Crítica

Dead Slow Ahead – Mauro Herce

posted by Marc Muñoz 26 octubre, 2016 0 comments
El carguero fantasmagórico

Dead Slow Ahead

El primer carguero de Mauro Herce está completando una trayectoria formidable en su paso por los puertos más codiciados del circuito festivalero. Una estela laureada que señala el paso notorio de uno de los documentales más excepcionales de la temporada y una de las experiencias más imborrables vividas en una sala de cine en bastante tiempo.

Tal y como confesó el propio director en el Q&A posterior a la proyección de su ópera prima en el D’A, Dead Slow Ahead se materializó en la sala de montaje, aunque la génesis se remonta años atrás, cuando su autor entró en contacto con unos marineros en las costas de Chile y vió la oportunidad de abordar un trabajo alrededor de la vida de estos en el interior de esos cargueros de mercancías mastodónticos que el común de los mortales solo conoce por la marca de separación que establecen entre el mar y el cielo.

Aunque, como apostilló en su charla, una cosas son las intenciones iniciales, otra la situación in situ ante una perspectiva completamente novedosa e imprevisible, y la otra la forma que se la da forma al abundante material registrado al bordo del carguero filipino Fair Lady. E incluso, una última, y muy distinta, la recepción por parte del espectador.

Y ahí es dónde apunta una de las singularidades de esta colosal obra: su particularidad por remover un marasmo de sensaciones sin prescribir su navío a ninguna ruta narrativa, más al contrario, navegando por las aguas libres de la no narrativa. Un trayecto puramente sensorial que despierta un cúmulo de emociones propias del efecto de cursar con esos marineros las entrañas de una bestia de metal, tan amenazante, hostil, despiadada, como marciana y casi alienígena. Un ecosistema fascinante que Herce captura de un modo prodigioso, apoyándose en sus dotadas dotes como director de fotografía y acompañado por un magistral trabajo de sonido, los dos mástiles de este imponente buque.

Herce, en su periplo a bordo, mimetiza con un entorno ajeno con el apoyo de una cámara orgánica, adaptada a las cadencias marítimas, mecánicas y metálicas que se entremezclan en el día a día de la navegación del Fair Lady. Su director es capaz de adaptar su mirada a un hábitat extraño para sonsacar su poder hipnótico, su fascinación de raíz ignota, sus pulsiones fantásticas y terroríficas, con la indispensable ayuda del trabajo del sonido, donde cada efecto de sonido saliente de la maquinaria itinerante invisible del capitalismo suena como un monstruo de Pacific Rim. Aunque las coordenadas de Herce son más cercanas a Kubrick, en su intento por aislar el misterio del (micro)cosmos que lo obsesiona o incluso la saga Alien en su descripción del espacio, aunque por temática y situación la referencia más clara es el documental Leviathan, en el que Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel seguían a un barco de pesca bajo una óptica enrarecida, destacando esos ángulos, texturas y espacios de naturaleza inclasificable y desconcertantes, tan fascinante como fantasmagórica como el esfuerzo llevado a cabo por el catalán.

Dead Slow Ahead es una propuesta experimental encajada en la no ficción pero que asimila preceptos de la ficción, del fantástico y del terror, para edificar un trayecto sensorial alucinado y asombroso, y aún, en su tramo final, le queda tiempo para dejar impresa cierta mirada crítica sobre la relación del hombre absorbido por la máquina. Herce proyecta en su ópera prima uno de los trayectos cinematográficos más álgidos de la temporada.  

8,5

 


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