Crítica

A ciegas – Susanne Bier

posted by Marc Muñoz 20 diciembre, 2018 0 comments
Apocalipsis domesticado

A ciegas

Netflix viene pisando el acelerador en aras de convertirse en uno de los principales actores en la producción y distribución de películas. Su estrategia a corto plazo supone la producción de 55 películas (algunas de gran presupuesto) y terminar poblando su catálogo con 90 películas (incluyendo animación y documentales) al año (Universal suele lanzar 30 películas al año). Todo parece indicar que hasta que no se estabilicen en esas cifras (o similares), y a una parte del pastel cada vez más gruesa, no aflojarán el pie del pedal. Aunque, y por el momento, esta apuesta presupuestaria y estratégica hacia el cine no se traduce en obras perdurables.  Salvando contadas excepciones, su organigrama de contenido no difiere al que aplican en la actualidad los grandes estudios. En ese sentido, no hay una apuesta por un cine más arriesgado o novedoso (de nuevo, nos referimos aquí a la producción propia).  Y la excepción queda marcada cuando  el director encargado del proyecto (dígase Alfonso Cuarón o hermano Coen, o, próximamente, Martin Scorsese, Steven Soderbergh o Guillermo del Toro) tiene la suficiente autoridad (por su trayectoria o palmares) para interceder plenamente en el contenido de la obra.

Luego están los encargos llevados a cabo por directores de cierta solera (entiéndase como la clase media de Hollywood) pero cuyos resultados, por el momento, dista mucho de lo óptimo. Vuelve a ocurrir con la próxima entrada en su catálogo (mañana viernes 21 de diciembre).  A ciegas se estructura como una cinta apocalíptica encauzada en los cánones de ese género cimentado, en un sinfín de ocasiones, por la industria de Hollywood. En ese sentido, el talento de la directora Susanne Bier queda volatizado por unas pautas prefijadas y una reducida libertad de movimiento en la puesta en escena.

De hecho, la premisa que da el juego a este relato escrito por Eric Heisserer, según la novela de Josh Malerman, plantea un calco  con la de El incidente. Primer síntoma de la poca originalidad de una cinta que prefiere encarrillarse en el melodrama de personajes encerrados en una situación límite que en el terror al que da juego esta clase de producciones. Por mucho que este haga tímidias, y puntuales, apariciones en la otra rama dramática de la cinta: la que implica a una madre no convencida cuidando de dos niños en la peligrosa bajada por un río y que queda encauzada en el thriller de supervivencia. Dos tramas, abarcadas desde distintas líneas temporales, y que terminan completando el puzzle general de la historia. .

Una estructura interesante que, sin embargo, termina acoplada sobre demasiados lugares comunes. Por ejemplo, en su parcela de cinta apocalíptica doméstica, la exploración psicológica de sus personajes, encerrados en una casa ante el asecho de un extraño virus que ha llevado a la población mundial al suicidio queda atenuada por el desnivel en el dibujo de estos y por la respuesta de los diferentes actores que les dan vida. Una galería de personajes que, además, deja demasiado en evidencia su compromiso con los valores de los nuevos tiempos; Sandra Bullock tomando el papel de madre heroína (el matiz de rehuir de ese vínculo maternal es uno de los principales aciertos del guion), el coprotagonista es negro y no faltan el freak conspiranoico, la mujer mayor, la obesa y el malhumorado arisco. Un marcado acento arquetípico, con el barniz de lo políticamente correcto, que sin duda agrava esa sensación de déjà vu que transmite todo el visionado.

Quizá uno de los mayores aciertos de la propuesta pasa por suprimir la silueta física en la amenaza externa que lleva a los personajes a la situación límite descrita,  una invisibilidad del mal que conecta con el planteamiento que promueve Un lugar tranquilo. Si bien ahí, la ausencia del sonido era el pilar para la supervivencia (en A ciegas es prescindir de la vista), la película de Krasinski extendía, ligeramente, esa singular premisa (dentro del cine de terror apocalíptico convencional) a la puesta en escena, sonsacando así cierta tensión en los pasajes más vaciados de  sonido. Aquí, Bier tampoco se atreve a llevar su premisa a las últimas consecuencias, y opta por planos bajo la tela que tapan la vista a los personajes, montados con otros no subjetivos en los que se aprecia la relación del sujeto con el entorno. Además esa invisibilidad que podría haber potenciado el aparato sugestivo termina mermado por esas inocentes  sombras, sacudidas y el paso de ese viento agresivo con los que se señala la presencia amenazante en pantalla, para no dejar al espectador sin su antagonista definible, aunque este sea inmaterial.

Pese a las comentadas taras, propias de una cinta convencional que podría haber lanzado cualquier estudio hollywoodiense, A ciegas entretiene en su recorrido, la dualidad de escenarios y su montaje refuerzan lo suficiente para que su transitado y previsible recorrido no se haga cansino, pero poco más.

5,5


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