
Seguimos con el repaso, iniciado hace unos días, a esos momentos sublimes que los videojuegos nos han deparado. Momentos que son fáciles de percibir porque al recordarlos o vivirlos se nos arquea el cuerpo como el gato cuando huele la presencia de un perro.
En la primera entrega os hablé de un superventas reciente como GTA IV, y hoy toca el turno de virar nuestra mirada a esa gloriosa edad de oro de los videojuegos, cuando reinaban los 16 bits. El protagonista de esta mañana no era uno de los juegos más asombroso del catálogo de Megadrive, ni mucho menos, de hecho era poco más que mediocre. A pesar de ello, la propuesta de Disney conseguía mover de su sitio a una considerable mata de pelo cuando en la piel de Simba llegábamos a una pantalla imborrable (incluso para la dañada mente del que firma esto). Una pantalla que marcaba un punto de inflexión, ras ella se pasaba de controlar a un Simba cachorro al adulto, y con él, el juego hacía justicia a su título de El Rey león.
El Rey León era un plataformas de Dinsey, lanzado con motivo de la película de dibujos animados, y cuyo argumento y desarrollo se basaban en su totalidad en la película. El título no daba mucho de sí, y no estaba a la altura de otras adaptaciones de la época, como el glorioso Aladdin, sin embargo, en una de las pantallas el asunto daba un pequeño vuelco apetitoso.



