Crítica

Drive – Nicolas Winding Refn

posted by Marc Muñoz 27 diciembre, 2011 3 Comments
Bólido rosado

Mañana se estrena por fin en nuestros cines una de las producciones que debían convertirse en película de culto pero que a estas alturas tiene vises de transformarse en una de las cintas del año. El premio para su director en el último festival de Cannes, su incursión en la mayoría de listas que recogen lo mejor del año, Walt Disney moviendo los hilos de su distribución mundial, y sobre todo, ese tremendo boca oreja de todos los que caen golpeado por su encanto son los principales factores que han convertido a Drive en uno de los hitos cinematográficos de este año.

Lo difícil resultaría no despeinarse ante el paso de este fornido bólido que Nicolas Winding Refn ha construido mediante piezas chapadas con persecuciones trepidantes, violencia visceral y un hermoso romanticismo inquebrantable. Todo bien conjuntado y pulido bajo los parámetros del noir más contemporáneo y bajo un estilo sinuoso e irresistible.

No es Drive el primer vehículo en el que se embarca este director danés, pero sí que es el que más lejos lo ha llevado y a mayor velocidad. Este bólido pilotado por Ryan Gosling  narra las pericias de un conductor especialista de cine por el día y que por la noche se gana dinero extra como conductor de fugas para ladrones y criminales. Esta doble vida queda alterada cuando conoce a Irene (Carey Mulligan), la joven vecina de la que se enamora y cuyo rastro lo llevará a reencontrarse con los peligrosos tentáculos de las organizaciones criminales que le rodean.

Golsing moldea con carisma y perfección a este (anti)héroe existencial del asfalto, parco en palabras, pero fiel a las emociones que guían sus acciones. No sabemos nada de su pasado, es un lobo solitario, sin familia ni lazos de unión, más allá de Shannon (Bryan Cranston), con su inseparable frialdad por bandera, y con sus brotes de violencia sádica. Su actitud, su silencio, su desvinculación, su existencialismo trágico, lo emparientan directamente cono otro icono del cine negro,  el Jeff Costello que Alain Delon dejó para la posteridad en El silencio de un hombre.

Con una puesta en escena fascinante, una banda sonora imborrable, unas actuaciones más que notables, un guión que sin deslumbrar, se mantiene sólido, y moldeada a partir de patrones estéticos que beben del cine de acción de finales de los 70’s y principios de los 80’s, Refn dibuja las potentes y sinuosas formas de esta historia que se instala en las capas profundas de la memoria.

Su superestilizado empaque formal es una seña constante en todo el trayecto, y dibuja con ello algunas de las secuencias más hermosas, impactantes y contundentes de la temporada. Refn no utiliza su obra como un mero ejercicio formal, sino como vehículo con el que transportar al espectador, con la suma de la trama, a unos placeres duraderos de cine de acción puro, que durante este año no se han visto con este atrevimiento, intensidad y desparpajo.

Drive debe entenderse como un thriller cargado de aroma noir y referencias retro que entronca a su manera con el cine de James Gray, pero también con el nervio visual y violento de un Tarantino. Refn construye con Drive un potente deportivo al que una vez te has subido no querrás que se baje nunca la bandera hasta haber disfrutado de unos cuantos viajes.

8


3 Comments

Cinecito 3 enero, 2012 at 14:34

Brutal película! y gracias a esto podremos conocer un poco más a su director http://numerocero.es/articulo/Manual-de-uso-Nicolas-Winding-Refn/413

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-U- 5 enero, 2012 at 13:50

Ayer encontré el tiempo para verla y cuando me metí en la cama por la noche todavía seguía aplaudiendo.

Brutal poema visual y musical. Me encantó lo fantasmagórico del personaje, la estética y el ritmo y actuaciones.

El misterio sobre la humanidad o no (la realidad o la fantasía) del personaje me recurda a los libros de Bret Easton Ellis.

¡Peliculón!

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Marc Muñoz 5 enero, 2012 at 15:52

Muy acertado lo de fantasmagórico para describir a Driver (el personaje que interpreta Ryan Golsing). Es un alma nocturna y del asfalto sin vínculos personales ni emocionales, y con un código de moralidad propio de los samuráis. Es fascinante, y perturbador, y eso se puede aplicar a toda la película.
Brutal la estética y el ritmo, y también la banda sonora, con la que me quedo aplaudiendo tres meses después. Y esto me lleva a pensar de que ya me tocaría volver a subirme a este trepidante viaje. Ganas me sobran

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