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Balada triste de trompeta – Álex de la Iglesia

posted by Manel Carrasco 28 diciembre, 2010 0 comments
Maldita suerte

Madrid, 1937. En lo más crudo de la cruda guerra, un payaso la emprende a machetazos contra los soldados franquistas provocando estragos. Su hijo Javier, que lo sigue a todas partes, recibirá, por toda herencia, un amargo consejo: “Para burlar al destino, venganza. Venganza.” Así arranca Balada triste de trompeta, el nuevo trabajo de Álex de la Iglesia y quizá su proyecto más ambicioso. La acción se traslada al ocaso del franquismo. Siguiendo el ejemplo de su padre Javier quiere ser payaso y entra a trabajar en un circo. Pero no se puede hacer reír a los niños si no se ha tenido infancia, y el hijo del payaso perdió la suya en la noche de la guerra y la dictadura, así que no puede ser otra cosa que el pobre payaso triste. Entre la variada fauna del circo Javier conoce a Sergio, su partenaire, un payaso querido por los niños y temido por sus compañeros; un ser violento y bastante imprevisible que maltrata a su novia Natalia a ojos de los demás. Sergio asegura que “si no fuese payaso, sería asesino”. Pero Javier se enamora de Natalia, su mente maltratada pasa a considerar a Sergio como la encarnación de todo mal, y nace una enemistad que llevará a los dos payasos hasta los límites de la locura.

El cine de Álex de la Iglesia ha seguido su propio camino desde su fundacional corto Mirindas asesinas (1991) hasta la película que nos ocupa. En un cine patrio a veces anquilosado y monótono, el director vasco se ha revelado como una de las voces más personales y fructíferas de la generación que, a principios de los noventa, parecía que iba a cambiar definitivamente la fisonomía de la producción cinematográfica española. Su catálogo de antihéroes está trufado de freaks y marginales, auténticos espantos de su galería personal que esconden sus miserias tras una apariencia a veces muy cotidiana, a veces tras una máscara que refleja el estado de turbación interior del personaje. Carlos Areces y Antonio de la Torre encarnan fantásticamente a los dos payasos, y Carolina Bang construye notablemente al objeto de deseo y amor de estos personajes: la mujer en medio del torbellino.

En la película que nos ocupa, los freaks adquieren un tono trágico, son perdedores inevitablemente encaminados a un destino de violencia que los destruirá por fuera o por dentro. Que el espectador no se confunda: Esto no es Muertos de risa (1999). Ambos filmes comparten la narración del conflicto descerebrado entre dos cómicos en el marco de una España de transición, pero buena parte del humor gamberro y ligeramente vitriólico de la primera se torna en tragedia y hiel. Sin abandonar su gusto por la caracterización grotesca, Álex de la Iglesia nos presenta una fábula trágica en la que podemos leer (a gusto de cada cuál) una representación del enraizado concepto de las dos Españas que nos sumió en una guerra civil. El payaso salvaje y el inocente abocado a la locura, el asesino y el idealista, el que maltrata a una novia que está colada por él y el que la amaría y cuidaría pero no se ve correspondido. Pero no esperen alegatos panfletarios ni teorías revisionistas. Balada triste de trompeta tiene la capacidad de ser una película de la Guerra Civil sin hablar (mucho) de la Guerra Civil; pero también puede ser, si ustedes quieren, una alucinada inmersión en el mundo de dos parias del circo que se nutre de muchos referentes cinéfilos y homenajes bien dirigidos (y digeridos).

Cuando Álex de la Iglesia presentó su película en el pasado Festival de Venecia, el jurado de la sección oficial, y en especial su presidente Quentin Tarantino, empezaron a batir palmas, y a punto estuvo de llevarse el León de Oro. El filme no se fue de vacío: nada menos que el premio al mejor director y al mejor guión ¿Podemos hablar de la consagración definitiva de este cineasta? El corpus fílmico de Álex de la Iglesia ya se sustentaba tranquilamente él solito sin necesidad de los premios, y el reconocimiento internacional sirve más bien como una rúbrica a su trabajo. ¿Debemos considerar Balada triste de trompeta como el más maduro de sus proyectos? Si lo hacemos solamente porque se trata de un drama incurriremos en un claro error. El filme es una narración potente, vibrante, si quieren algo desacompasada e hipertrofiada, pero que actúa como evolución lógica de la carrera de un cineasta ya consolidado y del que podemos desgranar análisis históricos y semióticos a tutiplén. Formalmente vistosa, narrativamente ambiciosa, transmite la sensación de que su director se ha sentido muy cómodo rodándola y ha podido desarrollar su talento hasta donde el presupuesto le ha permitido. Solo lamento que Álex de la Iglesia sea el presidente de la Academia, porque si arrasa en los Goya no faltarán las malas lenguas escupiendo favoritismos. Maldita suerte.

 


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