Crítica

Boys State – Amanda McBaine y Jesse Moss

posted by Marc Muñoz 15 septiembre, 2020 0 comments
Simulacro electoral

Cada año, en el estado de Texas, se celebra una especie de campamento político en el que los 1.000 adolescentes asistentes se ven inmersos, durante una semana, a la simulación de unas elecciones para elegir al gobernador del estado entre los chicos que se presentan como candidatos. Ese inusual, y, probablemente, único acontecimiento en el mundo de estas características y envergadura, sirve de base para el documental Boys State.

Trabajo con el que Amanda McBaine y Jesse Moss se alzaron con el gran premio del jurado en el apartado documental del último Festival de Sundance. La obra que dirigen se edifica como un intenso y trepidante retrato de unos chicos volcados en la competición política. Lo que en un principio puede parecer un juego juvenil, pronto se torna en un reflejo nítido de la política real, la de los adultos, con sus raciones de noblezas y bajezas.

Es ahí donde el documental descubre su vertiente más estimulante, cuando en ese particular microuniverso, que funciona como simulacro de las instituciones gubernamentales y los mecanismos para renovar su poder, afloran las mismas astucias, campañas de descrédito, ataques y bajezas éticas. Como notable es el componente conservador de esos adolescentes hasta el punto que uno de los candidatos a gobernador, Steven, se ve obligado a atar en corto su ideología progresista con tal de ganar opciones para las primarias y, en última instancia, en la elección para gobernador del estado. McBaine y Moss aciertan con esa cámara al hombro de seguimiento, combinada con extractos fuera del circo político que permite constatar la distancia que separa los perfiles públicos de los privados. Y es en esa exploración honesta que permite la entrevista individual a cámara, y su aislamiento de la presión social, cuando el espectador descubre los altibajos emocionales a los que se ven abocados esos chicos que llegan con la esperanza de divertirse, conocer compañeros afines en una aventura singular, y que terminan engullidos por el espiral competitivo del país del dólar, y, a su vez, algunos de ellos desanimados y descompuestos cuando descubren la amoralidad que se esconde en los engranajes y estratagemas que rigen la política y los que viven de ella. A veces, se intuye que el retrato no avanza mucho más allá de la superficie, y del universo que la dupla de directores tiene ante sí, sin rascar en temas más amplios y ambiciosos.

Boys State se defiende así como un estimulante y entretenido acercamiento a las bases democráticas y políticas que sustentan el país de Trump, y cómo esos propios mecanismos inclinan a la pérdida de la decencia, por mucho que, algunos de los chicos en que se fija el relato, encuentren la esperanza y hasta cierta gloria.


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