Crítica

Chained for life – Aaron Schimberg

posted by Marc Muñoz 5 julio, 2018 0 comments
El rodaje de los freaks

Chained for life

En los corrillos cinéfilos de Nueva York empieza a sonar el nombre de Aaron Schimberg en su empecinamiento por configurar una voz singular dentro del nutrido espacio cinematográfico de la ciudad de los rascacielos. Tras llamar la atención con la alucinógena Go Down Earth (su debut en la dirección) busca una reválida sin salirse de los terrenos del desconcierto y la rareza con Chained for Life, un película que tras pasar por el BAM Festival de Brooklyn un servidor ha podido visionar.

La película plantea el rodaje extravagante y un tanto alucinado de un filme de terror en lo que supone la primera incursión norteamericana de un director de cine de autor con acento alemán (clavado al de Werner Herzog, para más señas). La grabación tienen lugar en un hospital psiquiátrico y reúne a una actriz con un casting de personas que presentan una serie de deformidades en el físico. Algo así como una mezcla entre Freaks, la parada de los monstruos de Tod Browning y Noche de estreno de John Cassavetes.

En ese circular entre la fantasía y la realidad, la ficción del rodaje y la propia realidad del detrás de las cámaras, Schimberg reflexiona sobre la belleza, la representación y edifica espacios meta cinematográficos para lanzar otras reflexiones sobre el cine y sus secretos. En un ejercicio marcado por el desconcierto, el distanciamiento e incluso, la incomodidad, el trabajo de Schimberg no escatima recursos en buscar cierta ternura y humanidad en unos personajes, a veces perdidos, e igual de extrañados que el espectador, deambulando en ese rodaje cuya representación bascula entre la normalidad aparente y forzada y lo abominable y espeluznante. Un vacilación en los tonos que no sucumbe al despiporre de autores no muy alejados de su estilo y visión – desde Quentin Dupieux a Rick Alverson, pasando por nuestro Carlo Padial. Porque la voluntad de Schimberg no es la de deconstruir la burla, activar el desenfreno polémico, sacar a pasear la vena grotesca o grosera, o explotar virutas cómicas mediante trazas de incorrección y/o provocación, sino plantear cortocircuitos morales entre los personajes, y por ende, al espectador; traspasar la incomodidad y la rareza de las situaciones al que observa, normalizar la deformidad y lo anormal – la cita de Pauline Kael con la que abre el filme es un declaración de intenciones en modo irónico. .

Todo ello lo envuelve con cierta pátina artie y presuntuosa que resta honestidad a su discurso, pero la intención dramática y temática sigue prevaleciendo, así como una ensalada de referencias que bebe de los films citados, pasando por Entertainment, El hombre elefante, Orson Welles, el giallo, Fassbinder o Vivir Rodando.

Referencialidad y meta lenguaje se conjugan para dar forma a esta criatura extraña que sirve como carta de presentación de una voz singular, sin duda.   

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