Crítica

Deadpool 2 – David Leitch

posted by Marc Muñoz 17 mayo, 2018 0 comments
Puntapiés menos ofensivos

Deadpool 2 poster

Hace dos años, un personaje Marvel marginal, destinado al cameo, infundió aire fresco al anquilosado universo cinematográfico del imperio de Stan Lee mediante dosis severas de incorrección, desenfreno salvaje y espíritu paródico y meta referencial. Tras su periplo arrollador por taquilla (más de 780 millones de recaudación mundial), era solo cuestión de tiempo que la factoría hollywoodiense se pusiera manos a la obra con la reválida.

Deadpool 2 aterriza este viernes en la cartelera con un cambio de capitán  – David Leitch sustituye a Tim Miller – sin perder su orientación estudiadamente gamberra, irreverente y cafre, aunque como la original, resulte más inofensiva de lo que sus responsables pretenden hacer creer.

La secuela de hecho se levanta de nuevo bajo un débil tapete argumental orientado al lucimiento de este antihéroe de métodos inapropiadas pero corazón noble. Un circuito narrativo vago, manido y previsible que sin embargo fluye gracias a ese humor canalla, desatado y explosivo que inunda cada uno de sus fotogramas, sacando, de nuevo, las mejores virutas cuando se sumerge en ese juego metacinematográfico y en la autoparodia más desenfrenada.

Sin embargo, y a diferencia de la predecesora, las risas aquí se desenvuelven en corto alcance, más que en risotadas, queda demasiado visible la anticipación de la salida cómica punzante y gamberra que quebrará la emocionalidad, la tensión o la acción programada. En ese sentido, la saga se ha vuelto más formularía, el espectador ya espera las distintivas notas de incorrección en determinados parajes, sus descacharrantes títulos de crédito (los iniciales quedan por debajo de los de la original), las salidas de tono de Wade Wilson, y el desmembramiento de enemigos y del propio Deadpool. En ese sentido, el factor sorpresa se ausenta, y ni el esfuerzo conjunto entre Leitch y  los guionistas se ve recompensado con nuevo riego creativo que tense y rompa los patrones y esquemas fijados en la primera. De nuevo falta valor para traspasar ese valentía y agudeza desacomplejada de la forma al núcleo del filme, en este caso, más desatendido que en la primera entrega, al repetir la fórmula ya patentada.

Pese a este encarrilamiento del fondo en los raíles explotadas y lucrativos del film de superhéroes, la carcasa sigue siendo disfrutable. Las desfasadas escenas de acción solo comparables a las de Kick-Ass siguen siendo uno de sus principales activos, así como la constante autorreferencialidad (hay gags brillantes) al propio universo Marvel, a la cultura pop (en especial a Hollywood) y al mundo X-Men y Deadpool. En definitiva, un divertido ejercicio de acción y humor desenfrenado que se opone a las propuestas más férreas de la gran fábrica de superhéroes.


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