Crítica

Diego Maradona – Asif Kapadia

posted by Cesc Guimerà 9 julio, 2019 0 comments
Levantamiento y destrucción del mito

“Diego fue de una humildad ejemplar en la isla del césped. Fuera de ella estalló como una dramática supernova. Ningún héroe deportivo ha jurado tantas cosas por sus hijas. Figura histriónica, encontró su teatro ideal en Nápoles. No jugó para la Italia de los diseñadores de boutique, sino para los fogoneros que encontraron una forma redonda y barata de combatir al hombre de las pizzas”, escribió Juan Villoro. En ese entorno tan exaltado, Maradona fue encumbrado como mito deportivo, elevado a los altares reservados a los dioses y desterrado a los infiernos, o en tal emplazamiento, lanzado a los magmas de Pompeya. Lujoso cementerio con vistas a un mar de leyenda, regresando a Villoro.

Asif Kapadia aborda la figura de Diego Armando Maradona en sus años en Nápoles, desde su huida de Barcelona en 1984 hasta la sanción por dopaje recibida en 1991. Los años que manifiestan la desmesura del personaje y su complejidad. Porque Diego Maradona no es ni Diego, ni Maradona, como fueron Senna (2010) o la oscarizada Amy (2015). Es Diego Maradona, la persona y el personaje. Su bipolaridad. “Diego está siendo devorado por Maradona”, reconoce su pareja Claudia. “Con Diego iría hasta el fin del mundo, pero con Maradona no daría ni un paso”, afirma su preparador físico, Fernando Signorini. Maradona también mostró esas dos caras en el césped, en aquella tarde ante el enemigo inglés como en ninguna otra. La del genio y el pícaro. Prodigioso en su recorrida memorable, vivo en aquel duelo aéreo que la deidad le ganó a Shilton.

Si Senna fue el relato del héroe con destino aciago y trágico y Amy el del artista torturada y frágil, Diego Maradona es el del mito melodramático. El del caos y el desconcierto. El de una locura muy argentina que encontró acomodo en Nápoles como en ningún sitio lo habría hecho. A través de imágenes inéditas – 500 horas que filmadas por dos cámaras contratados por sus representantes entre 1981 y 1987– y la voz del propio protagonista, que luego renegó de la película y al que todavía se le espera en el estreno de Cannes, narra sus días de gloria y caída en manos de la Camorra, muy presente en toda la historia, sus salidas nocturnas, su afición a los prostíbulos y la adicción a la cocaína. 

Pero también hay mucho fútbol en la película de Kapadia. “Cuando estoy en la cancha se va la vida, los problemas, se va todo”, afirma Diego. “El fútbol es el arte del engaño y en Italia tuve que cambiar mi forma de jugar, acelerar y pensar aún más rápido”. El balón es la esencia de Maradona. El chico que quería ser futbolista para comprarle una casa a sus viejos y no tener que volver a Villa Fiorito, que buscó la gloria eterna lejos de Boca y que se liberó de Barcelona, pero no de sus vicios. 

El pop le ha cantado a Maradona en cumbia y punk. El cine solo lo había hecho a través de aquel Maradona (2008) de Kusturica en la que el propio Diego se encaraba a sus contradicciones y se rebelaba como un gran contador de historias. Un mito indomable, incapaz de dejarse manipular por el sistema. Siempre dispuesto a levantar la voz. Un antisistema. “El Pelusa era un guevarista tribal. Colóquenlo en un chalet de lujo y parecerá que está ahí de campamento”. Tercera mención a Villoro.

Aunque para concluir, prefiero recurrir a Manu Chao: “Si yo fuera Maradona, viviría como él”.

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