Momentos sublimes en los videojuegos: Sobrevolando Liberty City

En estos días que la gente regresa a sus tediosas rutinas es habitual toparse con escenas hogareñas donde sus representantes se regocijan relatando las inolvidables vacaciones recién vividas. En este marco bucólico no suelen faltar esos largos y dilatados momentos en que los mismos representantes dan fe de su paso por tal ciudad, o isla, mostrando una sucesión interminable de fotos que se repiten, y que ni por pura casualidad, desprenden el mínimo destello artístico. Pues bien, yo no quería aburrirles con ninguna foto, pero sí quería tener mi pequeño momento para avanzarles, que lo mejor que me llevo de este verano, es mi paso por Liberty City, sí la recreación virtual que Rockstar ha creado en GTA IV, eso ha sido lo más cercano a una vacaciones para el triste personaje que escribe.

Antes de describiros mi experiencia por la ciudad de los rascacielos, permitidme una pequeña reflexión. ¿Por qué suena a freakazo extremo la última línea del anterior párrafo?, ¿Por qué la gente se levantaría de nuestra mesa si comentásemos que matar hordas de Locust (GOW)  y de zombies (LFD) es uno de los placeres más gustosos de la reciente temporada? , ¿Por qué está tan mal visto, y es tan poco habitual, hablar de esos momentos mágicos por los que te hacen pasar los videojuegos, o de las sensaciones que uno tiene con ellos?. Con Momentos sublimes en los videojuegos inicio una serie donde pretendo partir una lanza a favor de este arte, y relatar los momentos más inolvidables que nos han brindado los videojuegos durante estos años de vicio y consolas.

Como ya adelantaba la primera entrega se la dedicó a GTA IV por haberme aliviado un verano sin vacaciones ( y ya van…). A la espera de que sus dos expansiones digan lo contrario, la última propuesta de Rockstar sigue estando un pelín lejos de la jugabilidad de la tercera parte y de Vice City. Eso no ha sido ningún inconveniente para que un servidor haya disfrutado como un enano recorriendo con Niko Bellic y sus diversos vehículos la ciudad de Liberty City, una copia bastante fidedigna y a escala reducida , de Nueva York. El hecho de haber estado con anterioridad en esa ciudad, me permitió fijarme en los cuidados detalles, y saciar mi sed de volver a visitar los barrios que les guardaba más cariño, o incluso, pasearme por zonas que si las hubiera visitado en la vida real, ahora no sería más que un escrito en una piedra, donde se podría leer: “Aquí yace Hazuki, el turista suicida”.

Pero si tengo que escoger el momento sublime de este juego, es cuando tu excitado colega Brucie (A.k.A mister anabolizantes) te permite acompañarlo en un viaje en helicóptero por el skyline más reconocible del mundo, para que luego quede desbloqueada a tu antojo. Dejar en tus manos la opción de pilotar un helicóptero por el cielo denso de esta ciudad, mientras observamos su fisonomía cenital, es una de las ideas más brillantes que ha tenido el equipo de Rockstar. Vale que no resulta ninguna novedad en esta saga, pero poder levantar el vuelo en esta ciudad, que ha sido el marco de tanta historia, sueños y producciones cinematográficas resulta impagable . Acaso no resulta conmovedor volar cerca de la estatua de la Libertad con el atardecer de fondo. Sobrevolar los rascacielos de esta inmensa ciudad, aunque sea de forma virtual, es una experiencia que se debe vivir y compartir, sin que con ello, se te destierre a las catacumbas del autismo, ni se tache tu miserable vida como la del perdedor más freak que habita en la blogosfera.

Mucho me temo que todo este escrito no sirva más que para acentuar la visión que tiene mucho sobre los videojuegos, pero sé que alguna alma que haya invertido horas y horas en este u otros juegos entenderá de qué hablo.       

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