Crítica

El impostor – Bart Layton

posted by Marc Muñoz 9 mayo, 2013 0 comments
Las fronteras difusas de la realidad

El Impostor cartel

De unos años atrás hacia nuestros días se ha podido asistir a un cierto estallido del falso documental,  o como mínimo, a la búsqueda de su apariencia. Promovidos por el empuje mediático de Exit Through the Gift Shop, varios cineastas y documentalistas, tanto nacionales como internacionales, han recuperado las particularidades de esta variante cinematográfica. Sin ir más lejos, en la última edición del d’A y del Atlántida Film fest de Filmin coincidieron Otelo y Mi loco Erasmus, dos películas, que desde distinto enfoque, tono y seriedad en su puesta en escena, navegan por estos cauces. Sin embargo, El impostor, es un artefacto que navega por un río paralelo sin perder de vista ese reflejo distorsionado por el que navegan los ejemplos citados.

Lo que este documental recoge, por muy inverosímil que parezca, está basado en unos hechos reales cuya llama se originó en1994, cuando Nicholas Barclay, un niño de 13 años de San Antonio, desapareció sin dejar rastro. El verdadero quid dramático de la historia arranca tres años después, cuando una llamada desde España alerta a la familia del hallazgo de su hijo a miles de kilómetros de distancia. Lo más sorprendente viene cuando descubren que en realidad se trata de una persona morena ( Barclay es rubio), que habla inglés con un marcado acento francés, y que para más inri, tiene 10 años más que el chico de Tejas.  Pese a todo, la familia decide aceptarlo como su hijo desaparecido.

La breve entradilla introductoria, y especialmente el notorio ejemplo de Exit Throught the Gift Shop, vienen a colación para hablar de esta obra, en el sentido, que tanto el documental de Banksy, como éste dirigido por el también inglés, Bart Layton, comparten una reflexión similar sobre el juegos de roles, las identidades (reales o impostadas) y su desenmascaramiento. Si la de Banksy, era la visión ingeniosa, divertida, desafiante con el intelecto del espectador, la de Layton es su reverso inquietante, perverso, y hasta cierto punto, terrorífico.

Y esa conexión entre las dos obras (la que parte de lo falso para establecerse como un ente creíble, y la que lo hace desde lo real para presentarse irreal) la obtiene el documentalista, precisamente, mediante el continente desplegado. Conocedor del enorme potencial dramático que posee, y sabedor del impacto que puede causar ante el publico, Layton decide doblar la apuesta, subrayando lo paradójico, lo inverosímil, lo increíble, lo inexplicable del asunto para poner al espectador, en repetidas ocasiones, en la tesitura de reconocer si lo que acontece en pantalla es real o no.

Y lo hace precisamente nutriéndose de los diferentes códigos, formatos y convicciones que adopta el  documental de investigación, pero sumándole un esquema y un discurrir de thriller cinematográfico (algo que también aplicó Malik Bendjelloul en la estupenda Searching for sugar man, otra historia en la que se cuestiona el qué, en medida por la forma adoptada)

Así, de entrada, para narrar los hechos acontecido en España, y el encuentro de la policía nacional con el chico, se opta por el docu drama. Una realidad ficcionada, de apariencia tosca, mal llevada, que recuerda a Tv shows norteamericanos de dudosa ética periodista. Algo que no resulta casual en su intención por ahondar en los límites difusos de la realidad, y que sirve para aportar más dudas al debate interno que agrieta al espectador. Más adelante, aplica con mayor perseverancia las entrevistas personales a los implicados, incluyendo el personaje central de este relato, cuya mirada produce más de un escalofrío, especialmente cuando se regocija en cómo volvió a la high school pese a tener edad para un doctorado. Cuando parece que la historia ha llegado al límite de su potencial para sorprender, Layton prepara un último cartucho, un último giro, que deja al espectador atónito, aterrorizado, a la vez que el peso del documental deja de recaer en “El impostor”, para centrarse en la familia de acogida disfuncional, y en el porqué decidieron acoger a ese intruso que pretendía suplantar a su pequeño. En entonces cuando el documental se entronca en ese imaginario ligado a la América profunda que retrataron, sin salir del documental, y con un impacto demoledor, la trilogía Paradise Lost y Capturing the Friedmans.

Sin duda, elementos y técnicas de distorsión, dispuestas en la posición exacta y en la medida requerida para sembrar de dudas la mente del espectador, sorprenderlo, agitarlo y llevarlo a una situación de angustia, incredulidad y terror.

Algunos podrán acusar su marcado acento sensacionalista, y tendrán razón, otros verán expuesta demasiada manipulación, y tendrán más razón. El esfuerzo de Layton puede ser cuestionado desde diferentes perspectivas. Sin embargo toda su intención queda avalada por la propia naturaleza del personaje que centra el relato, el propio director entra en el juego de confusión de identidades que practica ese niño / hombre, y  traspasa al espectador las mismas dudas que asechan a las víctimas de sus fechorías (entiéndase primero a la  familia,  luego FBI, periodistas e investigadores privados),  mediante un uso inteligente, y auto consciente, de los elementos a su disposición.

Con su película Layton viene a subrayar que los hechos acontecidos en esa familia, durante ese período, resultan perturbadores, de una naturaleza malsana e inquietante, pero a la vez es también lo que pretende reflejar en su discurso, el que subyace en la propia manipulación formal a la que somete la narración.

Más allá de todo su valor autorreflexivo y consciente, y de su mirada en torno a la identidad y el engaño, tan vigentes en el universo de Internet y de las redes sociales, que podrá ser apreciado y valorado en mayor o menor grado, El impostor petrifica al espectador con una historia y unos personajes que hielan la sangre, que te sacuden por dentro, mientras se asiste aturdido a un drama pintoresco que ni el mejor guionista de Hollywood hubiera imaginado. Una de esas piezas que te deja boquiabierto, te desafía, y permanece inseparable durante días. Uno de esos documentales que al terminar la proyección demanda recurrir de inmediato a recopilar información para comprobar que lo contado es real. Porque lo es.

8

 


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.