Crítica

En busca del Óscar – Octavio Guerra

posted by Sebastián Blanco Portals 27 febrero, 2019 0 comments
La grande brutezza de la crítica cinematográfica

En busca del Óscar

Óscar Peyrou es escritor, periodista, crítico de cine y presidente de la Asociación Española de la Prensa Cinematográfica. Y además, asegura que escribe sus críticas sin haber visto las películas. Según Peyrou, no solo se puede escribir una crítica basándose únicamente en el cartel, el título, los nombres de los actores y su sonoridad, sino que además es esta la única forma de emitir un juicio objetivo del film. Este es el –a priori– descabellado punto de partida de la obra que nos trae a finales de marzo el director canario Octavio Guerra.

Sin aclarar en ningún momento cuánto hay de documental y cuánto de ficción en los 75 minutos que dura la cinta, Guerra acompaña a Peyrou en su recorrido por distintos festivales internacionales de cine, en los cuales por supuesto el protagonista no asiste a ninguna proyección. En sus propias palabras: “para lo que hay que ver…”. El público no puede evitar reírse a carcajadas ante el derroche de honestidad y desvergüenza del protagonista. Resulta difícil determinar si sus comentarios están cargados de una ironía feroz o del más sincero hastío. Quizás tengan un poco de ambos. Lo que está claro es que la duda convierte a Peyrou en una personalidad muy atractiva para el espectador, que sigue con interés sus peripecias anti heroicas.

En busca del Óscar tiene mucho y al mismo tiempo muy poco de La Gran Belleza de Paolo Sorrentino. Su estrella nos recuerda al envejecido Jep Gambardella, que recorría hace más de 5 años las calles y fiestas de Roma con mirada desencantada, sin reparos ya en el culmen de su disgusto para poner en evidencia la frivolidad y el patetismo de las altas esferas de la vida artística de la capital italiana y, como consecuencia, también su propia frivolidad y su propio patetismo. Así es Óscar Peyrou, un espejo que Octavio Guerra ha destapado para colgar en una pared de 23 metros cuadrados frente a una sala llena de críticos de cine. Un interruptor que activa todos los mecanismos para poner sobre la mesa los clichés y las miserias del mundo de la prensa cinematográfica.

No obstante, sin bien el film de Sorrentino gozaba de un envoltorio exquisito que se derretía como un caramelo en las bocas de críticos y académicos alrededor de todo el mundo, muy apropiado para su discurso, este híbrido de documental opta por un estilo austero, casi tosco por momentos, que tira abajo la barrera entre el público y el protagonista. Mientras que a casi cualquier espectador le resultará difícil imaginarse con una americana amarilla paseando por los Museos Capitolinos de Roma a altas horas de la madrugada, no le costará tanto tumbarse en la cama de una habitación mediocre junto a Peyrou, con la pantalla del ordenador pegada a la cara. La gran belleza se convierte así en la gran fealdad. Ni mejor, ni peor. Cada una adecuada a su discurso.

En busca del Óscar es, en fin, una película extrañamente cercana. Su estilo directo y sin artificios abre una brecha, entre tanta ironía e irreverencia, por la que se cuela la ternura que despierta su protagonista: una persona solitaria, desilusionada, vulnerable; un escritor que se está quedando literalmente ciego. Su desfachatez y su ácido sentido del humor seguramente piquen mucho a quien ya venía rascándose desde casa, pero sin duda harán pasar un rato muy divertido a aquellos que disfruten riéndose de sí mismos.

marco 75

 


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