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5º Festival de cine italiano de Madrid

posted by Alberto Varet Pascual 3 diciembre, 2012 0 comments

Festival cine italiano

El Festival de cine italiano de Madrid se despide de una nueva edición con un gran éxito de público. Su calidad de gratuito y la generosidad de su programa contribuyeron de forma decisiva al lleno de las salas.

Con dos sedes claras, el Instituto de Cultura por un lado y los Cines Verdi por el otro, el evento se dividió en una serie de encuentros matutinos con algunos de los creadores en la primera ubicación y la visión completa de la Sección Oficial, ya en horario vespertino, en la segunda.

Sin embargo, más allá de lo agradable de la propuesta y su cuidada organización, no podemos decir que el material exhibido fuera de la categoría deseada. Evidentemente, nada que reprochar a los responsables, pues su trabajo es mostrar lo más relevante del panorama cinematográfico alpino, pero es menester apuntar que éste vivió épocas mejores.

El certamen abrió con un merecido homenaje a los Taviani, que recibieron el premio a toda una carrera y presentaron su última producción, la estupenda César debe morir. Sin duda, la obra más viva de una muestra en la que se entregaron otros dos galardones al Mejor Documental para Terramata de Costanza Quatriglio y al Mejor Cortometraje para Terra, de Piero Messina.

Terramata fue lo mejor de lo visto a concurso. No es una gran realización pero se aprovecha hábilmente de su temática que es realmente interesante. Cuenta la historia de Vincenzo Rabito, un superviviente a las dos Guerras Mundiales que, a pesar de su analfabetismo, logró escribir sus memorias utilizando un lenguaje propio codificado. Su labor se erige como un excelente documento de lo que fue el pasado siglo en Italia. La película le pone imágenes de archivo (muy valiosas también) a la palabra del escritor y logra momentos conmovedores pero el uso de una música sensiblera (muy presente en todas las cintas que vimos) rebaja la calidad de un film de narración demasiado funcional.

Tampoco es discutible el premio a Terra, con diferencia el más arriesgado de los cortos seleccionados, alejado, por fin, de la lágrima fácil aunque incide, como otras muchas, en el paso del tiempo y la soledad. Relata el viaje en barco a través del Estrecho de Mesina de un hombre que desea volver a Sicilia pero poniendo mucho más énfasis en el trayecto que en el fin. Es decir, centrado en las sensaciones y los sentimientos más que en la narración. Todo ello con una animación que en el fondo (no en la forma) puede recordar a Vals con Bashir.

 

Aparte, un par de Menciones Especiales a La Nave Dolce de Daniele Vicari, acerca de las miserias tanto económicas como sociales en Albania e Italia respectivamente y Dell’ammazzare il maiale de Simone Massi, sobre el mundo campesino en Las Marcas (Ancona) en clave onírica.

Aplaudimos, desde luego, esta iniciativa que ya lleva cinco años entre nosotros, que entusiasma a una gran cantidad de espectadores y que sirve para estrechar lazos con el país vecino y constatar la salud de su cine. En este punto, lejos quedan ya los tiempos de Rossellini, Visconti, Leone o Antonioni, al que se le dedicó una pequeña, pero saludable, retrospectiva. El panorama cinematográfico italiano, al igual que el español, se muestra demasiado afectado como para profundizar lo suficiente en la realidad lo que provoca un inobjetable atraso en la creación. Una escena de La aventura es más moderna que todos los títulos a competición y eso bien merece una reflexión.


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