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Barton Fink – hermanos Coen

posted by Marc Muñoz 24 diciembre, 2010 2 Comments
Encerrado en el proceso creativo

Si se montara una encuesta para determinar cuál es la mejor película de los hermanos Coen muchos señalarían Fargo, otros se inclinarían por Muerte entre las Flores, o incluso algunos no dudarían en elegir No es país para viejos como su obra maestra. Entre éstas, se podría situar  la que aquí reseñamos; Barton Fink, pese a ocupar un espacio más reducido en la mente de los seguidores de este par de cineastas, es una de sus mejores obras.

No situamos en 1941 el dramaturgo Barton Fink ha recibido calurosas críticas con la última obra de teatro presentada en Nueva York. Desde Hollywood muestran interés para contratarlo como guionista, con lo que él decide acceder. Estableciendo su residencia en un variopinto hotel de Hollywood se ve inmerso en un bloqueo creativo para tirar adelante el guión de una producción de serie B. Mientras intenta adaptar sus pretensiones intelectuales a la estructura de la serie B que le exige el productor de la película, Fink entabla amistad con el carismático compañero de la habitación de al lado, un agente de seguros que esconde una oscuro secreto detrás de su aspecto de bonachón.

Pero en realidad el filme de los Coen resulta bastante más complejo de lo que se extrae de la lectura de su trama. La historia de Barton Fink les sirve para adentrarse en los mecanismos creativos que rigen la creación artística de una obra a través de un autor que vive atrapado y asfixiado por un bloqueo creativo en un universo singular, impropio de su ambiente snob neoyorquino.

Laborioso resulta el trabajo desempeñado en la creación de los escenarios por los que habita Barton Fink: desde ese opresivo hotel con fases cromáticas muy resaltadas, a los espacios abiertos que chocan con la claustrofóbica habitación en la que vive encerrado su protagonista. Una variedad subrayada con planos cerrados y asfixiantes de la habitación, con los abiertos de partes del hotel para aumentar la sensación de soledad, y con los planos abiertos del mundo exterior donde los personajes parecen poder respirar. A esto se le suma una iluminación, que además de poner en relieve una vez más el laborioso trabajo de Roger Deakins, sirve para infligir al espectador los mismos estados de ánimo de desolación y aislamiento  por la que pasa el protagonista.

En el filme el hotel se convierte en un personaje referencial y preponderante: los Coen construyen el espacio fílmico como un componente autorreferencial que afecta al guión que escribe Barton Fink. En ese sentido, el cuadro de la pared, las tiras que se despegan de las paredes, o el enigmático compañero de la habitación de al lado quedan recogidas en el universo del escritor. Con ello, la película ofrece una lectura enrevesada, o abierta si se prefiere, sobre qué de lo que vemos pertenece a lo real y qué al universo ficticio que estruja el cerebro del escritor. El hotel y su mundo despoblado pueden verse como la representación del mundo ficticio que habita en la cabeza del guionista y que él mismo dramatiza según la estructura que el mismo ha escrito. Siguiendo esta interpretación la película de los Coen se podría entender como la historia de un escritor atrapado en su propio mundo imaginario.

A pesar de la rebuscada inspiración Kafkiana en su entramado narrativo, y de la densa atmosfera antihollywoodiana que compartimos en las lúgubres y claustrofóbicas paredes del hotel, la película deja ver también señales propias del cine de estos dos hermanos. El componente de humor negro y los personajes que rayan la caricatura estrafalaria está presente en buena parte del metraje. También se respira el ambiente a cine negro que ha caracterizado buen grosor de su filmografía, no solamente por los escenarios, sino también por la historia del personaje del vecino, genialmente interpretado por John Goodman, y por la pareja de detectives que irrumpen en escena hacía el tramo final.

Este descenso a los infiernos en unos L.A. desprovistos de flashes al que el espectador asiste, sería inconcebible sin la mayúscula interpretación de John Turturro en el papel de este escritor atrapado, desolado y atormentado en su búsqueda de un equilibrio entre la estructura de serie B y un contenido intelectual para el hombre común. A lo largo de la película nos sumergimos en este genuino y singular universo siempre desde su mirada (o proyección de su mente). A Turturro se le suma un genial John Goodman, en la que seguramente sea la mejor interpretación de este actor. También destaca el pequeño papel de Steve Buscemi como botones, y secundarios habituales en la filmografía de los directores de Muerte entre las flores como son Michael Lerner en el papel del productor y John Polito como ayudante de éste. Completa su corto, pero genial reparto Judy Davis.

Barton Fink se puede ver como una obra de misterio, humor negro y otros visos de los hermanos Coen, pero en realidad aquí nos encontramos con una de los largometrajes más completos de esta pareja de hermanos. Los recursos poéticos con los que juegan, la sabiduría plasmada en un guión plagado de detalles minuciosos, o la constante duda que remarcan con un universo diegético irreal, fantasioso que provoca que el espectador se pregunte constantemente si asiste a algo real o a la proyección ficticia del escritor protagonista, certifican la complejidad de la cinta. Se quiera interpretar como se quiera, Barton Fink sigue siendo a día de hoy una de las mejores pruebas del talento que irradian este par de consagrados directores, y por el camino nos brindan varias secuencias imborrables como la de ese pasillo del hotel en llamas.


2 Comments

jesus (of suburbia) 24 diciembre, 2010 at 12:27

Barton Fink es mi preferida de los Coen, y también una de mis películas preferidas de siempre. Vaya obra maestra se sacaron los tipos de la manga precisamente tras pasar un bache creativo.

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Marc Muñoz 24 diciembre, 2010 at 20:23

Estoy contigo Jesus. Barton Fink es mi preferida de los Coen, junto a El gran Lebowski y No es país para viejos. Tendría que revisar Fargo y Sangre fácil, y me quedan por ver Ladykillers, que no hay ganas de verla, y Arizona baby

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