Crítica

A Roma con amor – Woody Allen

posted by Marc Muñoz 20 septiembre, 2012 4 Comments
Glaucoma

A Roma con amor woody Allen

Al bueno de Woody Allen se le podría pasar todo por alto. Sus películas han conseguido dibujar sonrisas, provocar estallidos de carcajadas, incluso destapar reflexiones lúcidas a través de su inimitable humor, sus agudos diálogos, sus obsesiones neuróticas, y su siempre entrañable y risoria presencia en pantalla. Eso es algo que el cómico de Nueva York lleva regalando a sus espectadores desde 1969, año tras año. Desde entonces, la llegada de la película anual del genio neoyorquino es algo tan ineludible para sus seguidores como la celebración del Bar Mitva para los judíos.

En los últimos años, el de Manhattan anda embarcado en un tour europeo que lo está llevando a recurrir las principales ciudades de la región dispuestas a financiar sus proyectos. De este periplo han surgido piezas valiosas como Match Point o Midnight in Paris, u otras más discutibles como Scoop, El Sueño de Casandra o Vicky Cristina Barcelona. Y en lo alto de este último grupo hay que incluir desde ahora a su última parada, A Roma con amor.

Película que deja por primera vez en entredicho la inexplicable capacidad del genio neoyorquino para plantar cada año en las carteleras un filme en condiciones, que podrá gustar más o menos, que podrá estar construida con menor o mayor acierto, pero que difícilmente nadie desecharía de sus obligaciones anuales. Asunto que entra en discusión con su último filme.

En ella, el de Annie Hall, anda de forma errática, en círculos disgregados, desorientado, con un caminar impropio a la relevancia como autor constada por el grueso de su filmografía. Parece conceder motivos a favor para los que detectan signos de debilidad creativa en su última etapa,  y para los que reclaman el fin de su tour europeo, y por lo tanto, la vuelta a su marco predilecto, la ciudad de Nueva York.

Porque en A Roma con amor más que rendirle un tributo a la capital italiana, lo que consigue es hacerle un flanco favor con cuatro historias, no cruzadas, dispersas, y a cual más rocambolesca, que apenas recogen momentos y situaciones inspiradas, sin ninguna sustancia temática, o en caso de tenerla,  endeble y superficial (comparar el acercamiento a la fama y la popularidad abordado aquí con el que proponía, por ejemplo, Las galletas de la fortuna). Y lo que resulta aun más espinoso… dejar que todo el conjunto quede engullido por el tedio y la reiteración (muy poco ayuda la banda sonora), algo inusual e inesperado dentro de su trayectoria.

Es difícil encontrar en esta película una línea argumental atractiva y divertida, o un personaje al que cogerle simpatía. Parece como si Woody Allen se hubiera empapado de los peores tics de la comedia italiana, del Johnny Palillo de Roberto Beningni (quien protagoniza una de las historias más absurdas de la película) y no se hubiera podido desquitar de ese olor durante todo el metraje.

Salvando algún instante ingenioso, alguna aparición en pantalla del personaje que interpreta el propio Allen afortunada, o el triángulo amoroso protagonizada por Jesse Eisenberg, Greta Gerwig o Ellen Page, es difícil arrancarle al espectador una risa, o incluso una sonrisa de complicidad ante un apunte brillante. Ni siquiera el papel jugado por un nutrido y envidiable elenco actoral: Alec Baldwin (cuyo personaje resulta completamente prescindible), Judy Davis, Penélope Cruz más los ya citados, consigue evitar esta sensación de pérdida de chispa.

A Roma con amor supone un bache, probablemente el más profundo, en la carrera del cineasta. En ella, Woody Allen muestra signos evidentes de flaqueza y agotamiento (incluso a nivel físico, no aparece demasiado cómodo en pantalla). Lo que conduce  a preguntarse sobre su frenético ritmo de trabajo (si alargará los hiatos entre proyecto y proyecto no creo que su cine se resintiera, al contrario) y en la conveniencia de seguir o no con su mirada de turista embobado por Europa, y por lo tanto, de la necesidad de recluirse de nuevo en la ciudad de su corazón. Sea cual sean las respuestas, Woody Allen nunca podrá convertirse en la reencarnación real del director ciego que interpretó en Un final made in Hollywood. Por mucho que aquí se haya empeñado en representarlo… ya no llega a tiempo.

 3,5


4 Comments

Alberto Varet Pascual 20 septiembre, 2012 at 20:03

Este hombre está chocho. Que se jubile.

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Amor 20 septiembre, 2012 at 22:07

Alberto, supongo que vos sos más del cine de tipo The Advengers o Transformers no?
Allen es un estupendo director, la verdad es que nunca decepciona.

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Marc Muñoz 21 septiembre, 2012 at 15:43

Bueno tanto como chocho…., no creo que pase por su etapa creativa más brillante, pero tampoco hace demasiados años que nos regaló Match Point, para mi una de las cumbres de su carrera. Y la última en París, era entretenida y agradable, pese a que opino que se la encumbró en exceso. Pero es verdad que lleva encadenando varias películas regulares que no pasan del bien. Y en esa ocasión, como señala la nota, se encuentra muy por debajo. Amor (con deje cubano) creo que ésta si que te va a decepcionar.

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José Luis Muñoz 23 septiembre, 2012 at 17:48

Coincido en el agotamiento de Allen y no creo que vaya a ver su último spot turístico. Quizá sirvan sus películas, no lo sé, para las agencias de viajes, pero el cine es otra cosa, sin duda. A Woody Allen le ha perdido la devoción ciega hacia su cine que hay en Europa y se ha confiado. Tiene que tomarse unos años sabáticos y no volver al cine hasta que no tenga un proyecto en condiciones.

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