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Nex Machina (PC)

posted by Xavi Roldan 10 Agosto, 2017 0 comments
Núcleo duro

Nex Machina PC

Dijo una vez Eugene Jarvis que el único uso legítimo que se le puede dar a un ordenador son los videojuegos. Drástico, sí, pero de alguna manera este aforismo algo miope puede resumir la implicación de Jarvis con el mundo del entretenimiento videolúdico: aquí hemos venido a jugar. Y lo demás no importa. Y es que Nex Machina, en la que el creador de Robotron 2084 y Smash TV (reverencia automática) ha ejercido de consultor creativo, es un poco eso, una reducción del producto a su esencia jugable. Un paso lógico, por otro lado, en la carrera de unos Housemarque que, tras Alienation y con Resogun como incontestable milestone creativo, siguen entendiendo el arcade como la máxima y más pura expresión del entretenimiento interactivo. Lo suyo son los matamarcianos vieja escuela, sí, pero si tienen la azotea en el pasado sus dedos están dando forma al futuro. Nex Machina no es excepción: en su esencia es un remake de Robotron 2084 y de todo lo que vino después. En su presentación formal parece el juego más moderno del mundo.

La culpa de esto último la tiene su diseño hipervitaminado y su vena espídica. Nex Machina es un festín visual de luces y colores flúor implementado en un twin-stick shooter capaz de quebrar pulgares con la facilidad de quien desnuca un pollo. Un arcade de perspectiva cenital que desafía la ambidestreza y que cambia el side-scrolling de Resogun por el plano aéreo de Alienation para someter al jugador, sin presentaciones ni mediar un triste café, a un intenso bullet hell, al asalto de oleadas de enemigos con el cerebro (y la persistencia) de un lemming cocainómano. Un taquicárdico viaje a casi ninguna parte de intensidad loca y sinestesia salvaje. Un atropello visual y sonoro que lo deja a uno mesmerizado pero con los sentidos de punta y la tensión arterial disparada.

Como en los buenos tiempos. Porque insisto: en su mecánica y estructura Nex Machina no inventa nada. Solo que lo que hace lo hace con un ritmazo y un flow increíbles. Porque hacer las transiciones entre las distintas arenas cenitales con un retruécano de cámara que desafía la lógica espacial y pondría calentito a Escher siempre mola más. Porque la cantidad de partículas que saltan por los aires a cada momento y el festival de objetos deshaciéndose en voxels de colorines son casi pornográficos. Sí a todo ello. Pero por lo demás es que aquí lo que prima es el gameplay, difícil y adictivo de cojones. En solitario o en un cooperativo endiablado (sin online, eso sí) y a mayor gloria de los scores. Housemarque incentiva la autosuperación y motiva a romper los propios récords, lo cual compensa lo que es, a mi entender, el principal inconveniente del juego: va un tanto escaso de contenido y sus 5 fases con sus correspondientes bosses finales se ventilan con relativa rapidez. Supongo que si cada partida nos costara cinco duros lo agradeceríamos. Pero en este caso tampoco vendría mal un poco de extensión extra que alargara la experiencia otro par de horas.

Por lo demás la experiencia no podría ser más satisfactoria y exhasutiva. Es la vieja historia. Diseños perfectos con mecánicas milimétricamente afinadas y enfoques tan absolutamente viscerales sólo pueden dar pie a experiencias tan nucleares como incontestables. Nex Machina es todo eso. Otro punto para Housemarque.

8

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