Crítica

¡Ave, César! – Joel y Ethan Coen

posted by Marc Muñoz 18 febrero, 2016 0 comments
Loa descafeinada al Hollywood clásico

Ave César cartel

Los hermanos Coen forman parte de esos escasos especímenes del cine norteamericano que se permiten incursiones a Hollywood sin perder su voz propia, su pátina autoral.  Ahí es precisamente donde se desplazan físicamente – aunque lo hacen al Hollywood de la edad dorada del sistema de estudios – para ambientar un ¡Ave, César! con mimbres de producción hollywoodiense pero manteniendo su distanciamiento idiosincrásico.

Un logro de entrada que muy pocos directores contemporáneos pueden adjudicarse (Quentin Tarantino y pocos más). Sin embargo en su última incursión cinematográfica se ausentan muchas de las constantes que han definido su cine y eso sacude esta comedia con una trama tan prometedora como desaprovechada: Capital, uno de los grandes estudios en el Hollywood de los años 50 ultima el rodaje de una superproducción de romanos con una de las estrellas del momento – a quien intepreta George Clooney. Sin embargo todo se va al traste cuando éste es secuestrado y desaparece en medio del rodaje.

Lo que parecía una invitación insoslayable para una historia de cine negro tan al gusto de los dos hermanos de Minnesota se convierte en un trayecto vacuo amenizado por gags sin demasiada chispa, y todo uniformado bajo un homenaje al Hollywood clásico. Los Coen desestiman la trama, para embarcarse en un tour por este microuniverso de un estudio. Y es a través de ese paseo que rinden su particular homenaje a ese cine desaparecido: a los musicales, los números acuáticos, los musicales de Stanley Donen y Gene Kelly, las superproducciones de romanos de grandes decorados y ni rastro de CGI, los melodramas fastuosos, etc.

Todo lo que la película luce en su colorido y llamativo apartado visual, se escurre en un entramado narrativo que descuida enormemente su potencial, dejando además entrever un despegue que nunca llega. Aunque quizás lo más doloroso es esa ausencia añorada de personajes memorables. Pese a contar con actores solventes, y de primer nivel en cotización, recreando los arquetipos y las leyendas que se esconden bajo algunos grandes nombres de ese periodo al que se acercan en tono humorístico, faltan matices, caracterizaciones, acciones y pautas que los lleven a equipararse con el Nota, Jerry Lundergaard, Anton Chigurh y tantos otros icónicos personajes que no han dejado sus películas. Es tal la evidencia de falta de personajes construidos con detalle y aprecio, que muchas grandes estrellas parecen tener un papel testimonial, casi a modo de cameo, por lo poco que aportan a la no trama y a su mínimo desarrollo – el personaje de Scarlett Johansson, el de Jonah Hill o el de Alex Karpovsky, por ejemplo.

Quizás el mayor agravante de su último esfuerzo, es que la película no funciona ni en su faceta humorística. Más allá de un par de gags bien hilvanados, alguna salida de guion ingeniosa y alguna ocurrencia aislada en sus diálogos, ¡Ave, César! naufraga como sátira, que pretende erigirse, de ese Hollywood resplandeciente de los años 50, erigido como la gran fábrica de sueños. La mirada expuesta, más si se compara con la aguda y afilada observación de la CIA en Quemar después de leer, se demuestra vacía, gastada, indolente  y muy poco atrevida.

Dejando así una sensación general de desaprovechamiento, de un filme que pretende satirizar las formas caducas y traspasadas de ese período, pero que se termina contagiando de sus versiones más ridículas. Ese plano final brusco, como inacabado, denota a la perfección el ajuste incompleto y fallido de esta obra. Los Coen desmerecen un material que se antojaba inmejorable, y eso con su firma, es una decepción mayúscula.

5,5


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