Crítica

El lado bueno de las cosas – David O. Russell

posted by Alberto Varet Pascual 24 enero, 2013 2 Comments
La perfecta comedia romántica para el hombre blandengue

El lado bueno de las cosas

David O. Russell, el director de The fighter, entrega una previsible comedia romántica que ha cosechado un gran éxito de público en Estados Unidos y que aspira, ni más ni menos, que a ocho Oscars, incluyendo los más importantes. Tales números parecen escaparse a la razón tras el visionado de esta simplona película pero si les decimos que los Weinstein están detrás del proyecto, las cuentas empiezan a cuadrar.

Así, es. Se comenta que los hermanos más poderosos de Hollywood compraron la cinta tras su paso por Toronto donde logró el Premio del Público. El resto, inflar el producto y vender la moto, y el resultado, una obra con cierto empaque, de final tan visto como efectivo, que juega a la mezcla entre la sonrisa y la lágrima y que es hábil a la hora de situarse cerca de la sensibilidad americana tan proclive a la gansada.

Porque El lado bueno de las cosas ostenta ahí su mejor baza, en la simplicidad de su trama, de sus subtramas y sus giros. Por ello no se entiende que, al comienzo, haya un leve eco de la crisis económica (si pretendes ser ligero, sé sin miedo), aunque pasada la superflua reflexión, la realización se adentra por los caminos más conocidos del género donde convive el drama, e incluso la tragedia, con la risa.

En esta fijación por rebajar la gravedad del tono de un trabajo que presenta a unos personajes tocados por la fatalidad, el cineasta recurre puntualmente a algunos gestos que, verdaderamente, se salen de madre. Hablamos de travellings extraordinariamente marcados o la utilización de angulares en secuencias emotivas que, más que disminuir el dramatismo de la escena, provocan la carcajada por la contradicción.

No obstante, esta incongruencia termina siendo lo más estimulante de la producción junto con la decisión de contar en el reparto con Chris Tucker en el papel del típico negro simpático pero con una particularidad aquí, y es que acaba de salir de un centro médico. El actual físico del actor, quien parece haber sido atiborrado a pastillas, ayuda para conseguir hacer veraz su actuación. Una conquista en el casting, sin duda.

Tampoco la única pues todos los demás integrantes del reparto (incluido Robert De Niro) están bien y Jennifer Lawrence presenta definitivamente su candidatura a gran actriz.

Sin embargo, no parece posible que este film haya logrado el beneplácito de la audiencia gracias tan solo a las interpretaciones pues si resulta que es previsible, que sigue paso por paso el catálogo de la perfecta comedia romántica, que está llena de giros en el guión cuyo truco salta a la vista imposibilitando la sorpresa en los siguientes minutos o que tiene un final obvio desde mucho antes de que salga la protagonista a la palestra, algunos triunfos más debe contener. Y así es.

Por ejemplo, y en primer lugar, el espectador medio recibe lo que quiere, o sea, más de lo mismo; en segundo, la película abarca varias de esas situaciones con las que el americano medio se siente identificado (cervezas con amigos, partido de fútbol, ridículas clases de baile…); tercero, el final es conmovedor: O. Russell ha sido capaz de captar un sentimiento veraz que hoy habita entre nosotros (el sufrimiento) y de encontrar en el amor la respuesta a este dilema sin trampas (aunque parezca mentira) y, por último, una decisión que entronca con la contemporaneidad y que está presente en otras muchas realizaciones actuales: trocar el rol de los personajes de modo que ahora sea ella la que esconde su dolor en la dureza del gesto mientras que él resulta ser un pusilánime que espera mimos.

Así es, la comedia romántica para chicos es uno de los géneros que más éxitos ha cosechado en la cartelera reciente (500 días juntos, Eternamente comprometidos), lo que revela que los hombres y las mujeres de hoy no son como los de ayer. En este sentido, El lado bueno de las cosas no es una excepción, pero si en otros títulos de similar naturaleza abundaba la risa y el descreimiento, aquí el texto se toma demasiado en serio los citados matices de la pareja protagonista, algo especialmente doloroso en el caso del él, reducido a un idiota que parece pedir a gritos que le aten una correa. ¡Y encima pretenden suavizarlo usando la locura como excusa!, algo tan inmoral como inútil pues Bradley Cooper aquí nada tiene de loco y sí mucho de tonto.

Película, pues, efectiva y eficiente con dos targets claros: por un lado, las señoras que quieren un medroso en su vida al que controlar y, por otro, esos tipos blandengues que se sienten identificados con el varón protagonista quien parece un perrillo dispuesto a decir: ‘Sí, ama’.

… Si el Fary levantara la cabeza…


2 Comments

Marc Muñoz 24 enero, 2013 at 21:33

Coincido con varios puntos de tu lectura, pero no comparto tu manera de ponderarlos, y aún menos su influencia negativa que se desprende de tu valoración final.
No creo que exista discusión para definir a El lado bueno de las cosas, tal y como indicas, como una comedia romántica al uso, por ende, previsible y masticada en innumerables ocasiones. Sin embargo, destacaría su habilidad, que no por falta de originalidad resulta fácil de abordar, para distinguir un producto de consumo y sonsacarle destellos emocionales sin tener que recorrer al camino de la vergüenza. Me refiero a que es una comedia que resulta simpática, agradable, toda muy mona sin caer en el despropósito cursilón, y lo es gracias en parte, a la química lograda por los actores, especialmente brillante Jennifer Lawrence, y recuperando a medias al otrora gran Bob de Niro. Es un filme efectivo, que toca fibra en algunas secuencias, en otras se le va, y con el que no salir sonrojado del cine con tu pareja…que para mí, y por el tipo de películas que es, ya es mucho. Otro asunto es que los Weinstein sean los reyes de la maquinaria promocional, y que la película esté cosechando una desmedida lluvia de premios y nominaciones (no entiendo muchas de sus nominaciones a los Oscar), pero nada de eso quita, que estemos ante una comedia decente, con la que puedas incluso sentirte identificado con aspectos concretos, y aislados, de sus personajes. Para mí suficientes atributos para darle un par de puntos, o tres incluso, a tu puntuación final

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Alberto Varet Pascual 24 enero, 2013 at 22:01

Hay mucha gente a la que le ha gustado mucho. Creo que es mejor que muchas comedias romáticas pero, en líneas generales, me parece, simplemente, pasable. Ahora, me molestó sobremanera cómo tratan al hombre. Me parece que el problema mayor de esta peli es haber hecho una comedia romántica de chicos para chicas. Y me resulta insultante la forma de presentar al protagonista y que se excuse en la enfermedad para justificar su actitud.
Evidentemente, va por gustos. Cuando yo reía porque me parecía incongruente, la mujer de mi vera estaba enjugándose las lágrimas. No ha hecho caja porque sí. Está claro que funciona, pero es tosca; que tiene empaque, pero está construida como a ráfagas muy visibles y ramplonas; que deja buen sabor de boca pero, a mi modo de ver, maltrata la figura del chico.
En la crítica he intentado hacer figurar sus puntos fuertes, porque creo que los tiene, pero me pesan demasiado los débiles. Cuestión de gustos.

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