Crítica

El consejero – Ridley Scott

posted by Marc Muñoz 29 noviembre, 2013 0 comments
Talento en el desguace

El consejero

Ridley Scott parece estar ofreciendo motivos de peso para quienes quieren sepultar su carrera, y entregarlo definitivamente a la lista a la que pertenecen otroras maestros del cine de Hollywood, ahora en plena decadencia artística. Léase, sin orden de caída: Francis Ford Coppola, Brian de Palma, Michael Cimino, Oliver Stone (aunque mantiene el pulso en el campo documental, no tan halagador resulta su trabajo en la parcela de la ficción), e incluso si me apuran, el venerado, Martin Scorsese, cuya reciente filmografía resulta sobredimensionada.

El señor Scott tenía una oportunidad de oro para desmarcarse de ese grupo, tras la respuesta tibia que generó su vuelta al universo Alien, con El consejero (The Conselour). Un proyecto, que solo con el talento implicado, había encendido todas nuestras alarmas, hasta el punto de colocar a su cinta como una de las más esperadas del 2013.

Más si la película suponía la primera aproximación cinematográfica de uno de los escritores en vida más laureados y prestigiosos, el norteamericano Cormac McCarthy. Un autor del que ya se había adaptado material para el séptimo arte, con resultados magníficos, tanto en La carretera como en No es país para viejos, aunque con él renegando de todo el proceso creativo que implicó el traslado hacía la disciplina cinematográfica. Por eso extraña todavía más verlo ahora engrescado en un guión desatinado, que pone de relieve que las dotes literarias no siempre casan con el arte que permite elaborar un buen guión.

Y esa es precisamente la primera losa, y puede que más importante, con la que se enfrenta la película. El universo McCarthiano no logra desenvolverse en el nuevo medio, y termina adquiriendo formas que no se adecuan, y que entorpecen el seguimiento de la historia.  Especialmente debido a unos diálogos solemnes, aparentemente profundos y reflexivos que chocan con el dibujo y el transcurso de la trama, llegando incluso a potenciar la sensación de ridiculez durante varios tramos del film.

Con un material tan volátil, Scott no es capaz de cazarlo y darle sentido, embarullando aún más una historia que pretende en lugar de proponer. Tampoco favorece su no inclusión dentro del thriller, o bien dentro del noir seco y fronterizo, o incluso, como trasgresión de esos propios códigos. Dejando el trabajo en un no man’s land, del que resulta tarea titánica agarrarse, ya sea por argumento (confuso y sin rumbo), personajes o incluso estilo.

Aún más inimaginable parecía presenciar el derroche del talento de un plantel actoral de lujo, con Michael Fassbender, Javier Bardem y Brad Pitt en cabeza. Es casi hiriente, ver al portentoso actor irlandés perdido en este mar de incerteza y desbarajustes, propio de unos personajes sin alma, disparatados, dibujados con brocha gruesa – en especial la pareja compuesta por Bardem y la femme fatale Cameron Diaz que parecen salidos de una noche de tripis alucinada con Danny Boyle-, cuya brújula moral y objetivos parecen reducirse a la codicia y a la tentación del dinero, pero con pocos matices más. Y que alcanza su cenit de despropósito en esa escena en la que el personaje de Fassbender estalla en lloros en la habitación de un mugriento hotel mejicano después de recibir la visita de un chaval que le da un mensaje con acento ¡español!

Escaso bagaje temático y narrativo para un dúo, que por separado han logrado crear algunas de las obras seminales del último medio siglo. Y que aquí no son capaces ni de formular un neonoir bizarro, divertido y alocado, porque cualquier atisbo se pierde en la indefinición, en la solemnidad mal resuelta, en el querer dotar de una complejidad aparente un material inerte, que apenas supura vida ni interés. Todo esto lleva irremediablemente a un sonado batacazo de su director, a una de las decepciones más mayúsculas de la temporada.  Así que si alguien quiere sepultar la carrera de Scott, no será éste quien se interponga.

 3,5

 


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