Crítica

Cold War – Paweł Pawlikowski

posted by Marc Muñoz 4 octubre, 2018 0 comments
La imposibilidad del amor

Cold War poster

Pawel Pawlikowski asaltó auditorios internacionales con la conmovedora y sensible Ida, un drama sobre una novicia descubriendo sus orígenes y los placeres fuera de convento antes de prometer los votos. Tras cosechar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, el cineasta polaco sigue en su ascenso cinematográfico con Cold War, premio al mejor director en la pasada edición de Cannes.

La película pone su foco dramático en el amor interrumpido de dos jóvenes a los que la guerra fría va distanciando en la consumación de su amor. Así la película, mediante inteligentes elipsis, resigue los obstáculos de estos dos amantes por distintas fases de los primeros años del telón de acero, a través de su paso por distintas ciudades del continente europeo.

Arropado por un  poderosos blanco y negro que remite al clasicismo de la época extinta de Hollywood, Pawlikowski se aferra en exceso a su bello continente con la intención de epatar al espectador. Sin embargo, sus poderosas imágenes parecen, por momentos, desvinculadas de un texto austero (una economía de medios que empapa sus formas) que no termina por definir las motivaciones de unos personajes que, durante varios fragmentos, aparecen desorientados en pantalla, o como mínimo, bajo los mismos vaivenes dramáticos, los que precipitan ese amor a la franja de lo imposible. Hay debilidades en ese guion a la hora de explicar la toma de decisiones que mueve a esos personajes que parecen esquivar lo más preciado para ellos (por circunstancias contextuales o personales)  por mandatos del guion más que de una voluntad verdadera nacida de su naturaleza. Así mismo, y volviendo a la función más formal, el continente de Pawlikowski pierde virulencia dramática en su conexión con el contenido, como una sensación deliberada de confiar el dispositivo emotivo en la construcción depurada y artesanal de las imágenes. Lo expresa con elocuencia el crítico Carlos Losilla, cuando habla de que la película “interpone una distancia entre plano y espectador en la que no surge tanto la emoción como su deseo de fabricar arte”. Al igual que el amor entre sus protagonistas, se trunca el poder evocador de las imágenes, se imposibilita la consumación de la magia cinematográfica por ese embellecimiento estético que rehuye la búsqueda de la verdsd en pos del deslumbre.

Pero sería injusto desmerecer la propuesta de uno de los autores europeos más interesantes de los últimos año, por sus ínfulas y su desequilibrio entre fondo y forma. Cold War está plagado de aciertos que la elevan. Empezando por el inteligente uso de la música, no solo como un marcador contextual esencial para las constantes, y ya señaladas, elipsis, sino también como una brújula emocional para entender la orientación de la pareja protagonista (aunque para este servidor ande encallada en las mismas motivaciones, reproches y esquives de la felicidad). Así como su decidida apuesta por la concisión, aunque a un servidor, por extraño que suene, su longitud le resultó escasa.

En líneas generales la sensación es de cierta insatisfacción, la de un fabuloso envoltorio puesto al servicio de un relato rácano en el brote de emociones, con personajes dando tumbos bajo las misma vicisitudes y tomando decisiones inexplicables. Quizá más metraje para entrar en una psique marcada por los tiempos de turbulencia (fría) hubiera servido para penetrar mejor en la epidermis de esta pareja y para obtener un poso más alargado con una imágenes demasiado seguras de su valor estético.


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