
Seguimos con el repaso, iniciado hace unos días, a esos momentos sublimes que los videojuegos nos han deparado. Momentos que son fáciles de percibir porque al recordarlos o vivirlos se nos arquea el cuerpo como el gato cuando huele la presencia de un perro.
En la primera entrega os hablé de un superventas reciente como GTA IV, y hoy toca el turno de virar nuestra mirada a esa gloriosa edad de oro de los videojuegos, cuando reinaban los 16 bits. El protagonista de esta mañana no era uno de los juegos más asombroso del catálogo de Megadrive, ni mucho menos, de hecho era poco más que mediocre. A pesar de ello, la propuesta de Disney conseguía mover de su sitio a una considerable mata de pelo cuando en la piel de Simba llegábamos a una pantalla imborrable (incluso para la dañada mente del que firma esto). Una pantalla que marcaba un punto de inflexión, ras ella se pasaba de controlar a un Simba cachorro al adulto, y con él, el juego hacía justicia a su título de El Rey león.
El Rey León era un plataformas de Dinsey, lanzado con motivo de la película de dibujos animados, y cuyo argumento y desarrollo se basaban en su totalidad en la película. El título no daba mucho de sí, y no estaba a la altura de otras adaptaciones de la época, como el glorioso Aladdin, sin embargo, en una de las pantallas el asunto daba un pequeño vuelco apetitoso.
Los que probasteis este juego en la infancia, adolescencia, edad adulta o donde os pillará, ya hace tiempo que sabéis a que pantalla me refiero. En efecto, hablo de la pantalla que sufríamos la estampida de unos bueyes enfurecidos. La novedad, al menos para un chaval de 11 años que ya llevaba tiempo gastando el dinero que le sobraba de las compras para sus padres en recreativas, y exprimiendo al máximo su Megadrive, era que un juego de plataformas clásico de scroll horizontal se convertía, en un momento dado, en un juego de plataformas, pero en una jugosa vista frontal.
El personaje, Simba, se mantenía en pantalla, mientras que en scroll vertical se iban sucediendo una serie de piedras y bueyes que había que evitar para pasar de pantalla, con cierta dificultad, por cierto. Algo sencillo, pero tremendamente enriquecedor.
Lo realmente logrado del asunto, más allá de unos gráficos muy decentes para la plataforma a la que iba destinada, era intentar crear por primera vez esa sensación de 3D de perspectiva frontal, de hecho tenían los santos coj… de vender esa fase del juego como una experiencia interactiva en 3D de la parte más espectacular de la película. Que salga de su estudio de post-producción el señor James Cameron y a ver si tiene narices de decir que Avatar logrará superar eso.
Dejando a un lado las memeces, sigo guardando buenos recuerdos de este videojuegos de Disney y Virgin del año 1994. ¿Qué cómo lo hago?. Dejando que todo el polvo se acumule sobre él, ¿no era ese el truco?.
