha), ya nos podemos ir imaginando hacía dónde van a ir los tiros.






