Crítica

Eden – Mia Hansen-Løve

posted by Marc Muñoz 6 noviembre, 2014 0 comments
Tempus fugit

Eden

La joven directora francesa Mia Hansen-Løve acomete con su cuarto largometraje el que hasta la fecha es sin duda su film más personal. A través de las memorias de su hermano mayor, el Dj Sven Hansen-Løve, quien interviene junto a su hermana en la escritura del guión, abarca el recorrido de altibajos de un Dj, Paul Valle (Felix de Givry), a lo largo de un período de 20 años.

Mientras dispone el recorrido vital de su protagonista y su cercano grupo de amigos, guiándose con las indicaciones expuestas por Sven, protagonista en primera persona, la directora gala traza un sendero paralelo a través de la música, elemento clave en la película, con la llegada del garage, la irrupción del french-house, así como su estallido mundial y la posterior resaca.

Porque en realidad la verdadera intención de la arista de Un amour de Jeunesse es la de elaborar un retrato generacional, y la mejor manera de abordarlo, pero especialmente de definirlo y distinguirlo de otros, es a través de la música. Encontrando un aliado valioso con alguien tan cercano como su hermano, y convirtiéndolo en un material que resultará altamente nostálgico para todos los que hemos sido partícipes, en mayor o menor medida, de esa escena y su radio de acción, que empezó en el underground parisino para expandirse por todo Occidente desde mediados y finales de los 90’s.

Por eso su principal preocupación no pasa por dramatizar el material que tiene entre manos. Es consciente de lo ligada que está personalmente a él, y prefiere abordarlo desde cierta distancia, sin subrayados dramáticos, sin posicionarse, sin marcar un favorito entre los personajes, sin desplegar un estilo pomposo y vistoso que afecte la atención del espectador. Es un acercamiento respetuoso y cauteloso, es un intento naturalista sin tener que pasar la trama por la depuradora del drama o el melodrama.

Pero curiosamente lo más valioso que trasluce del material es esa idea que prevalece en los planos finales, así como en varios momentos de una segunda parte que representa el descenso tras una subida repentina, esa idea de la resaca tras el éxtasis, el choque contra la realidad tras un largo período de levitación, de distanciamiento de la realidad, de vivir y saborear el ambiente del club, la falsa ilusión del hedonismo eterno, la máxima expresión del Carpe diem. Algo que Hansen-Løve enlaza con el paso del tiempo de forma muy hábil, con la agria sensación de hacerse mayor, de afrontar las responsabilidades, de encontrarse desplazado, pero aún peor, de no haber percibido la llegada de ese momento, de topárselo como una bofetada repentina.

Una sensación que logra transmitir con la conjunción de elementos a su alcance: desde la fotografía de tonos azules, que da pie a sensaciones de gran melancolía, hasta las propias situaciones dramáticas marcadas por guión pero especialmente por la selección musical. Una idea que prevalece entre los fotogramas, como algo indefinible y sin posibilidad de aislarlo, pero que acaba contagiando al espectador, y que se cristaliza en masa explícita con ese demoledor plano final con el poema de Robert Creely, con el que la cineasta gala decide poner punto y final a este hermoso, melancólico, triste y estimulante relato sobre las asperezas que traslucen cuando absorbemos el paso del tiempo con nuestro cuerpo, o aún peor, cuando somos conscientes de ello demasiado tarde.

marco 75

 


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.