Crítica

Avanti Popolo – Michael Wahrmann

posted by Mireia Iniesta 24 febrero, 2015 0 comments
Avanti il Popolo: el estatismo doloroso

Avanti popolo

La película de Michael Wahrmann se abre con el plano de un coche que no arranca,  en  un barrio popular de Brasil  sumido en la oscuridad. De repente, el coche se pone en marcha y empieza a recorrer de forma algo frenética las calles del barrio acompañando su marcha con viejas canciones comunistas de un programa de radio. Recorremos la oscuridad con él topándonos con las rejas de las casas que nos hacen de obstáculo, giramos sobre nuestro mismo eje sin avanzar, retomamos el camino con dificultad y seguimos adelante hasta toparnos de frente con la imagen de un hombre joven que carga una maleta. Este pequeño itinerario nos revela toda la esencia de la película: ambos personajes, el conductor y su hijo, el hombre de la maleta, vagan erráticos por una noche que no acaba. Por un duelo que no termina.

Avanti il popolo pretende ser el testimonio melancólico del final de los movimientos de izquierdas y de la muerte del cine. Para ilustrarlo el director acude a las viejas canciones comunistas de siempre y a una profusión de imágenes en super 8 que irrumpen de vez en cuando en mitad de la acción, ilustrando el pasado familiar, la juventud del padre, los años perdidos.

La película es parca en espacios y la cámara de Wahrmann resulta de un estatismo casi doloroso. No puede moverse y elaborar un travelling porque los personajes no pueden moverse.  Tenemos a un padre encaramado a las rejas que custodian su casa, de la que parece no poder salir. A un hijo que vive clavado al sofá del pequeño salón. Un microcosmos forjado a base de recuerdos de la antigua Unión Soviética, (a la que emigró el hijo y el hermano de los protagonistas para no volver nunca más.)La figura del padre alude al trauma de la dictadura militar y la del hijo a una imposibilidad de avanzar. Lo viejo no se acaba de ir y lo nuevo no acaba de llegar.

Pero la gran pérdida que acusa  Wahrmann es la muerte del cine. Recordemos que el hijo solo sale de casa para arreglar el proyector “familiar” que ya no funciona. Y que incluso después de haber sido reparado, es demasiado lento rebobinando. En su conversación con el reparador, intuimos lo que más tarde se presentará como una aplastante evidencia: el cine es un cadáver, sus herramientas, objetos obsoletos, su gloria una ruina del pasado de la que es imposible su regeneración. Los únicos directores a los que parece salvar Wahrmann son Glauber Rocha y Carlos Reichenbach, a quien va dedicada la película.

La producción de Wahrmann entronca en cierto modo con Jauja de Lisandro Alonso. Es ese tipo de cine que alude al romanticismo heroico trágico, a ese sentimiento errático y a la pérdida de referentes. Como en el caso de Jauja,  ese  dolor se mediatiza a través de la pérdida de un ser querido, cuyo retorno imposible genera un duelo interminable.

8


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