Crítica

El hijo de Saúl – László Nemes

posted by Marc Muñoz 14 enero, 2016 0 comments
Horror fuera de campo

El hijo de Saul

Mañana 15 de enero Avalon estrena en salas españolas una de las películas que conmocionaron y silenciaron a la platea en el pasado Festival de Cannes. El húngaro László Nemes quebrantó el sosiego general con este nueva incursión a la tragedia del Holocausto. Premio del jurado, flamante Globo de oro a la mejor película extranjera y una casi segura nominación al Oscar, apuntalan el sendero laureado de su ópera prima.

Las tierras del este de Europa, húngaras en este caso, siguen resultando fecundas a la hora de ofrecer nuevo talento con el que la cinefilia se regocije. Nemes se gana la atención inmediata a través de la historia de un prisionero húngaro en un campo de exterminio nazi obsesionado con dar un entierro “digno” y religioso al cuerpo de un muchacho que acoge como el de un hijo que nunca tuvo.

Entre líneas Nemes escarba en una historia de redención, una que pretende hallar un último resquicio de humanidad en un paisaje devastado por la maquinaria de terror nazi. Porque en realidad lo que mueve a este personaje, al que la cámara sigue enganchada a su cuerpo, es la búsqueda incesante de ese humanismo violado, pisado y enterrado por la bota nazi y sus tentáculos en el campo, esos Sonderkommandos, a los que pertenece el personaje.

Lo primero que salta a la vista en el debut de este director es la aproximación estética elegida. En una muestra de elocuencia, Nemes opta por una mirada esquiva del horror. Es capaz de trasladar al espectador a la pesadilla de la shoah sin necesidad de recrearse en el horror, más bien, su apuesta formal, se reivindica en las antípodas, dejando éste para el fuera de plano. Un off edificado a través de áreas de desenfoque, confusión y omisión.

Decisión estética sorprendente e inteligente, que apela al recorrido visual previo del espectador, emplazándolo al recuerdo sobre todas las atrocidades cometidas en los campos de exterminio recogidas en infinidad de películas, documentales y literatura. Y lo sorprendente es que el efecto es parecido, el impacto de la barbarie no mostrada, resulta agudo mientras transcurre la experiencia de su visionado.

Sin embargo, en ese arrebato de originalidad, al reservar la tragedia, el drama contextual, al fuera de campo, Nemes olvida por instantes el propio drama interno que captura su nerviosa e inquieta cámara. Porque pese a la verosimilitud de su puesta en escena, las motivaciones que empujan al protagonista a actuar de la manera que actúa resultan, si más no, cuestionables. Todo el poderoso y amplio background sobre el tema también nos ha ayudado a entender que la supervivencia en los campos de exterminio era la regla de oro para sus víctimas, de ahí que cueste sobre manera entender las acciones que comete el protagonista de esta cinta.

Además trasluce otro problema en la película y es que esa pretendida búsqueda del humanismo dentro del mayor contexto del horror se diluye por las propias reacciones antinaturales del protagonista (hay momentos de colapso empático) e incluso, por el planteamiento formal, tan forzado y atado sobre el relato que asfixia su desarrollo natural.

En ese sentido, el último destello de humanismo que arroja la película, a través de la mirada del protagonista recogida en uno de sus últimos planos, es mucho más valioso y revelador en significado que todo el recorrido fabricado bajo un pretexto estético “rompedor”.

6,5


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