Crítica

El hombre sin pasado – Lee Jeong-Beom

posted by Marc Muñoz 29 noviembre, 2012 0 comments
A la coreana

El hombre sin pasado

En la pujante corriente del thriller coreano se da con frecuencia un patrón argumental basado en el juego del gato y el ratón. Un esquema que suele presentar a un protagonista en una carrera contrarreloj para deshacerse de múltiples antagonistas que van a su asecho mientras intenta cumplir con su objetivo. Desde la cara criminal hasta los defensores de la ley se interponen en un camino donde no contará con aliados.

Las mejores muestras del cine oriental basados en este patrón narrativo han venido, en los últimos años, de la mente de Na Hong-jin. Tanto la notable y angustiosa The Chaser, como la cruda, salvaje, frenética y negra The Yellow Sea, presentan a un protagonista solitario, misterioso y poco sociable, inmerso en un tormentoso tour y asaltado por multitud de enemigos. Y como una variación de éstas se presenta El hombre sin pasado, la película más taquillera del cine coreano en 2010.

Lee Jeong-Beom equilibra la visceralidad y la violencia cruda de Na Hong-jin para adaptar su propuesta a un público más mayoritario mediante la historia de Tae-Shik (Won Bin), un prestamista atrapado en una maraña de violencia después de que unos mafiosos secuestren en su vecindario a una madre y a su hija. Momento en el que este protagonista saca a pasear su violento pasado con tal de recuperar a la chica, la única persona con la que mantiene algún tipo de vínculo afectivo.

El director coreano utiliza esta base argumental para contar el periplo catártico de un hombre con una mancha negra en su pasado, la cual ha arrastrado a lo largo de toda su vida, y que ha marcado su carácter antisocial, seco y carente de afección. Su lucha contra la organización criminal para salvar a la niña lo erige en un héroe redentor con un perfil que remite al personaje de Alain Delon en el polar El silencio de un hombre.

El hombre sin pasado aúna todos los ingredientes característicos de la última hornada de thriller coreanos: abundante violencia (aquí física más que cruda, y alejada del estilo coreografiado) ritmo vertiginoso, acción sin cuartel, y la notoria presencia de un héroe solitario enfrentado a varias capas de enemigos que progresa por la historia casi a modo de fases de un videojuego. Una película que desborda adrenalina y que se disfruta con facilidad y sin experimentar la percepción del tiempo durante su visionado…que no es poco.


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