Crítica

Dawson City: Frozen Time – Bill Morrison

posted by Marc Muñoz 25 abril, 2018 0 comments
Memoria encontrada

Dawson city

El pasado 2 de enero, inmersos en la vorágine de la publicación de las listas de lo mejor del año,  conseguimos reclutar en al director Sean Baker para que ofreciera la suya. El director de The Florida Project nos ponía, gracias a esta, sobre la pista de Dawson City: Frozen Time, un documental que ya había salido en lo alto de otras listas ilustres de lo mejor de 2017. Aunque no ha sido hasta el pasado 13 de abril que Filmin ha puesto a disposición de las audiencias españolas y de habla hispana el trabajo de Bill Morrison, y no ha sido desde el contacto con sus primeros fotogramas que se han entendido los parabienes acumulados por esta obra.

Como ya ocurría con otro notable documental analizado hace unos meses en esta destilería, Uncle Howard (otro digno de colarse en las susodichas listas), el descubrimiento de un tesoro en forma de celuloide sirve como punto de partida para emprender un viaje cinematográfico por una historia impresa en esos fotogramas, rescatada así de caer en la tumba del olvido. Si en la muestra de Aaron Booker, el found footage se revelaba como la puerta de acceso a la memoria familiar de un hijo sobre la figura de un padre que no pudo conocer, en el caso que nos concierne, Morrison se convierte en un realizador arqueólogo que, maravillado con el hallazgo, reconstruye con este la historia de la ciudad canadiense cercana al Ártico, Dawson City. Una exploración histórica que a la vez se transmuta en una crónica social de la fiebre del oro para en un última instancia reivindicarse como una oda al cine mudo, y en general al cine, si conputamos la obra en su plenitud.

Aunque el esfuerzo de Morrison va más allá de la mera encadenación de hechos históricos y datos curiosos (el origen del imperio Trump, por ejemplo),de mayor o menor interés ocurridos en los albores de esta ciudad construida por la demanda  de los buscadores de oro. De hecho, su principal encanto es su carácter dialéctico entre el cine, la historia y la memoria. O el cómo un inesperado descubrimiento de celuloide destapa una historia oculta que parecía relegada a las cenizas de un material altamente inflamable (el nitrato con el que se creaban antiguamente los rollos de película). Como igual de interesante es palpar el marco con el que cineasta descubre esas imágenes hipnóticas y hace partícipe al espectador, consiguiendo incluso instantes de pura magia cuando el material corroído o en mal estado entra en sintonía con el mensaje o el relato al que da soporte, creando una simbiosis espectral entre forma y  fondo de belleza insondable. Un efecto multiplicado por la excelente banda sonora de Alex Sommers.

Aunque no siempre alcanza ese grado de sublime, hay parajes algo más farragosos, hay pequeños fragmentos entrevistados que rompen con el halo fascinante y magnético que caracteriza el recuerdo evocado por esas imágenes inéditas desterradas  por una excavadora.

Dawson City se erige así como un fascinante ejercicio memorístico a través de poder de las imágenes, uno que además, y gracias a un certero montaje, se va descubriendo al espectador en su tiempo más adecuado. En definitiva un patchwork visual construido a través de un tesoro visual encontrado que emite una poderosa e hipnótica reflexión sobre la memoria colectiva que propicia el cine.

marco 75


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