Iluminando las oscuridades del terror norteamericano

Alan Wake ha tardado más de cinco años en salir de las oscuras salas del estudio de Remedy. Sin embargo, habiendo terminado este título, puedo afirmar con total convicción que la espera ha merecido la pena.
Tras habernos sumergido en los bajos fondos neoyorquinos con el atormentado ex cop Max Payne, el estudio finlandés demuestra su predilección en volcarse en juegos con un claro matiz cinematográfico, sólido argumento y un personaje central que vive atormentado. En esta ocasión la historia gira al en torno de un escritor de best sellers que pasa por una crisis creativa agudizada por el insomnio. Con la intención de descansar y recuperar su ritmo de trabajo, decide irse junto a su mujer Alice, a un pequeño pueblo de Washington, Bright Falls. Lo que parecía un tranquilo pueblo, pronto se convierte en todo lo contrario cuando su mujer desaparece misteriosamente de él.






