Crítica

Creative Control – Benjamin Dickinson

posted by Mireia Iniesta 20 octubre, 2017 0 comments
Hacia el sexo tecnológico

Creative control

Dirigida y protagonizada por Benjamin Dickinson, Creative Control narra la crisis amorosa de una pareja de Brooklyn en medio de un mundo dominado por las nuevas tecnologías y el capitalismo. Con claras influencias de la Naranja Mecánica de Kubrick, cuya combinación de música clásica y cámara lenta, es aquí representada en los momentos en los que el personaje principal, enamorado de la novia de su mejor amigo, se siente en crisis. Los homenajes a Kubrick no acaban ahí. La  moqueta que cubre el pasillo del edificio y que desemboca en el apartamento de David, nuestro inventor, es una réplica exacta de la moqueta del famoso Hotel Overlook de la película El Resplandor. Acaso ese pasillo conduce al terror de la rutina amorosa y del tedio sexual, del que parece imposible escapar.   

Aprovechando el lanzamiento de unas gafas de realidad aumentada con las que está experimentado, David crea un avatar de la novia de su mejor amigo, y en una especie de ejercicio, que encuentra su antecedente en El cortador de césped, experimenta todo tipo de placeres sexuales, que conseguirán que deje de discernir la realidad de la ficción y se aleje cada vez más de su pareja.

El tratamiento de la crisis amorosa en Crative Control, representado por la neta separación de la pareja al ocupar un mismo plano, se presenta próximo al de las películas de Woody Allen. Con Nueva York como escenario, y a la vez testigo mudo de los escarceos amorosos de cada uno de los  miembros que conforman la pareja, y con una Nora Zehetner, que resulta ser una clara emuladora de Diane Keaton.

Pero quizá la influencia más interesante y a la vez reciente de Creative Control sea Her. Esa reflexión de que lo tecnológico substituye a lo humano en lo afectivo, gracias al solipsismo de una sociedad gestionada bajo el neoliberalismo salvaje. En Her aparecían colores saturados en unos espacios idílicos que contribuían a pensar que estábamos en el interior de una fábula, que acababa por esfumarse  al llevar al espectador de la mano hacia el dolor de la infidelidad  y al duelo por la pérdida.  En Creative Control un elegante blanco y negro nos conduce hacia la sofisticación de un Brooklyn, que es el adalid de la modernidad, pero también a la desazón de un desierto emocional en el que sólo el deseo sexual de David consigue dotar de color a su avatar, tal como hicieran los personajes de Pleasantville.

8


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.