Crítica

Aurora, un asesino muy común – Cristi Puiu

posted by Alberto Varet Pascual 3 septiembre, 2012 0 comments
En los márgenes de Europa, del cine, de la exhibición

Aurora

Con dos años de retraso y un título en español ridículo llega Aurora, la magnífica película de Cristi Puiu, uno de los autores imprescindibles no sólo del cine rumano sino del panorama cinematográfico mundial. Lamentable se presenta la tardanza de su estreno, sí, pero más triste aún es comprobar como su exhibición se reduce a pequeñas salas de estudio y de forma poco menos que clandestina.

Esperemos, pues, que los amantes del séptimo arte adviertan la presencia de esta crónica de extrarradio de Bucarest (el, ya de por sí, margen de Europa) tan insólita, fría y depurada como profunda y densa en las pocas pantallas en las que será mostrada. Y es que, aunque la veamos tarde y mal, Aurora debe ser reivindicada (de hecho, razón de más para hacerlo).

Con una duración cercana a las tres horas, el cineasta es capaz de poner en escena emociones tales como el terror de lo anodino, el desgaste vital en un país que ha dejado el comunismo para adentrarse en el más salvaje capitalismo, la falta de sentimientos en la rutina, el ridículo papel de la burocracia ante la tragedia o la degradación personal sumida en la soledad sin ningún tipo de subrayado.

Todas estas lecturas viven en una narración que fluye ante la mirada paciente del director (que es la del espectador) dentro de un film que se construye de forma prodigiosa a sí mismo durante la proyección. De este modo, Puiu se aleja de algunas claves estilísticas y formales de la llamada ‘Nueva Ola Rumana’ (nombre despreciado por el autor) tendente a la cámara en mano, la cercanía a los personajes y la búsqueda inequívoca del retrato y la reflexión moral.

Aurora, muy al contrario, se formula en la distancia, en largos planos de composición exquisita, asombrosamente capaces de encerrarnos en su mundo de márgenes diluidos. Y, aunque mantiene algunos puntos en común con otras películas como 4 meses, 3 semanas, 2 días (como la inexistencia de una banda sonora que bañe sus imágenes o la depuración hasta el minimalismo de una crónica capaz de balancearse entre la ficción y el documental), la cinta parece creer más que ninguna otra en la inteligencia de un espectador sentado frente a unas imágenes completamente abiertas que nunca dirigen su mirada.

Sin embargo, y a pesar de su indiscutible brillantez, algunos críticos han encontrado en este thriller atípico e inquieto una sensación de dejà vu pues recuerda a otras narraciones trágicas manifestadas en clave aséptica como Las horas del día, de Jaime Rosales. Una comparación que tampoco debe quitarle mérito a Puiu, capaz de generar unas imágenes muy puras que, además, suponen una continuación coherente en su obra.

Y es que, si su anterior (y muy celebrada) La muerte del Sr. Lazarescu se antojaba una metáfora de la vieja Rumanía comunista que agonizaba y de cuya muerte no se quería hacer nadie cargo, aquí, el cineasta filma a un tipo (casi un espectro) que deambula entre los límites del documental y la ficción, del antiguo régimen y el nuevo, con un enorme conocimiento de causa y una increíble capacidad para cartografiar paisajes tanto físicos como psicológicos (impagables esas escenas en la vieja estación de trenes).

Y en ese vaivén solitario se sitúa el propio director quien, no por casualidad, interpreta la cinta en busca de respuestas a la situación de su país, de Europa y del cine moderno (es asombrosa la forma en la que el autor estanca la narración). Su film, un trabajo etéreo, como si de un limbo existencial se tratara (como la aurora, entre la noche y el día) se expresa como un mosaico de interrogaciones hacia un espectador al que se le da siempre la posibilidad de elegir.

Una memorable pieza cinematográfica sobre la que se debería mirar el panorama contemporáneo que se estrena a traición en nuestro país. Lo que nos lleva a otras cuestiones: ¿Por qué ninguno de los amantes de la cultura española, esos que se están rasgando estos días las vestiduras por la subida del I.V.A., dicen nada ante despropósitos como éste? ¿Conocen, acaso, la obra de Cristi Puiu? ¿Les importa? Si la llegada a nuestros cines de productos como éste van a realizarse de semejante modo, ¿a quién demonios le molesta la subida de la dichosa entrada? Da la sensación de que la crisis en la exhibición y el cine español no había existido hasta hoy.

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