Crítica

Corpus Christi – Jan Komasa

posted by Marc Muñoz 2 julio, 2020 0 comments
El cuerpo dislocado de Cristo

Polonia ha gozado históricamente de una de las cinematografías más sugerentes del continente europeo. Desde popes como Roman Polanski, Andrej Wadja, Andrzej Żuławski, Krzysztof Kieślowski hasta las nuevas generaciones que han intentado preservar la calidad de sus antecesores; Pawel Pawlikowski sería la voz más emancipada de esta nueva oleada. En ese último grupúsculo se puede empezar a colocar a Jan Komasa, quien se abrió camino internacional gracias a la inclusión de su última película entre las nominadas al Oscar a la mejor película de lengua no inglesa.

Corpus Christi gravita alrededor de Daniel, un joven problemático que abraza la fe cristiana durante el internamiento en un centro de detención juvenil. Pese a su fuerte voluntad por convertirse en sacerdote, sus antecedentes penales, y la vida de vicio y desorden que lleva, lo distancian de esa inesperada fe para alguien con sus hábitos. Sin embargo, en un viaje a una serrería es confundido por un eclesiástico, y, tras una serie de circunstancias inesperadas, le surge la posibilidad de convertirse en el párroco de un pequeño pueblo.

Esta sugerente premisa, que se encuadra en la figura del impostor que se hace pasar por otro ante una comunidad que lo acoge con vehemencia, es un punto de partida inmejorable que debería haberse fijado como el único surco dramático de la historia. Sin embargo, Komasa estira los márgenes, y mueve su cinta hacia una trama de investigación (con un punto detectivesco) que concierne secretos y mentiras que, durante años, han alimentado los rencores y las rencillas entre los habitantes de esta población. Una decisión argumental que desgasta el impulso y el interés inicial. Es como si la película intentara abarcar más circunscripciones dramáticas y genéricas de lo aconsejable.

Algo similar ocurre con la exploración de la psique de este protagonista lleno de contradicciones, y atrapado en una fatalidad de la que busca alejarse injerto en ese rol de falso cura. Y lo lleva a cabo a través de un cambio de actitud, con un vuelco en su escala de valores y hábitos (más de puertas hacia fuera que hacia adentro) que suponen, además, una pequeña revolución (alegre) en esta comunidad cerrada de la Polonia rural. Sin embargo, la inesperada segunda oportunidad se complica cuando algunos personajes empiezan a desconfiar de su relato, y, especialmente, cuando el pasado  silvestre y problemático, regresa a su encuentro para truncar esa ilusión de empezar de nuevo. Esa ambición temática que desestabiliza el andamiaje queda, no obstante, atenuada por la fantástica interpretación de Bartosz Bielenia (y su penetrante mirada), capaz de hacer creíble algo tan rocambolesco como un delincuente juvenil seducido por la sotana, como por la diligente y atinada realización y dirección de fotografía.

Así Corpus Christi se presenta como una interesante exploración de una alma tortuosa en busca de una expiación impensable y peliaguda y un retrato de los contrastes acusados de la Polonia actual. Es una lástima que el texto no se focalice en ello y se diluya en otros derroteros menos interesantes, aún así, otro cineasta polaco al que seguir con cierta atención.


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