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Capitalismo: una historia de amor – Michael Moore

posted by Marc Muñoz 14 enero, 2010 0 comments
Cuando el cuento de la zanahoria se desmorona

Muchos lo tildan de demagogo, payaso, hipócrita, ingenuo, ególatra, provocador, imparcial,  rasgos que no entraríamos a considerar si quisieramos definir el canon del documentalista, pero Michael Moore nunca ha entrado en ese campo, el director de Bowling for Columbine ha sido, es y será un cineasta guerrillero, una especie de alborotador necesario.

Capitalismo: una historia de amor es su último molotov arrojadizo. En esta ocasión Moore escarba en la raíz del sistema, en el sistema económico que rige el rictus de la primera potencia mundial, el mismo sistema que corrompe e agrieta las raíces demócratas y fundacionales que crearon ese país.

El dardo de Moore se dirige en esta ocasión a los bancos, a los miembros del congreso, a las relaciones incestuosas entre ambos, y a la línea oculta de intereses que rigen las altas esferas y los poderosos que lo habitan. Pero también es una acertada e interesante mirada a la quiebra que el sistema está ejecutando en el pueblo norteamericano: la aniquilación de la clase media en pos de una diferencia cada vez más amplia entre ricos y pobres, la consecuente y floreciente aparición del cuarto mundo en la primera potencia mundial, etc.

Y por último, y como no podría ser de otra forma, se centra en las causas de la crisis (con una acertada metáfora con una presa) y sus consecuencias, que seguimos viviendo a día de hoy; pérdida de trabajo, de los hogares, aumento de la delincuencia. Y entre tanta crítica y malestar en su discurso, Moore aún tiene la oportunidad de filmar una campaña pro Obama.

Hasta aquí un contenido altamente tóxico, que Moore se encarga de verter a los espectadores de forma simple, con el humor como atenuador, y articulando su discurso bajo el panfleto maquiavélico. Y es precisamente aquí, donde el cine de Moore tiene más motivos para ser despreciado. Incluso corre el riesgo de que su propio discurso caiga en agua de borrajas dada la manipulación a la que es sometido, mediante montajes, imágenes de archivo modificadas y otras artimañas demasiado exageradas, pero que pueden jugar a su contra por eso mismo.

Servidor comparte su búsqueda para trasmitir su discurso entre los cauces del humor más punzante e irreverente, pero no debe caer por ello, en la simplicidad ni, sobre todo, en la manipulación que tanto crítica en sus películas. No le podemos pedir a estas alturas objetividad equidistante, pero si cierto control en las formas, sobre todo, en el material que se le enseña al publico, porque dependiendo de cómo de alterado se enseñe, éste desconfiara de la naturaleza del mismo, por ende, cuestionando el discurso del documentalista.

A pesar de todo esto, se agradece un Moore más contenido en sus intervenciones delante de cámara. Todos conocemos su amor por el protagonismo en primera persona, pero por primera vez, en Capitalismo: una historia de amor pondera las imágenes de archivo en favor de las apariciones molestas  para los villanos de sus alteradas viñetas. Como el excelente montaje que utiliza en los primeros compases para comparar el imperio romano y su caída, con la actual situación de los EEUU, a través de un inteligente montaje de imágenes de películas de romanos, al lado de una voz en off que describe la delicada situación del país del dólar. Otro momento brillante, este en su vertiente bufonesca y exhibicionista, es cuando empapela las sedes de los grandes bancos con la cinta policial que se utiliza para salvaguardar la escena del crimen, y bajo un altavoz exige la cabeza de los CEO’s por sus delitos.  Y su interesante teoría en la que utiliza la metáfora de una zanahoria para describir que lo que sustenta el sistema capitalista, y lo que provoca que no haya una verdadera revolución, es la falsa ilusión que se lanza de que algún día nosotros podremos ser los de arriba.

El estilo de Michael Moore gustará mucho, poco o nada (de hecho son deplorable los momentos melodramáticos y lacrimógenos con familias que han perdido a un familiar y las corporaciones se han beneficiado de ello), pero de lo que es indudable es que su mala uva, su tono cero conciliador y su capacidad para escarbar entre la inmundicia para destapar conexiones, secretos, y verdades reveladoras para el resto de los mortales, es necesaria y saludable, por mucho que Moore nos lo dé todo masticado, empaquetado, y hasta con una X en la casilla de voto.

 

Ver Capitalismo: una historia de amor en Filmin 


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