
La solvencia del cine francés para abordar el cine policiaco está fuera de toda duda y de Francia salió, posiblemente, uno de los mejores realizadores de ese género: Jean Pierre Melville, todo un icono. De su vinculación al polar hizo la nouvelle vague uno de sus más atractivos banderines de enganche y A bout de soufflé, puro cine negro, fue, para mí, la mejor película de Jean Luc Godard. Esa buena relación de la cinematografía gala con los textos negros sigue hasta nuestros días y Un profeta, la última película de Jacques Audiard, es un buen ejemplo de ello.
Este drama carcelario, tan áspero como cortante, y esto último lo digo en doble sentido, coincide en cartelera con otra película negra española y parecida temática, Celda 211, que uno piensa habría tenido mejor suerte en los óscar a la mejor película extranjera que la seleccionada. Como Celda 211, el film de Audiard retrata el mundo carcelario con una mirada realista y el espectador pasea, cogido de la mano del director, por una realidad ajena pero próxima.



