Crítica

Animales nocturnos – Tom Ford

posted by Alberto Varet Pascual 1 diciembre, 2016 2 Comments
Complejos de modisto, complejos de cineasta

Animales nocturnos

Nicolas Winding Refn y David Lynch se han convertido por méritos propios en dos de los mayores exponentes de un cine moderno de la pesadilla reluciente y, como tales, generan a su alrededor sus monstruos. Este crítico lamenta que Tom Ford entre de lleno en esa categoría al abrir, alimentar y cerrar su película con claros préstamos de los citados directores, de modo que el arranque de Animales nocturnos mucho tiene de la hiperestilizada ritualidad de Refn (impuesta para la ocasión sobre una escena que sólo a un pijo desfasado del mundo de la moda se le hubiera ocurrido perpetrar), la conclusión calca un plano que Lynch tomó en su día del ojo de Naomi Watts hacia el final de Mulholland Drive y el resto del metraje está pergeñado de gestos procedentes de uno u otro autor allá donde la creatividad del responsable de A Single Man no da más de sí.

El susodicho comienzo nos sirve asimismo para hablar del que quizás sea el gran problema de la cinta: al dibujar de manera tan obtusa la naturaleza grotesca y superficial del etéreo universo que habitan los ricos, el realizador no logra su deseo de elaborar un discurso convincente sobre sus miserias cuando lo contrapone más tarde a un género tan terrenal y mugriento como el western. La ligazón entre estos dos espacios no es sólida. Y no lo es porque Ford carga las tintas contra su mundo como si fuese un niño enfadado. No hay una mirada honesta, por más que exista un obvio conocimiento de causa. A esto añadámosle el exceso trágico y dramático del relato árido y entenderemos por qué las dos partes que componen en su mayoría el film parecen evitarse en lugar de dialogar.

Pero no todo son malas noticias. Más allá de estas carencias en la puesta en escena y del uso clamoroso de préstamos para suplir la falta de originalidad, Animales nocturnos funciona muy bien como la historia de recuperación de un personaje filtrada con inteligencia por el deseo de venganza. La dosificación de la información puede ser académica, pero también resulta muy efectiva. La sorpresa existe en el recorrido (algo gratuito) que emprende una excelente Amy Adams a la búsqueda de una redención que la devuelva a la realidad.

Además hay dos momentos que esquivan perfectamente el referente y que se erigen en verdaderas muestras de buen cine. La primera es una larguísima persecución en coche que, en principio, recuerda al Lynch de Mulholland Drive, Carretera perdida y Corazón salvaje y a las secuencias nocturnas de los Coen, pero que, según se dilata la acción, crece desde la mirada personal de quien abrió la cinta con aquella introducción grotesca. El morbo y la perversión (en los sucesos, en los gestos de un creíble Jake Gyllenhaal en su arriesgado papel) le pertenecen al director. Las terribles sensaciones revelan su poder en el tiempo y colocan al espectador en un espacio inseguro. El instante también funciona de manera extraordinaria para vertebrar el desplazamiento del universo pijo al western.

La otra gran escena pertenece al tercer relato con el que juega el autor: los flashbacks procedentes de la memoria de Amy Adams. Se trata de la cita que mantienen los dos protagonistas. Pocas veces en pantalla se ha visto tanta química. En contadísimas ocasiones un plano/contraplano de dos caras nos había remitido con tanta fuerza a la emoción que los propios personajes están sintiendo al mirar por primera vez el rostro de la persona de la que se están enamorando. Una pena comprender más tarde que Ford va a resolver el resto de diálogos de la misma manera, alejando este maravilloso momento de la autoconsciencia.

Animales nocturnos es, probablemente sin querer, una excelente muestra de los complejos del famoso modisto como personalidad y cineasta. Su mirada al mundo de la moda es un vulgar reproche, y su trabajo con la cámara, temerosa academia que oculta sus miedos bajo un disfraz prestado de lobo feroz. Sin embargo, sería injusto no reconocer que tras las inseguridades existe un excelente narrador con una mirada personal capaz de alzarse cuando los referentes no la pueden tocar.

5,5


2 Comments

Marc Muñoz 16 diciembre, 2016 at 00:27

Creo que es la crítica más benevolente que has firmado nunca. Como apuntas el diálogo de un terreno a otro, de la realidad de Amy al de la ficción que plantea el personaje de Gyllenhaal, es torpe e infecundo. Si en su recreación de la élite angelina se salva por proximidad a ese mundo, aunque no desaprovecha para subrayarlo y tirar de arquetipos algo dañados sin el factor carisma o de excentricidad, creo que la recreación árida/noir es pésima. Ni me atemorizan esos rednecks, ni me creo a un sobreactuado Michael Shannon, ni mucho menos Gyllenhaal en su peor papel hasta la fecha. Creo que la dirección de actores es demencial y la puesta en escena (y mira que tenía para tirar de referentes) es vaga, distante, sin atisbo realista (Comancheria, por ejemplo, le da ciertas lecciones). Además del flojo guion en ese plano del relato criminal, y que ocupa más de la mitad de la proyección, que chirría constantemente, exigiendo saltos de fe por parte del espectador ante tanta incoherencia. No sé, quizá me perdí alguna conexión, pero entiendo que hay debilidades en bastantes niveles. Sobre la realización de Ford ya ni entro, porque la percibo vacía, y me imagino a los Coen cogiendo este material y el resultado hubiera sido otro cantar..

Reply
Alberto Varet Pascual 16 diciembre, 2016 at 11:15

Jajaja… puede que el hecho de que fuera una de las últimas cosas que hice en Londres con colegas me haya ablandado. Estoy de acuerdo en las cosas que dices. No en lo de las interpretaciones: el único que me parece que está mal, y es un fallo de casting, es el antagonista, interpretado de manera lamentable por el tronco de Kick Ass que es un actor pésimo.

La peli en general, pues sí, es efectista, pero yo sí veo una mirada personal bajo los kilos de copia. Acaso sea mejor la idea que el resultado, pero tampoco diría que la película es muy mediocre. Tiene un pase porque sus excesos tienen justificación: no es un film realista, está filtrado por la pesadilla, el insomnio, la venganza… No creo que sea una película inexpresiva ni impersonal a pesar de sus muchos defectos.

Reply

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.