Crítica

Els dies que vindran – Carlos Marques-Marcet

posted by Marc Muñoz 27 junio, 2019 0 comments
Intimidad traspasada

Con tres largometrajes a su espalda Carlos Marques-Marcet se ha posicionado como el más dotado cineasta/psicoanalista a la hora de desenmarañar los intríngulis sentimentales que afectan a las parejas hetereosexuales de su generación. Con Els dies que vindran termina, en cierto modo, esa trilogía que arrancó con 10.000 Km y que ha tenido al actor David Verdaguer como nexo de unión. Si en la primera trataba la inestabilidad de una pareja cuando la distancia (física) se imponía entre ellos, a la vez que reflexionaba agudamente sobre la forma de relacionarse en la era digital. La segunda, Tierra firme, ahondaba en las incertidumbres emocionales y vitales de un grupo de tres amigos que se rencuentran en Londres. Una segunda obra donde empezó a prefigurar las preocupaciones existenciales de young adults inconformes e inseguros con la madurez y la paternidad. Un tema que si en la segunda era periférico, en su última propuesta resulta capital.

La tercera incursión del catalán se salda así con el experimento más audaz de su cinematografía; ese que difumina la línea de la ficción con la de la realidad del dúo que protagoniza la cinta (el matrimonio formado por Maria Rodríguez Soto y David Verdaguer). La película aborda así el inesperado trance que sacude a una pareja, de apenas un año de relación, cuando deciden proseguir con un embarazo inesperado. Así, su argumento circunde esos 9 meses de embarazo con los que se ven sorprendidos estos treintañeros de Barcelona poco preparados ante la avalancha que se le avecina: miedos, ilusiones, expectativas y realidades, y cómo esa experiencia transformadora moldea la relación entre ambos.

Si Marques-Marcet ha imprimido en toda su filmografia un naturalismo aplastante con el que sonsacaba apuntes clarividentes y elocuentes de la experiencia de vivir en pareja (o sin esta), aquí no reduce su capacidad como espeleólogo para excavar en las relaciones humanas mediante una propuesta formal inédita en su cine pero lógica con su forma de entender este como un conducto hacia la verdad. Aprovechando el embarazo real de la pareja protagonista, Marcet se infiltra en su intimidad diaria con una agudeza tremenda para señalar y descubrir los vericuetos dramáticos que se esconden en la desazón previa al crucial momento. Y lo hace resiguiendo por una parte el progreso de ese crucial hecho vital, así como los conflictos prematuros que surgen entre una pareja poco conocedora el uno del otro, alternándolo con vídeos doméstico en Super 8 del los padres de ella afrontando su propio embarazo. Un adhesivo melancólico sobre las imágenes del presente que no solo refuerza el dispositivo emocional de la cinta, sino que sirve para dar entrada a uno de los principales conflictos que surgirán entre los futuros padres primerizos.

No es el único hallazgo formal, ni la emocionalidad de la cinta se reduce a este embalaje nostálgico que cobra presencia a través de una cinta de vídeo. De hecho, la capacidad del director catalán por hallar hermosura y sentimiento en todo el proceso es admirable, llegando a su apogeo en la intimidad reconfortante y cálida de ese plano final reforzado por el “Tú que vienes a rondarme“, el magistral tema de Maria Arnal y Marcel Bagés que eleva al infinito cualquier proposición.

Esa madurez que se planta sobre los dos personajes centrales de la película es compartida con un director que no ha perdido ni un ápice de perspicacia en su exploración de los drama íntimos de matiz romántico. Queda por ver si con este capítulo cierra la trilogía iniciada con 10.000 Km, o, si por el contrario, la paternidad confirmada centra su capacitada mirada como cineasta en nuevas expediciones.

7


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.