Crítica

Bestias del sur salvaje – Benh Zeitlin

posted by Jose Luis Muñoz 26 febrero, 2013 3 Comments

Bestias del sur salvaje

Bestias del sur salvaje es el primer largo del cortometrajista Benh Zeitlin, aunque visto el resultado no parezca la opera prima de un debutante. Partiendo de una catástrofe natural, que bien podría ser la del Katrina o cualquiera otra tempestad que sacude de forma periódica Luisiana, el director nos cuenta, desde el punto de vista de la niña protagonista de la historia, la pequeña Hushpuppy (Quvenzanhé Wallis), sin duda una de sus mejores bazas, su particular convivencia, fuera de los parámetros civilizados, que tiene con su padre Wink Doucet (Dwight Henry), hombre rudo y alcoholizado que la educa en la supervivencia en la pequeña comunidad de La Bañera, formada por un grupo de pescadores marginales que matan los días a base de borracheras y viven segregados de la urbe en uno de los meandros del Mississipi junto a una presa y a dos pasos del mar. Cuando una subida de las aguas inunda su hábitat natural y el gobierno trata de instalarlos en un territorio seco, esa pequeña comunidad, que vive y se rige según las normas de la naturaleza, se rebela y vuelve a sus tierras inundables con las que desaparecerán cuando el nivel de las aguas suba, a causa del cambio climático, porque forman parte de ellas.

Narrada bajo los parámetros del cuento infantil, desde el interior de esa niña negra, pobre y sabia que protagoniza el film y es su narradora, Bestias del sur salvaje es una película bella y sencilla de la que surge un claro mensaje ecologista que sea quizá lo que más chirría y acaba pesando en la narración: algunas de las reflexiones de la diminuta Hushpuppy no son propias de una niña de seis años apenas escolarizada. Un cierto realismo del realizador consigue que ese mundo próximo a la naturaleza no se nos presente idealizado con colores pastel y encendidas puestas de sol, rousseauniano, sino con un evidente naturalismo (el caos, la suciedad y la pobreza extrema acompañan a los marginales habitantes de La Bañera que se mueven por el barro, que se hunde bajo sus pies, y navegan a bordo de sus artefactos acuáticos en aguas pútridas y devoran los crustáceos crudos recién pescados).

Que de ese mundo feísta y sin el más mínimo glamour (chocante la forma en que Hushpuppy enciende el gas de su cocina, con soplete, o  de asar pollos de su padre, por poner dos ejemplos) mane una cierta belleza es producto de la sensibilidad que tiene el director para contarnos este cuento de pobres con buenos sentimientos que se rebelan contra una civilización que no conocen pero sí les perjudica. Lo cierto es que en EE.UU comunidades marginales, que viven apartadas de la realidad oficial de su país, como esos variopintos personajes de la película de Benh Zeitlin, que en algunos momentos me recuerdan a los de algunas películas italianas del postneorrealismo como Brutos, sucios y malos, de Ettore Scola, cambiando el malos por el buenos, existen y no son excepcionales, aunque lo excepcional es que sean tan inocentes y bondadosos como se nos pinta en la película y no tengan las características de los de Winter`s Bone, por ejemplo.

Benh Zeitlin suple con imaginación sus penurias presupuestarias (la tempestad se intuye y se oye, pero no se ve, y así se ahorra los costes del departamento de efectos especiales) y mueve la cámara de forma dislocada en el interior caótico de las precarias viviendas de La Bañera con un grupo de actores no profesionales a los que deja a su aire, aunque luego alguno de sus tramos narrativos (la visita de los niños al burdel flotante en busca de amor materno, por ejemplo) resulten forzados.

El que una pequeña y simpática producción, reconocida en el festival de Sundance, se cuele en la carrera de los Oscar y el que su diminuta protagonista recorra, merecidamente, la alfombra roja son los principales  méritos de este film cuyos resultados están casi a la altura de sus buenas intenciones.

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3 Comments

Alberto Varet Pascual 27 febrero, 2013 at 23:37

Me pareció infumable.

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Marc Muñoz 2 marzo, 2013 at 12:01

Pues a mi me gustó, o al menos eso creo, porque en el contexto de un festival, uno ya no sabe ni lo qué pensar. Y me agradó pese a ese aroma tan edulcorante, y toda esa intencionalidad descarada para epatar a los espectadores. Pero al menos, se agradece un trasfondo, aunque esté construido desde una base naif, o simplona incluso, pero al menos creo que los personajes y el estilo visual resultaban acertados. Yo la entendí como un «Dónde viven los monstruos» pero con un mensaje ecológico y político-social poco sutil y envasado de una manera que dejara satisfechos a casi todos. No por eso, considero que sea una mala película

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Alberto Varet Pascual 2 marzo, 2013 at 13:24

Lo mejor, los 10 minutos de ‘cabezadita’ (me encanta esa palabra) que me eché. Un tostón que pretende vender gran cine y emociones a través del ruido, el barullo y las odiosas transiciones ‘indie’ con música molona. Además de ser una milonga ‘new age’ que no sabe si va o viene.

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